Hawai, Soja y Coronavirus

OPINIÓN. Las nuevas proyecciones del FMI conocidas el miércoles último, presentadas en el Informe Perspectivas Económicas Mundiales (WEO), empeoraron las proyecciones para nuestro país y para el mundo entero.


Cuando el último jueves 18 de junio desde Hawai, el subsecretario para Asuntos de Asia Oriental y del Pacífico de Estados Unidos, David Stilwell, informó a Washington de los alcances comerciales de la reunión que mantenían el Secretario de Estado Mike Pompeo y él mismo, con el miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista Chino Yang Jiechi, no se conocía la nueva proyección del FMI para la Argentina, estimando que la caída de nuestro PIB en 2020 será del 9,9%.

Las nuevas proyecciones del FMI conocidas el miércoles último, presentadas en el Informe Perspectivas Económicas Mundiales (WEO), empeoraron las proyecciones para nuestro país y para el mundo entero, con relación al último análisis difundido en abril. En aquel entonces la contracción prevista para la economía de la República Argentina era del 5,7%. Hoy es un 73 % peor que entonces.

En la reunión de Hawai que conocimos hace una semana, y que formó parte de la ronda de conversaciones entre Estados Unidos y China sobre la continuidad de la Fase 1 de los acuerdos comerciales vigentes, se discutieron las exportaciones de Estados Unidos, que China está obligada a comprar para mantener vigente el ingreso de sus manufacturas al mercado estadounidense, con aranceles de importación diferenciados, que las mantengan competitivas en sus precios.

China, el principal importador mundial de soja, es también el principal comprador de soja y derivados de la República Argentina, a pesar de lo cual el déficit comercial con China fue de 2.209 millones de dólares en 2019. Nada indica que la economía de China, en franca retracción como el conjunto de la economía mundial, fenómeno agravado por la pandemia de COVID-19, necesite importar más soja que en 2019. Todo induce a pensar entonces, que la necesidad de ampliar la compra de soja, maíz y biodiesel a Estados Unidos, de parte del país más poblado del mundo, impactara negativamente sobre quiénes eran los actuales proveedores de esas materias primas hasta hoy, Argentina y Brasil.

Por otra parte, la dificultosa relación de nuestro país con Brasil, agravada por la decisión del Gobierno de Bolsonaro, de comprar por segunda vez consecutiva trigo estadounidense, lesiona aún más la escasez de mercados para nuestras exportaciones.

La situación tampoco parece esplendorosa con Estados Unidos, a pesar de los ingentes esfuerzos del gobierno de Macri, para dinamitar la autonomía geopolítica de la República Argentina y transformarla en un mero “estado libre asociado”. Según cifras del propio Departamento de Comercio, en el decenio 2010-2019 nuestra economía registro un déficit comercial con aquel país, de 49.445 millones de dólares.

El incremento de las exportaciones a China de soja, maíz y biodiesel, que pasarían de 24 mil millones de dólares anuales a los 37 mil millones anunciados, habían sido informados por el bueno de Sonny Perdue, el granjero de Georgia, titular de la USDA, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, como parte de los compromisos comerciales mutuos de Fase 1. Esto fue confirmado ahora y públicamente por Mike Pompeo, cuando el último jueves 18 dijo “China se comprometió a completar y honrar todas las obligaciones de la Fase 1, del acuerdo comercial entre nuestros dos países”.

Los anuncios estadounidenses no merecieron comentarios oficiales aún, de la República Popular China. Sin embargo, no hubo desmentidas oficiales de su parte, ni de la reunión originariamente secreta, desarrollada en la Base Hickam, de la Fuerza Aérea Estadounidense en Hawai, ni tampoco de su contenido y resultados.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, solo atinó a decir “no tengo más información para proporcionar en este momento” cuando se le preguntó sobre la confirmación de la información difundida por el gobierno estadounidense.

Mientras tanto, el debate sobre la globalización y el “libre comercio” sigue. Al respecto Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard ha cargado de nuevo, pandemia mediante, contra todos aquellos que pensaban que la economía se podía disociar de la política, que la globalización había caído “del cielo” y que se pueden implantar modelos económicos iguales en países con circunstancias y culturas muy distintas. Rodrik reivindica la potestad de los Estados de fijar sus políticas económicas y aduaneras.

A todo esto, la situación económica de la República Argentina no recibe buenas noticias hace mucho, desde mucho antes de que asumiera la Presidencia Alberto Fernández. Las dificultades son extremas y las soluciones deberán ser de la misma magnitud, para no empeorar aún más, una situación que ya era compleja antes de la pandemia, y que se agravó notablemente en los últimos 90 días.

Diarios Argentinos