Interstellar: cuando el tiempo corre distinto

OPINIÓN. En una Tierra casi inhabitable, un grupo de astronautas busca una nueva casa atravesando el espacio y el tiempo, algo que la ciencia contemporánea asegura compatible con las leyes de la física.

En una Tierra casi inhabitable, un grupo de astronautas busca una nueva casa atravesando el espacio y el tiempo, algo que la ciencia contemporánea asegura compatible con las leyes de la física.

Todo es relativo

A principios de septiembre el físico argentino Juan Maldacena, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, hizo una revelación espectacular: según una investigación llevada a cabo junto a su colega Alexey Milekhin, del departamento de Física de la misma casa de estudios, un ser humano podría transportarse al futuro. La publicación titulada “Agujeros de gusano atravesables por seres humanos” asegura que se podría viajar en menos de un segundo entre puntos distantes de nuestra galaxia al ingresar por una boca y salir por la otra de un agujero de gusano (dos agujeros negros conectados entre sí). La teoría suena descabellada, demasiado para nuestras mentes más ocupadas en cambiar de barbijo que en el curso de las estrellas, pero no es la primera vez que la ciencia cuestiona el tiempo.

Fue Albert Einstein quien revolucionó la ciencia para siempre. De manera resumida y llana diremos que el físico alemán (nacionalizado suizo, austríaco y estadounidense) cambió las reglas de juego tras la publicación de la teoría de la relatividad especial en 1905 y posteriormente la teoría de la relatividad general (1915), en donde explica las curvaturas del espacio y el tiempo en relación a la gravedad. Si partimos de esta base, si todos nuestros preceptos son cuestionables, ¿hasta dónde podríamos expandir nuestra mente? El propio Einstein teorizó sobre agujeros negros cuando ni siquiera creía en ellos. Insterstellar utilizó las teorías astrofísicas para narrar su historia y contó con asesoramiento especializado para ajustarse lo más posible a las investigaciones en curso.

Colapso terrestre

Aunque nunca se detalla el porqué, podemos suponer teniendo en cuenta las consecuencias climáticas del accionar humano en nuestros días que es por la indebida explotación de recursos que el planeta Tierra de la distopía presentada en la película se ha transformado en un  lugar hostil. Es probable que el director, Christopher Nolan (El origen, Memento, la  última trilogía de Batman, entre otras), se haya basado en la inmensa sequía que sufrió Norteamérica entre 1932 y 1939 para presentar este apocalipsis sutil, ya que al comenzar la narración sabemos que desde hace 10 años la Tierra viene siendo devorada por una tormenta de arena que está produciendo hambruna a nivel mundial.

Además del desastre climático ocurre una especie de tiranía de la ignorancia: los niveles educativos se centran sólo en formar a granjeros pensando en soluciones inmediatas (e ineficaces) y llegan hasta a deformar la historia de la ciencia para que no se cuestionen las directivas oficiales. El propio Joseph Cooper (magistral Matthew McConaughey), ex ingeniero y piloto de la NASA (la humanidad, según Hollywood, siempre será salvada por la NASA), se dedica a dirigir una granja junto a su suegro Donald (John Lithgow), su hijo adolescente Tom (Timothée Chalamet) y su hija de 10 años Murph (Mackenzei Foi), una niña superdotada que asegura que un fantasma le habla en su habitación. Es este poltergeist, de quien su padre descree, quien les dará las coordenadas de lo que quedó de la NASA, una base que funciona en secreto y que, una vez que la encuentren, le dará a Cooper la misión de su vida: encontrar un planeta habitable para los humanos.

En pos de salvar a la especie, Cooper acepta emprender el viaje aunque sabe desde el primer momento que es muy probable que no vuelva a ver a sus hijos; cree que volverá a la Tierra pero es perfectamente consciente de que el tiempo, en las lejanías que está dispuesto a explorar, corre distinto.

