Hallaron muerto en su casa al perito Osvaldo Raffo

Fue hallado sin vida en su casa de San Martín. Dejó dos notas. Una para su cuidadora. "No soporto más los dolores que me aquejan", escribió en una de ellas.

El perito forense Osvaldo Raffo fue hallado muerto este lunes a los 88 años en su casa de San Martín, con dos notas "finales" en las que decía que "ya no soportaba los dolores que lo aquejaban", según confirmaron fuentes judiciales. 

El experito oficial de la Corte Suprema de Justicia bonaerense fue encontrado por su cuidadora, llamada Silvia. Junto a su cuerpo se encontraba un arma calibre 38. 

"Silvia, no te asustes. No subas sola. Dios te guarde", rezaba una de las notas que dejó Raffo, firmadas y estampadas con su sello personal. 

La otra, echa luz sobre las causas de su decisión. "No soporto más los dolores que me aquejan. No se culpe a nadie de mi muerte, Dios me perdone", escribió de puño y letra el hombre de 88 años. 

Raffo es considerado un maestro de forenses, reconocido por sus participaciones en los casos más emblemáticos de la historia criminal argentina, como el de Carlos Robledo Puch, el asesinato de Alicia Muñiz en manos del boxeador Carlos Monzón, el Caso Carrasco, el crimen de José Luis Cabezas y el femicidio de Ángeles Rawson, entre otros. 

A pesar del prestigio ganado entre colegas por su carrera, también se desempeñó como médico forense de la Policía de la provincia de Buenos Aires durante los años de la dictadura militar, por entonces comandada por el genocida Ramón Camps, acusado de 214 secuestros extorsivos y 47 desapariciones, entre otros delitos.  

Su última aparición en un caso resonante fue como perito de parte en la muerte del fiscal Alberto Nisman. Contratado por Sandra Arroyo Salgado, la exesposa del titular de la UFI-Amia y madre de sus dos hijas, Raffo desestimó la teoría del suicidio y habló de un asesinato. 

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Según sostenía, a Nisman lo llevaron hasta el baño de su departamento, lo obligaron a sostenerse sobre su rodilla derecha en el suelo y lo mataron de un balazo en la cabeza con la pistola Bersa Thunder calibre 22, propiedad del informático Diego Lagomarsino. 

Desde que se había retirado, Raffo vivía solo en su casa de San Martín, bajo los cuidados de la mujer a quien dirigió una de sus notas finales. Había enviudado ocho años atrás, desde hacía tiempo utilizaba un bastón para moverse y lo aquejaban intensos dolores en su cadera. 

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