Industria, tecnología e innovación para la defensa

La Agrupación Rolando García entrevistó a la Secretaria de investigación, política industrial y producción para la defensa, Daniela Castro, y a la presidenta de la Fábrica Argentina de Aviones “Brigadier San Martín” Mirta Iriondo, sobre las perspectivas y posibilidades que tienen los distintos proyectos y desarrollos de la industria militar.


Al principio de la década del 70, un grupo de científicos empecinados en torcer el brazo de la concepción reinante de la lo que hacer ciencia significa, participaron del debate impulsado por la revista Ciencia Nueva que proponía pensar: “¿Qué posibilidades tiene el desarrollo científico tecnológico en la Argentina de hoy?”. Mucho tiempo y muchas cosas pasaron desde aquel entonces, pero la pregunta conserva hoy en día una enorme vigencia. Es por ello que, desde la Agrupación Rolando García, agrupación que rinde homenaje a uno de esos pensadores, proponemos un ciclo de charlas que retome ese debate. Intentamos generar un espacio en donde reflexionar sobre el impacto que las políticas de ciencia y tecnología puedan tener en nuestro futuro, pensando en un desarrollo inclusivo, sostenible y soberano.

El lunes pasado tuvimos nuestro ya séptimo encuentro, que titulamos: “Industria, tecnología e innovación para la defensa”.  Como en cada encuentro, convocamos a las y los protagonistas de los cambios y transformaciones posibles en el sector. En este caso, nos acompañaron dos mujeres de ciencia tomar. Por un lado, tuvimos a la Secretaria de investigación, política industrial y producción para la defensa, licenciada Daniela Castro, y por el otro, a la presidenta de la Fábrica Argentina de Aviones “Brigadier San Martín”, doctora Mirta Iriondo. Ambas oradoras expusieron sobre las perspectivas y posibilidades que tienen los distintos proyectos y desarrollos que la industria militar promueve. El video  completo lo pueden ver acá.


La necesidad de instrumentos para políticas a largo plazo

Pensar en políticas e industria para la defensa es pensar en grandes personajes del siglo XX, como el General Enrique Mosconi, General Manuel Savio o el mismísimo Brigadier Juan Ignacio San Martín, quienes fueron responsables de impulsar el desarrollo de grandes sectores estratégicos, hasta el momento de vacancia o con poca influencia del estado, como el de los hidrocarburos, la química pesada y el aeroespacial. Estos industrialistas no dejaron simplemente una marca de gestión, sino que promovieron una visión soberana sobre los recursos naturales y una fuerte territorialidad y federalización de sus actividades, creando polos industriales en distintos lugares del país que promovieron la generación de mano de obra calificada tanto en el ámbito militar como el civil. Quienes piensen en una industria para la defensa escindida de la actividad civil estarán ciertamente cometiendo un error histórico.

Como un camino para establecer la recuperación en las actividades científico-tecnológicas e industriales en defensa, el recientemente promulgado fondo nacional de la defensa o FONDEF, que establece la asignación de recursos económicos específicamente para financiar el reequipamiento de las fuerzas armadas, también establece que debe favorecerse la sustitución de importaciones, desarrollo de proveedores, innovación productiva, e incrementar acciones de investigación y desarrollo. Frente a esto, la secretaria Castro aclara que otros instrumentos son igualmente necesarios para fortalecer estas políticas, y menciona que se está trabajando también en la elaboración de la nueva directiva de política para la defensa nacional (DPDN). En ella se pretende establecer explícitamente la integración del sistema científico tecnológico para la defensa al sector productivo del país a partir de una serie de proyectos concretos de la órbita de la secretaría, mencionando los de FAdeA. 

A su vez, y en un reconocimiento al enorme valor agregado que tiene el personal científico técnico del sector, propone fortalecer el régimen para el personal de investigación y desarrollo de las fuerzas armadas también dentro de la misma directiva. Otro instrumento igualmente importante de integración con el sistema científico tecnológico nacional es el Programa de investigación y desarrollo para la defensa. Esta propuesta que extiende la participación en proyectos orientados a soluciones para la defensa por parte de todo el sector científico nacional de una manera dual, integrando laboratorios y formando recursos humanos que serán especialistas en las áreas.

La doctora Iriondo retoma la propuesta de sustitución de importaciones que el FONDEF promueve, mencionando que una simple restricción arancelaria no es suficiente, y recuperando la crítica que Aldo Ferrer también hiciera en su momento. Propone al capital humano y a las empresas como elementos clave sobre el cual trabajar políticas desde la defensa, para “confrontar al empresariado argentino con el desafío de desarrollar actividades en la frontera del conocimiento”. La propuesta es tener hojas de ruta tecnológicas. Es decir, si desde lo general pensamos en distintos instrumentos para establecer un proceso de industrialización perdurable en el tiempo, que relacione la política nacional con las distintos servicios e industrias de la defensa, la hoja de ruta tecnológica entonces es el instrumento que relaciona a la empresa “núcleo” (en este caso a FAdeA) con el entramado de proveedores, garantizándoles previsión para que puedan invertir y desarrollar innovaciones en plazos plurianuales. Destaca que la hoja de ruta debe ir de la mano de la conducción política del estado nacional, como el plan de radarización o el plan satelital. La política de sustitución de importaciones en el IA-63 “Pampa”, es un ejemplo concreto de esta propuesta de consolidación de proveedores nacionales con previsibilidad en un régimen de sustitución de importaciones.  