Road trip espacial

Fue el físico teórico estadounidense Kip Thorne (ganador del Nobel de Física en 2017, tres años después del estreno de la película) quien asesoró y además ofició de productor ejecutivo de Interstellar. La idea del director era que los agujeros de gusano y la teoría de la relatividad tuvieran las representaciones más acertadas posibles. Por supuesto que, más allá de las teorías, ningún ser humano ha atravesado, y mucho menos regresado, un agujero negro, por lo cual es imposible aseverar que lo que ocurre en la historia es efectivamente lo que ocurriría en la realidad. De todos modos, diversos investigadores del campo han aprobado la fidelidad de la película para con las teorías asegurando que Interstellar ha elevado los estándares de la cinematografía de ciencia ficción.

Lo que nos cuenta Interstellar es el viaje de un grupo de astronautas comandados por Cooper y Amelia Brand (Anne Hathaway) hacia otra galaxia. No son los primeros en explorar las posibilidades de supervivencia; por el contrario, deben encontrar a quienes encabezaron misiones anteriormente para saber si han encontrada la tierra prometida.

El film cuenta con efectos visuales espectaculares y personajes a los que les cuesta controlar sus intereses personales a pesar de estar dedicando sus vidas a un interés superior pero sobre todo, si hay algo que deslumbra en las más de dos horas de trayecto espacial es la relatividad del tiempo. Los tripulantes de la nave debaten si vale la pena o no bajar en el planeta al que fue enviado anteriormente el científico Miller porque una hora en dicha superficie equivale a siete años en la Tierra. Como si todo fuera poco (alerta spoiler) encuentran pedazos de la nave de Miller y Cooper pregunta cómo puede ser que las partes no se hayan perdido en el océano: “es que se estrelló hace minutos”, contesta la doctora Brand, pero del planeta Tierra se fue hace años.

De amor y supervivencia

La escena estrella de la película (spoiler) es cuando vemos a Cooper recibir mensajes de sus hijos. Para él ha pasado poco tiempo, pero en la Tierra han pasado 23 años. Por medio de videos Tom (ahora encarnado por Casey Affleck) le cuenta que terminó el colegio, que se casó, que tuvo un hijo y luego que ese hijo murió. McConaughey nos demuestra una vez más  que forma parte de la camada de actores que, además de ser reconocidos por su belleza, pueden conmover a millones de espectadores.

Cooper ve que sus hijos crecen y él no completa la misión. No sólo desea regresar para verlos sino que sabe que tiene poco tiempo, que la humanidad toda se extinguirá si no encuentran otra casa. Claro que también está el plan B que es poblar un nuevo planeta con una colonia de embriones humanos, pero el amor por sus hijos prevalece. Además, le prometió a Murph, quien ahora trabaja en lo que queda de la NASA, que se volverían a ver.

El amor es el otro gran tópico de esta historia, a la altura de todas las teorías científicas porque, en definitiva, intentamos entender aquello que no podemos ni siquiera tocar ni experimentar; repito, nadie atravesó un agujero negro. Los sentimientos, entonces, resultan tan poderosos como las leyes de gravedad. Es la doctora Brand quien justifica una decisión respecto a la misión en base al amor y a la intuición porque, explica, se trata de fuerzas superiores que aún no comprendemos, funcionamientos a otro nivel de la conciencia. Es el amor, también, lo que conecta a Cooper con su hija al ingresar en una dimensión que excede totalmente nuestras nociones del aquí y ahora y es la fe de Murph en su padre lo que traerá el desenlace final.

La ficción como disparador

Interstellar causó furor tras su estreno en 2014 al popularizar interrogantes que la astrofísica venía trabajando hacía décadas. Más allá de si se logra o no comprender el rigor científico, el hecho de que la narración dispare cuestionamientos sobre la noción del tiempo es un valor en sí mismo. En la actualidad, con el creciente interés en el cuidado del planeta como respuesta a su imparable destrucción, podemos preguntarnos, además, si la especie humana merece ser “salvada”, si seríamos eventualmente dignos de habitar otra casa o si, en tal caso, también la destruiríamos. Dicen que el buen arte provoca preguntas; Interstellar nos deja con muchas.

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