La Administración Biden y las Relaciones Cuba-Estadios Unidos

La política hacia Cuba, que es el bloqueo económico, se mantendrá puesto que una eliminación o modificación sustancial del abarcador sistema de sanciones económicas unilaterales tendría que contar con la aprobación por la rama ejecutiva, donde encontraría escollos prácticamente insalvables.


Siempre que hay un cambio de administración en Estados Unidos surgen numerosas interrogantes en cuanto a qué  significa esto  para la política exterior  de ese país durante al menos, los siguientes  4 años. La política de Estados Unidos hacia Cuba y la relación bilateral entre los dos países  ha evolucionado en  un estadio de conflicto durante más de 60 años. Adicionalmente, en el marco de esa relación conflictual, en época reciente, la  relación bilateral ha oscilado entre una notable mejoría en el periodo comprendido entre  2015- 2017,  final de la administración Obama, a un  profundo deterioro entre junio de 2017 y  enero de 2021, momento en que la administración Trump cesará en funciones.

El próximo Presidente, el demócrata Joseph Biden, anunció durante su campaña electoral  que una vez elegido retomaría el curso emprendido por la administración de Barrack Obama. Usualmente, lo que los candidatos presidenciales y vicepresidenciales dicen durante las campañas electorales no siempre debe tomarse al pie de la letra, pero tales anuncios  abren  una serie de expectativas e interrogantes sobre cuál  será el curso a seguir, provoca especulaciones  y hace relevante una mirada prospectiva de la política  hacia Cuba de la próxima administración, basada en antecedentes históricos que permitan describir posibles tendencias y trayectorias.      

Las Relaciones Cuba Estados Unidos en Contexto

El conflicto histórico que ha caracterizado las relaciones entre Estados Unidos y Cuba no comenzó en enero de 1959 con el triunfo de la revolución cubana, sino que abarca una historia de más de 200 años. La  esencia de este conflicto radica en la construcción imperial del país norteño enfrentada al proyecto de creación y protección de la soberanía nacional cubana. En enero de 1959, el nuevo gobierno cubano emprendió   una rápida  transformación estructural  que comenzó a incorporar nuevas relaciones de propiedad y de clase. Estas acciones también limitaron las posibilidades de acumulación de capital privado. Siendo  resultado de una genuina revolución social, el gobierno de Cuba  emprendió entonces un proceso de cambios como un medio para lograr la soberanía económica y política del pais y promover la  justicia social. Desde entonces  la intención  y el destino de la política estadounidense  ha sido derrocar al gobierno de Cuba mediante el uso de instrumentos económicos, político diplomáticos, militares y la subversión del orden político interno.

En consecuencia las  relaciones con Estados Unidos resultan un asunto de seguridad nacional para Cuba y sin dudas este la política de ese  país  continua siendo el mayor reto externo para la revolución cubana. No obstante, la construcción de la mejor relación posible con Estados Unidos, basada en la igualdad soberana, el respeto a la autodeterminación la cooperación   y el beneficio mutuo, está en concordancia con el interés nacional de Cuba.

El gobierno cubano ha reiterado su disposición a retomar el proceso de diálogo, Cuba cuenta con una nueva Constitución ratificada en consulta y referendo popular, el gobierno cuenta con el consenso y la cohesión interna necesaria para, a pesar de la enorme asimetría y  las diferencias fundamentales derivadas de los proyectos nacionales divergentes, volver a la mesa de negociaciones que Trump abandonó, sin justificación alguna, partir de 2017.

Existen antecedentes  recientes durante el breve periodo que fue los últimos dos años de la administración  Barrack Obama  que demuestran la voluntad política del gobierno de Cuba  para trabajar en función de lograr una relación bilateral mutuamente beneficiosa,  con sus respectivas contrapartes estadounidenses. Consecuentemente, no  se debe desconocer este camino andado y se debe aspira a reconstruir el proceso sobre las bases ya establecidas  basados en la voluntad política el  dialogo y  el reconocimiento mutuo.    

