Hay que bancar

Florencia Casamiquela cuenta su visita al Barrio Pepsi, en Florencio Varela, y la manera en que transitan la cuarentena los ciudadanos del conurbano bonaerense.


El viernes, en el Barrio Pepsi de Florencio Varela, visitamos a un grupo de jóvenes de unos 30 años. Había llovido y el agua desagotaba lentamente. Era una tarde típica de estos últimos otoños de temperaturas cálidas. Casi no había gente en la calle.

Ojo -nos decían-, esto es así ahora, esta calle siempre parece una peatonal. Pero el barrio ahora tiene miedo por el virus y la gente se queda en su casa. En la tele vemos que algunos se van a la costa a pasar la cuarentena. Acá no podemos hacer eso. Nos tenemos que encanutar en nuestras casas.

Estos pibes no tienen militancia partidaria. No pertenecen a ninguna iglesia. No “bajan línea”. Son “los pibes de la esquina”, y hace tres semanas que organizan ollas populares los fines de semana para poder entregar 250 viandas. Nadie les provee los alimentos. Ellos mismos los compran.

Hoy compramos unos cajones de pollo a $1.600, decía uno de los pibes. El pollajero del barrio nos hizo un descuento porque sabe que los pollos son para la gente, aclaraba otro.

El Estado no llega a ese rincón. Tampoco la militancia. Pero no es cierto que no haya  nada. Están ellos. No quieren convencer a nadie, pero convencen. No se proponen cambiar nada, pero lo hacen. Dicen que no pertenecen a ningún espacio político, pero están organizados y funcionan como un relojito.

El dinero para las viandas lo ponen ellos y los vecinos. Algunos viven de changas, otros están informalizados. La “vieja” de uno de ellos cobra la pensión del marido fallecido, y de ahí saca “500 pesitos” para la olla. No hablan de solidaridad, pero la ejercen. Están conmovidos por lo que sucede, pero no se percibe desaliento. Allí nadie menciona la palabra “angustia” ni la palabra “desasosiego”. Allí hay risas, alguna broma subida de tono, y un compromiso genuino que contrasta con otras conductas que se registran en otros lares.

Ellos no me hablaron del “impuesto extraordinario a los ricos” del que tanto se horrorizan los medios hegemónicos. Ellos simplemente se organizan y “ponen la suya”. Y en ese poner la suya nos hacen pensar en aquellos que no quieren poner nada.

Como en Florencio Varela, hay muchos lugares así en nuestro país: olvidados, lejos de la institucionalidad estatal. Los cuatro años del macrismo fueron demoledores y su huella es profunda. La reconstrucción está pendiente, claro está.

Este virus parece un castigo, lanza el más pibe de todos.  Pero hay que bancar.

Hay que bancar. Me llevo esa frase. Hay que bancar y organizarse. La tarea de reconstrucción que nos espera necesita a muchos pibes como los del Barrio Pepsi. Cuando termine el aislamiento habrá que poner en marcha la economía, volver a la cotidianeidad y repensar en qué país queremos vivir. Y empezar por los de abajo, por los que más sufren. Ese fue siempre nuestro mandato histórico.

Nadie se realiza en un país que no se realiza, nos enseñó Juan Domingo. Nadie se salva solo, pontifica Francisco. Ojalá que cuando culmine la cuarentena podamos salir a las calles a hacer realidad ese imperativo.

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