Je, 20

Por: Sergio De Piero

Argentina ha vivido un acontecimiento sin dudas histórico: con motivo de la reunión del denominado G – 20, han estado durante al menos dos días en el país los líderes de las principales potencias del mundo. Un hecho inédito, que es posible a partir de la suerte de anarquía que vive el sistema internacional. Recordemos: la Guerra Fría se prolongó durante poco mas de 45 años; el nuevo orden unilateral que tenia a los EE.UU. como líder triunfador indiscutido, duró apenas 10 años, interrumpido por el atentado a las Torres Gemelas. De allí en más, lo analistas suelen hablar de un mundo “multipolar” o “multilateral” a sabiendas que se pueden identificar a los principales actores (EE.UU., Rusia, China, la Unión Europea) pero no queda claro aún el peso específico de cada uno de ellos, frente a los diversos conflictos internacionales. El mundo es hoy un lugar incierto. Lo es también al calor de la administración Trump, acerca del rol que pueden cumplir los organismos internacionales como el FMI, el BM o, en particular, la OMC, dado que el histriónico presidente norteamericano, parece preferir las relaciones bilaterales sin intervención de los organismos multilaterales, cuyo rol se había fortalecido de la mano de los procesos de globalización, con los que el líder norteamericano, parece no simpatizar.  Si los organismos internacionales están en una etapa de declive (cierto es que no acumulan demasiados trofeos en los últimos tiempos), tampoco es claro si un mecanismo de relaciones bilaterales, más propio del siglo XIX, puede funcionar en el mundo actual. Todo este conjunto de factores, hace posible que las reuniones de los principales líderes mundiales, se realicen en países cuyo peso en el orden internacional es de moderado hacia abajo, en este caso, la Argentina. (Nota al pie: desde el amanecer del siglo XX el Estado argentino no desdeñó intervenir en el orden mundial, por ejemplo con la doctrina Drago en 1902, o las propuestas de hace 4 años respecto a las reestructuraciones de deuda soberana y el rol de los fondos buitres)

Ahora bien, ¿Esta cumbre será para la Argentina un momento bisagra en su historia? ¿O solo cumplió un rol secundario de organizador, una suerte de international planner? Estas reuniones no deparan un producto específico e inmediato para sus concurrentes. Por ahora el dato más claro es la suerte de “pipa de la paz” que fumaron EE.UU. y China acerca del intercambio comercial. ¿Argentina obtiene algo?  Decía recién que no hay un producto tangible de estas reuniones, y en cualquier caso, no se trata de lo que las potencias decidan hacer con nosotros (un país periférico) sino que posición y políticas generamos nosotros como Estado de cara al contexto mundial, nuestros intereses y a las relaciones de poder dadas.  Por lo pronto Mauricio Macri no aceptó el convite que sugirió la asesora de Donald Trump respecto de “combatir la actitud económica depredadora que realiza China” y  se refirió a la importancia de las relaciones con el país de oriente, cuyo mandatorio además está de visita oficial en nuestro país. La realidad se impuso: China es un socio comercial estratégico para la argentina, comprador de nuestra soja, mientras EE.UU, se lleva algunas bolsas de limones, con suerte.  Pero no es solo eso: está en juego el desembarco chino en obra pública, ya negociado en el gobierno de Cristina Fernández y que EE.UU, claramente busca revertir. Luego de los recursos naturales el otro negocio que nuestros países tienen para ofrecer es la obra pública, a la que las empresas norteamericanas, no tienen un acceso fácil. Lo que sucedió estos días, las frases arrojadas y algunos gestos, ocupa solo una pequeña parte en las muchas páginas que se escriben sobre este asunto, nada más y nada menos que el control de EE.UU. de su patio trasero desafiado por el desembarco del gigante asiático.

Lo otro, las desprolijidades, los errores, el llanto de Macri en el Colón, alimentarán la imaginación y la creatividad en las redes, pero no mucho mas. El presidente puede mostrar el desarrollo de una cumbre prolija, pero con moderado impacto en la política local; que además estuvo pensado y desarrollado con una lógica intra muros, notable, con resabios del siglo XIX (se percibió también en imágenes de las comidas, el teatro), con nula participación de otros actores que no fuesen los líderes políticos, miembros formales del G-20. Fue también ese encierro que el G-7 exhibía años atrás lo que le valió el rechazo de números organizaciones y movimientos de la sociedad civil (y por las resoluciones que tomaba, desde luego); la agenda de estos (medio ambiente, pobreza, género), no pareció atravesar los trabajos de las cumbres, salvo presente en las declamaciones discursivas.