La administración Biden y su política hacia Cuba

La relación con  Cuba no va a estar entre las primeras prioridades de la administración Biden, dado los complejos problemas que heredará del actual gobierno de Trump tanto en el escenario interno, con una exacerbada polarización política, crisis económica, una pandemia que es más  que una gran emergencia sanitaria convertida  en fenómeno económico y social muy mal manejado por la administración Trump y  el aumento del racismo en una sociedad que experimenta cambios demográficos significativos. En el plano externo, Biden va a recoger la cosecha del resultado de cuatro años  de "America First", la nueva administración  tratará de reencaminar la disputa geopolítica por el liderazgo mundial según los objetivos hegemónicos de Estados Unidos, tendrá que enfrentar  la competencia económica de China, a la cabeza del mayor bloque económico mundial recién formado en Asia, el reto político y militar que representa Rusia, las  tensiones con los sus  principales aliados occidentales y definiciones en  temas como el cambio climático y la proliferación nuclear.

La futura administración Biden, a pesar de su intención declarada sobre de la relación bilateral con Cuba,   deberá lidiar además con un Senado con  previsible control del partido republicano y una cámara de representantes que, aunque  controlada por su partido demócrata, cuenta ahora con una bancada de la derecha cubano americana fortalecida que se opone a todo dialogo con el gobierno de Cuba. Entender esta composición  es crucial puesto que para lograr el levantamiento del bloqueo económico contra Cuba, es necesaria la aprobación en el poder legislativo estadounidense.

A pesar de todos estos obstáculos, el  triunfo del demócrata Joe Biden en las elecciones presidenciales de Estados Unidos abre las puertas a un  cambio en la relación bilateral con Cuba tomando  en cuenta que la  administración Trump ha llevado la guerra económica contra Cuba a una etapa cualitativamente superior, ha  reforzando la extraterritorialidad   y utilizando herramientas no convencionales, ha vuelto a tratar a Cuba como Estado  enemigo y como un  factor desestabilizador contraria a los intereses de EEUU en la región y ha reducido los canales diplomáticos al mínimo, sin llegar a la ruptura de relaciones diplomáticas.  

Se puede asumir, que la administración  reconocería al actual gobierno de Cuba como un interlocutor legítimo  e intentara retomar el diálogo sin condiciones y que se retomen en alguna medida los canales diplomáticos, lo que  sería un buen punto de partida para  mejorar el enrarecido clima bilateral y comenzar a revertir el  inmenso deterioro acumulado desde junio de 2017. Es también de esperar  que   disminuya  la retórica agresiva permanente y el llamado abierto a un “cambio de régimen” y la concepción de Cuba como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos y un factor de desestabilización en la región. Sin embargo,  el discurso de Biden, no  dejara de ser injerencista,  pues se mantendrán los cuestionamientos al sistema político y social cubano.

El Presidente Biden, a partir de 2021, tendrá que usar sus prerrogativas presidenciales para, a través de órdenes ejecutivas,  modificar la aplicación de algunos aspectos del bloqueo contra la isla. Es de esperar que se  retomen las negociaciones y se renueven acuerdos  en aéreas claves   como, la seguridad regional, manejo de desastres naturales y lucha contra el narcotráfico y que se  modifiquen sanciones  y se renueven licencias en  diversas áreas  de interés para los EE.UU. tales como, las telecomunicaciones, el tráfico aéreo y marítimo, los llamados contactos pueblo a pueblo, tanto de cubanos residentes en Estados Unidos como de ciudadanos estadounidenses, el envió de remesas a Cuba,  el comercio bilateral, especialmente el sector agrícola, las transacciones financieras directas. Sin embargo, el ritmo y el plazo de tiempo de estas acciones es imposible de predecir debido al contexto interno y externo en que Biden asumirá la presidencia.    

No obstante, el núcleo central de la política hacia Cuba que  es el bloqueo económico, se mantendrá puesto que una eliminación o modificación sustancial del abarcador sistema de sanciones económicas unilaterales este  tendría contar con la aprobación por la rama ejecutiva, donde encontraría escollos prácticamente insalvables. Estados Unidos previsiblemente mantendrá la ocupación del territorio que ocupa en Guantánamo contra la voluntad del pueblo y el gobierno de Cuba. Además, tal y como sucedió durante la administración Obama, a pasar del dialogo establecido   se mantendrá    el apoyo a la subversión interna y como objetivo estratégico  invariable  el cambio de régimen o al menos obstaculizar o intentar desviar  el curso  trazado por  proyecto económico, político y social  iniciado en Cuba hace mas de 60 años.


Sobre el autor: Raúl Rodríguez Rodríguez es Director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana. 


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