Julio López: De persona perdida a desaparición forzada

A 14 años de la segunda desaparición de Julio López, continúa la pregunta ¿Dónde está? ¿Por qué aún no se sabe nada de su paradero? En diálogo con Guadalupe Godoy, una de las abogadas de la querella por López.

Pasaron 14 años de la última vez que se vio a Jorge Julio López en su casa en el barrio platense de Los Hornos. Aquel 18 de septiembre de 2006, el testigo clave en el juicio que condenó al represor de la dictadura militar, Miguel Etchecolatz, a cadena perpetua, desapareció y nada más se supo de él. Esa mañana su destino pautado era la sede municipal platense, en donde se escucharían los alegatos en el juicio contra quien durante los años que permaneció secuestrado, fue su represor. 

Gracias a su testimonio se pudo identificar varios de los centros ilegales donde estuvo detenido, como la comisaría Quinta de La Plata y el Pozo de Arana, en donde su profesión le permitió describir sus lugares de cautiverio, aún cuando algunos de ellos habían sido remodelados. 

Julio López desapareció dos veces: En 1977 hasta mediados de 1979, y en el año 2006, hasta entonces se desconoce su paradero. 



En diálogo con Guadalupe Godoy, una de las abogadas de la querella de Julio López en el primer juicio y abogada de organismos de Derechos Humanos en la investigación por su segunda desaparición. 


EPD: A catorce años de la desaparición de Julio, ¿Por qué aún no se sabe de su paradero? ¿Qué factores influyeron para obstruir el conocimiento de la verdad? 

GG: Hay varios factores para analizar la desaparición de Jorge Julio López: Lo primero a analizar es el contexto en el que se dió, porque se hizo casi intolerable la idea de una desaparición ya que implicaba, creo, asumir realmente que había sectores que aún tenían la capacidad de intentar acciones para evitar la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad. 

No olvidemos que se da en ese contexto, en el de la sentencia de lo que fue el primer juicio, el juicio por delitos de lesa humanidad desde la reapertura de las causas, una vez que se había obtenido la nulidad de las leyes de impunidad. Por otro lado, sucede un momento donde la policía de la provincia de Buenos Aires estaba siendo sometida a un intento de democratización. Y después lo que tiene que ver con las incapacidades para investigar de todas las fuerzas. Y del Poder Judicial en la Argentina, que tiene dificultades enormes para afrontar cualquier investigación de delito complejo 


EPD: En la Argentina, que tiene una historia trazada por estos crímenes… 

GG: Hay que analizar también cómo influyen estos casos en un país como el nuestro, que sufrió un plan sistemático de exterminio, cuya metodología justamente fue la tortura y la desaparición forzada de personas. ¿Qué se activa en el imaginario social cuando sucede una desaparición? Porque pienso que en todos los casos resonantes, como el platense Miguel Bru, en Jorge Julio Lopez; en Santiago Maldonado o recientemente en Facundo Astudillo Castro. Otra cuestión que se cruza no es siempre la mecánica de las fuerzas de seguridad, que es la investigación sobre la víctima, el entorno, la familia, la puesta en sospecha, la puesta en duda, las ideas, las hipótesis más alocadas siempre. Y después, bueno, las grandes deficiencias investigativas de fuerzas de seguridad que no están preparadas para ello.


EPD: ¿En qué instancia está la causa? 

GG: En un primer momento, tuvimos enormes resistencias para aceptar que no estábamos frente a una persona perdida, sino que había que investigarlo en ese contexto de los juicios de lesa humanidad. Ahí se perdió mucho tiempo, los primeros tres meses. Después perdimos un año y medio más hasta que logramos que se apartara a la policía de la provincia de Buenos Aires, porque pensábamos que había sectores que tenían que ver o que por lo menos tenían interés en saber qué sucedía. Después nos enteramos que varios de los que estaban ahí eran parte de la dirección de inteligencia, por ejemplo, de la policía durante la dictadura. Esas dificultades tuvimos que afrontar, hasta que finalmente llegamos a esta situación: 14 años después hay pocos elementos para pensar que está cercana la imputación a algún responsable.


EPD: ¿Hubo algún cambio en la protección estatal de testigos en juicios de lesa humanidad a partir de la desaparición de Julio? ¿Cuál?

GG: A partir de la desaparición de López se abrieron otros mecanismos dentro de los juicios, no olvidemos que el juicio contra Etchecolatz fue el primero, y ahí no había dispositivos ni de acompañamiento de testigos ni protección. Bueno, tenía una lógica, era el primero. Y por otro lado, tampoco el movimiento de derechos humanos, los sobrevivientes y demás tenían mucha confianza en las construcciones estatales. A partir de la desaparición de López se gestaron programas. Yo rescato fundamentalmente a aquellos que tenían que ver con analizar factores de riesgo, que eran justamente qué sectores se querían oponer o podían impedir la continuidad de los juicios. En el caso de los organismos con los cuales conformábamos querellas en los juicios de lesa humanidad, la postura era no tanto la idea de las custodias o de los cuidados a las personas, porque justamente como se trató de un genocidio, la masividad de lo que sucedió impide pensar que haya un testigo clave o alguien a quien hay que atender especialmente, por el contrario, lo que le pedíamos al Poder Judicial era vigilen a aquellos que no quieren que el juicio sea.


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