Políticas territoriales de ciencia y tecnología para la defensa

Las fuerzas armadas continúan teniendo un rol significativo en democracia y en períodos de paz. Actualmente, y por mencionar un caso concreto, se encuentran ejecutando el operativo “General Manuel Belgrano”, el más grande desde la recuperación de nuestras islas para prestar asistencia a la población en el marco de la pandemia ocasionada por el coronavirus SARS-CoV-2. Nos preguntamos entonces cuál es el aporte que puede hacerse desde la ciencia y la tecnología a las distintas actividades de las fuerzas. La licenciada Castro explica que el trabajo en su secretaría está organizado, por un lado, bajo el eje de la planificación como área, necesario orientar los organismos descentralizados en su cartera, y por el otro lado, bajo distintos ejes temáticos. Uno es el Atlántico Sur y la Antártida, en donde se brinda un soporte fundamental de logística y apoyo a las actividades científicas en nuestro territorio más austral y donde además se participa de la iniciativa con fuerte impronta científica y social, Pampa Azul. El espacio es también otro eje temático, donde destaca la política satelital, que implica la generación de información y establecimiento de comunicaciones. El fortalecimiento del sistema de radarización también es prioridad en la gestión, donde se avanza con alianzas estratégicas con empresas como INVAP y las distintas direcciones de investigación de las fuerzas. Estos ejes no son los únicos, menciona, pero se destacan por el uso dual que tienen en tanto generan impacto en la población civil también. Respecto a los organismos que prestan servicios (SMN, IGN, SHN), se pretenden fortalecer las redes territoriales para incrementar la capacidad de generación de datos y donde el SMN en asociación con el CITEDEF participa a su vez en el gabinete de cambio climático.


El otro Sábato

Otro gran pensador que participó de las discusiones que formaron parte de la revista Ciencia Nueva fue Jorge Sábato, que junto a Natalio Botana propusieron un modo sistemático de analizar procesos de innovación bajo la forma de un triángulo. De manera muy abreviada, podemos pensar que si consideramos a FAdeA como el pilar de un área estratégica en el país como es la aeronáutica, cada vértice de ese triángulo estará conformado por al gobierno (con sus políticas específicas), la estructura productiva (FAdeA y conglomerado de pymes, y otras empresas fabricantes y prestadoras de servicios) y la Infraestructura científico-tecnológica (institutos, universidades, laboratorios). Cada vértice entonces, se interrelaciona con los otros dos. La doctora Iriondo cuenta que la Fábrica tiene especialistas en ingeniería en estructuras y en procesos, pero carece de especialistas en ingeniería del vuelo, por ser el diseño de aeronaves muy espaciado en el tiempo y, por lo tanto, un área que no tiene mucho sentido mantener. Sin embargo, indica que es fundamental y necesario contar con ingenieros que se formen en diseños de aeronaves en nuestras universidades e institutos. En ese sentido, el Instituto Universitario Aeronáutico colabora con la Fábrica en procesos de simulación para el IA-100 “Malvina” en conjunto con la Universidad de Córdoba, aprovechando, por un lado, el conocimiento de los académicos y por el otro, la capacidad de procesamiento informático que posee la Universidad. La experiencia del IA-100 también generó conocimiento en el manejo de materiales compuestos durante la producción del evaluador tecnológico, conocimiento que luego (y otra vez a partir de la formación de recursos humanos), se trasladó a la industria aeronáutica privada, en donde es utilizado en el diseño de un avión comercial biplaza. En un intento de fortalecer las intra-relaciones dentro de la estructura productiva, es la propia Fábrica la que está pensando en que esa empresa sea la proveedora de materiales para la producción futura del Malvina.  


Desde la Agrupación creemos que la ciencia, tecnología e innovación para la defensa tiene mucho que aportar al desarrollo del país. Estos aportes, que nacen desde la necesidad de proveer soluciones a las fuerzas armadas, pueden tener un fuerte impacto en el territorio y la sociedad. La extensión de nuestros mares, nuestra bicontinentalidad, pero también el espíritu industrialista arraigado en nuestra historia, así lo demuestran. Es necesario pensar políticas que dejen en claro que nuestra ciencia y nuestros desarrollos tecnológicos son también, enormes gestos de soberanía.

El próximo lunes 2 de noviembre a las 18hs está programado el próximo encuentro del ciclo: Enrique Martínez, coordinador del Instituto para la Producción Popular, y Florencia Tiseyra, Directora Técnica de Farmacoop, reflexionaran sobre la vinculación de la economía popular con el sector científico-tecnológico. Les esperamos en  nuestro canal de YouTube.


Sobre el autor

Francisco Massot es Doctor en bioquímica (UBA) y biología (UHASSELT). Posdoc Instituto Antártico Argentino-CONICET. Docente de la Universidad de Buenos Aires y militante de la Agrupación Rolando García.

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