Imposible no despeinarse

Por: Carolina Atencio


Vientos de cambio. Imposible no despeinarse. Se siente en las calles, en las redes sociales y también en el Boletín Oficial, porque desde que asumió la actual administración encabezada por el presidente Alberto Fernández asistimos, entre otras cosas, a la creación de un Ministerio de las Mujeres, a la recategorización de los Ministerios de Salud y Trabajo y a la aprobación de la Resolución que pone en vigencia el Protocolo para la Atención Integral de las Personas con Derecho a la Interrupción Legal del Embarazo, habiendo sido su derogación una de las últimas “desprolijidades” de la administración saliente.

Tenemos un Ministerio de las Mujeres, de los Géneros y de la Diversidad. Y lo tenemos porque hay –al fin– un reconocimiento por parte del Estado de las desigualdades estructurales que enfrentan mujeres, personas trans e identidades no binarias que necesitan respuestas concretas y urgentes, en una estructura lo suficientemente robusta para hacerlo. 

La posibilidad de pensar en una profunda transformación cultural cobra nuevamente vigencia. El discurso del presidente en su acto de toma de mando, con la promesa de trabajar en la reducción de las desigualdades, por una redistribución más igualitaria de las tareas de cuidado y en favor de levantar la bandera del “Ni Una Menos” materializa la esperanza de ser mejores y más iguales.

Tres días de gestión. Recuperamos el Ministerio de Salud y el de Trabajo y finalmente, en un acto de inmenso simbolismo político el ministro de Salud puso en vigencia el Protocolo ILE, que Macri dejara sin vigencia en uno de sus últimos actos de gobierno, en medio de vergonzantes idas y venidas, dimes y diretes.

Imposible no despeinarse. Son vientos fuertes que se llevan años difíciles de los que cuesta –y va a costar– reponerse. Las desigualdades, que son números pero también son cotidianidad y dolor, golpearon fuerte. La emoción en las calles, la alegría en las redes sociales y los abrazos de fin de ciclo e inicio de una nueva etapa presagian lo que se viene y permiten soñar.

Queremos una sociedad más justa. No más que eso. Queremos cobrar lo mismo por análogo trabajo, acceder a educación de calidad y a servicios de salud. Queremos tomar decisiones sobre nuestros cuerpos sin poner en riesgo nuestras vidas y planificar nuestros proyectos de vida en libertad, con oportunidades y posibilidad de elegir. Queremos vivir y no morir.

Tenemos la oportunidad histórica de avanzar en la conquista de los derechos que nos faltan. No hay lugar para el pesimismo. Pero estaremos atentas. El mismo presidente así lo pidió: “Si me equivoco, salgan a las calles”. Las mujeres sabemos de esto; estamos hermanadas en la lucha y esa lucha nos trajo hasta acá. Son esas las banderas que conquistaron los derechos que hoy celebramos y que seguiremos reclamando.

Estamos dando pasos firmes hacia una Argentina más justa en la que el esfuerzo merezca la alegría y no tanto la pena. Son tiempos de darnos nuevamente una oportunidad de volver. 

Volver y ser mujeres.

Rouvier