Así las cosas, Macri, intentará transmitir a la sociedad argentina que este fin de semana se convirtió en un líder mundial, y que se codea con los más importantes dirigentes del paneta. ¿La sociedad leerá eso como un signo de confianza en el povenir de nuestro país con una inflación que se devora buena parte de los sueldos y una actividad comercial e industrial en caída? Aunque la segunda parte de la pregunta alienta a pensar que eso parece imposible, no firmaría ninguna aseveración taxativa. Las últimas encuestas arrojan que la imagen del presidente ha dejado de caer, que se estabiliza, muy abajo, pero detuvo el tobogán que se inició ya hace meses; si el gobierno logra controlar el proceso inflacionario, tal vez le aguarden meses con relativa calma, pero deberá lidiar con el daño ya llevado adelante; con la gente que sigue sin trabajo, las empresas que cierran, los comercios que las imitan. El macrismo no cumple con sus promesas básicas (controlar la inflación, por caso) y sus dirigentes saben de esa deuda, que hará difícil encarar un proceso electoral sin presentar a la sociedad en su conjunto, un solo logro tangible, una política que haya impactado positivamente en la vida cotidiana.  El River – Boca y el G 20, no alcanzarán para borrar del espacio público, el reclamo de los familiares del ARA San Juan, por ejemplo. Despejadas las luces de la cumbre, todas las demandas, volverán a aparecer.

¿Fue lo único que ocurrió este fin de semana?, No. Hubo dos hechos políticos que merecen nuestra atención. El domingo, el partido Vox obtuvo sorpresivos 12 escaños en el parlamento de Andalucía, España, lo que lo convierte en una pieza clave para la formación del nuevo gobierno que presidirá el Partido Popular, también con el apoyo del partido Ciudadanos. (Ambos desprendimientos del PP). Es cierto, apenas ha alcanzado el 10%, pero en un escenario en donde tres partidos de la misma orientación suman 59 escaños sobre 109, lo que les permitirá gobernar. Dicho de otro modo tres ofertas de derecha se reparten esta nueva mayoría. Vox enarbola un discurso tradicional, xenófobo, pero también, a la luz de estas nuevas derechas extremistas, neoliberal. Todos los fascismo que conocimos en el siglo XX, afirmaban su fe estatalista, aunque dispuesto a convivir con el libre mercado. Vox, como Jair Bolsonaro en Brasil, ha expresado que quizás es posible  la convivencia con políticas neoliberales. Estamos ante respuestas nuevas a la crisis de la cuestión social. Parece necesario comprender estos fenómenos (en España hasta ahora el PP y Ciudadanos con sus políticas de derecha contenían la aparición de espacios mas extremistas) que forman parte también del mundo que la globalización excluyente está generando y que implica el descarte en buena medida de las opciones progresistas o nacional populares. O no. El otro dato fundamental de este fin de semana ha sido la asunción a la presidencia de México de Andrés Manuel López Obrador. La llegada de AMLO a la presidencia, implica de alguna manera el fin de la transición mexicana iniciada en los 90 cuando el PRI, luego de 70 años perdió las elecciones a manos de un partido de derecha como el PAN. Se abre en México una nueva etapa; es alta la expectativa de los sectores populares, pero diría de buena parte de la población, en que AMLO pueda controlar el avance del narcotráfico y la ola de muerte que enluta hoy a México. En su asunción estuvo presente un discurso de compromisos en obra pública, combate a la pobreza y pensar un país con menos violencia. Grupos indígenas formaron parte de diversos actos y les habló en particular a los estudiantes. Es decir, el nuevo presidente retomó el camino de las relaciones con los actores excluidos de la vida mexicana, que son los mismos marginados en buena parte de los países de América Latina. Y que el giro a la derecha de la región, parecía desterrar de las políticas públicas. Algo nuevo pasa en México.

Tres hechos políticos notables de distinta proyección en un solo fin de semana. ¿Cuál de ellos será más significativo en la vida política argentina?

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