Historias en pandemia: la vida en los vacunatorios

Pamela Olarte y Giselle Pérez no se conocen entre sí, pero comparten un rol indispensable en estos tiempos de emergencia: son parte de la campaña de inmunización más grande de la historia.

La semana pasada, Argentina traspasó la barrera de los 100 mil muertos por Covid, un número que impacta de lleno en nuestro universo simbólico y nos sumerge, por un momento, en una tragedia sanitaria sin precedentes que sigue sacudiendo al mundo entero. Pamela Olarte y Giselle Pérez no se conocen entre sí, pero comparten un rol protagónico e indispensable en estos tiempos de emergencia: son dos de las tantas personas que día a día trabajan en los centros de vacunación inmunizando a la población y siendo parte del único horizonte de esperanza para hacerle frente el virus.

“Cuando me llamaron para formar parte de esto sentí mucha emoción. Estaba muy contenta por hacer lo que me gustaba. Tenía mucha incertidumbre. Tenía muchas preguntas, muchas dudas, pero fue muy emocionante”, relató Pamela, enfermera del vacunatorio de Abasto, quien no dudó un segundo en sumarse al plan de vacunación cuando tuvo la posibilidad.

 

“Ese llamado lo estuve esperando tres días  ya que a varios de mis compañeros le habían avisado y  estaba emocionada porque  era mi primer trabajo  en sistema de salud”, expresó Giselle Pérez quien forma parte del vacunatorio del comedor universitario de La Plata. 

“Nunca pensé que íbamos a vivir esto. Yo empecé el año pasado participando del voluntariado", agregó Pamela, aún sorprendida con la magnitud de lo que ha implicado la pandemia y el trabajo que ellos hacen. 

Ambas trabajadoras son parte de la solución que el mundo entero espera desde hace más de un año, cuando en marzo del 2020, mientras el verano estaba finalizando y la mayoría se encontraba arrancando el año, poniendo las expectativas en este número que visualmente era armonioso, y llamativo, mientras tantos otros se encontraban expectantes por un cambio de Gobierno que generaba nuevas ilusiones y esperanzas. Sin embargo, nadie lo esperó ni lo sospechó, se escuchaban las noticias desde China, desde Europa, y aún parecía lejano. Pero llegó el primer caso, el segundo, el tercero y la preocupación creció. 

Comenzó el primer aislamiento, nadie entendía mucho de qué se trataba esto, pero en primera instancia todos lo aceptaron  y hasta parecía simpático para algunos la idea de trabajar desde casa. Las tapas de los diarios por primera vez en el país titulaban de la misma manera: “Al virus lo frenamos entre todos”. 

Los meses transcurrían y el panorama lejos estaba de mejorar, la única cura era el aislamiento, no había medicamento, no había vacuna. Mientras tanto, la ciencia del mundo entero corría para traer a la humanidad de nuevo la esperanza de una vida “normal”, de un horizonte claro. El mundo estaba en pausa ante un peligro aún desconocido.

Dieron comienzo a las primeras marchas anticuarentena y antivacunas, personas transmitiendo mensajes pocos claros, aludiendo a que el virus era un invento, a que había un plan para encerrar a las personas, que la vacuna envenenaría a la población y a que era más confiable tomar cloro porque alguien lo dijo en la televisión que seguir las recomendaciones de personas que dedicaron su vida a la ciencia. 

Los laboratorios pusieron en marcha las primeras inmunizaciones y arrancaron las primeras negociaciones del Gobierno Nacional para obtener las vacunas. El nombre Sputnik V resonaba cada vez más y junto con esto las críticas de la oposición. ¿Por qué la vacuna rusa y no otra? 

Comunicado del sábado 12 de diciembre del 2020: “En el día de ayer hemos suscripto el contrato con el Fondo Soberano de la Federación Rusa, que nos garantiza la provisión de vacunas rusas para la Argentina”, expresó el presidente Alberto Fernández y agregó: “Este es el tercer contrato que la Argentina firma. El primero fue con AstraZeneca de la Universidad de Oxford, el segundo con Covax, que es una dependencia creada por las Naciones Unidas, y el tercero es precisamente el que hemos firmado con el Fondo Soberano”.

Comunicado del 29 de diciembre de 2020: arranca el tan anhelado plan de vacunación “Un camino de esperanza”, así definió el primer mandatario el comienzo de la nueva etapa. 

Como en el resto del mundo, la urgencia era proteger a los más vulnerables ante este virus, y ellos eran los adultos mayores, el 2020 se había llevado los abrazos y besos con sus hijos, nietos, sobrinos y seres queridos. Se había llevado la esperanza de vivir plenamente la última etapa de sus vidas. 

“El primer día en el vacunatorio fue emocionante ver a toda la gente entrar. Eran la mayoría adultos mayores. Estaban muy alegres y transmitían mucha alegría. Había uno más que otro que tenían algunas dudas, tenían miedos por el después. Pero estuvo muy lindo. Fue una linda experiencia el primer día”, contó Pamela y agregó: “Nos agradecían, nos contaban que no querían perder familiares, que se estaban cuidando del todo, que no salían para nada y que los cuidaban mucho su familia”.

La campaña avanzaba y junto con la misma las críticas, los laboratorios tuvieron atrasos con algunas entregas, los tiempos de producción en algunos casos no fueron los pronosticados y como es costumbre en un mundo desigual, no todos los países corrían con la misma suerte. El cuestionamiento sobre qué vacunas se aplicaban en Argentina, sobre el acuerdo o no acuerdo con Pfizer formó parte del discurso de la oposición y de los medios de comunicación. 

Como es de esperar, este mensaje llega a la población, que entre la angustia de la pandemia y la confusión generada comienza a tener preferencias por algunas vacunas y hasta rechazo a otras. Ante estas situaciones, el personal de salud con mucha paciencia y dedicación busca hacerle frente a estos miedos, tal como cuenta Pamela: “Cada cual es libre de creer en lo que guste. Solamente les pido que reflexionen que con esta vacuna no es que uno no se va a contagiar, se va a contagiar, pero va a prevenir que uno termine internado, que es un cuidado más que necesitamos todas las personas y que no desaproveche esa oportunidad que mucha gente no la pudo tener, que no llegó a darse su primera dosis y que estaría bueno que hagan honor a esas personas”.

A esta situación se le suma las personas que directamente no quieren inmunizarse con ninguna vacuna y ya acá la situación es más compleja, algunos tal vez fueron anti vacunas de toda la vida, otros comenzaron a cuestionarse con la pandemia, ayudados en algunos casos por discursos de algunos medios de comunicación. “Este virus quita vidas y  en este tiempo la vacuna es lo único que nos salva”, enfatizó Giselle, quien entiende que cada persona tiene la libertad de pensar libremente pero le preocupa las consecuencias de que no lo hagan. 

“A mi forma de pensar no piensan en el otro, piensan que uno no se va a contagiar, vos tenés que cuidar al otro, porque si vos no crees en algo pero la otra persona si, porque tuvieron familiares que fallecieron o alguien cercano que se ha enfermado y entienden en el nivel que estamos”, lamentó Olarte refiriendose a las personas que además eligen no cuidarse ni seguir las medidas recomendadas para evitar los contagios. 

Desde hace más de un año el personal de salud salió a la trinchera contra un virus desconocido que puso y pone en peligro a todas las personas sin distinguir nacionalidades ni clases. Los médicos haciendo todo lo posible por salvar vidas, enfermeros haciendo su trabajo en hospitales y otros tantos vacunando a miles de personas sin descanso, con un único objetivo, ganarle al virus y que la humanidad vuelva a tener esperanza, a abrazarse con sus seres queridos sin que esto represente un peligro. 

“Tratamos de manejar el día a día. Son muchas horas, a veces hay mucha gente, se complica, a veces te agotas porque no tenés dos segundos. Pero amando cuando haces algo, amando, lo vas llevando. Siempre le ponemos muchas ganas y tratamos de que la otra persona tome conciencia de todo”, explicó Pamela.

Sin dudas, nadie debe haber imaginado transitar una pandemia, y menos formar parte del combate a la misma. Los meses pasan y en Argentina el plan de vacunación se acelera cada semana, llevando así la esperanza no solo a los adultos mayores, sino al resto de la población. Cada día y cada vacuna aplicada es una persona más a salvo de un virus que ha hecho muchísimo daño en todos los aspectos de la vida. “Jamás lo pensé y menos  llegar a vacunar a tanta gente. La campaña de Vacunarte está haciendo historia”, celebró Pérez.  

“Nunca pensé que íbamos a vivir esto. Yo empecé el año pasado participando del voluntariado", recapituló Olarte y añadió: "íbamos a diferentes barrios, a casas. Hasta ahí para mí era normal. Se terminó en diciembre, salió la capacitación para la vacunación. No pensé que iba a ser algo tan grande, de ir a trabajar a una posta, de tener muchos compañeros, que la gente vaya a vacunarse y te agradezca, es muy emocionante y muy lindo poder aportar este grano de arena para toda la comunidad”, destacó emocionada Pamela, que tanto ella como todos sus compañeros a lo largo y ancho del país mantienen la esperanza de ganarle al coronavirus. 

 



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