La crisis multidimensional en Haití: estado fallido e intervencionismo ininterrumpido

El contexto de crisis permanente y transversal se debe en gran medida a la fragilidad estatal y la ausencia de una democracia plena

Integrante del Grupo Amauta


Con frecuencia se habla de la pobreza estructural y las catástrofes naturales como las únicas causas de la prolongada crisis que atraviesa el país caribeño. Sin embargo, existe un complejo escenario que arrastra una tradición autoritaria heredada de las dictaduras duvalieristas, la intervención permanente de los Estados Unidos y un sistema político colmado de corrupción y violencia institucional.

Como expresa el director Arnold Antonin el país se encuentra hundido en una crisis multidimensional. “Desde 1986 hasta la fecha actual, en Haití ha habido ocho golpes de Estado, 34 cambios de gobierno de primer ministro, cinco elecciones abortadas, tres intervenciones militares extranjeras y cinco misiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la estabilidad y la paz”. El contexto de crisis permanente y transversal se debe en gran medida a la fragilidad estatal y la ausencia de una democracia plena. Como sucede en gran parte de los países de la región, en Haití los líderes políticos no cumplen sus promesas, el sistema de partidos carece de legitimidad y democracia interna, y a ello se suman los altos niveles de corrupción, desigualdad y crisis económicas.

Otro punto fundamental para explicar esta coyuntura es el ininterrumpido intervencionismo norteamericano. La presencia de Estados Unidos en Haití se remonta a mediados del siglo XIX. Entre 1915 en medio del caos la administración Wilson ordenó la ocupación del país que duro unos 19 años. Asimismo, bajo la política de las esferas de influencia durante la Guerra Fría mantuvieron un férreo apoyo a las dictaduras de Francois y Jean-Claude Duvalier las cuales fueron responsables de graves violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. No conformes con ello, al año del restablecimiento de elecciones libres mediante las cuales paso a gobernar Aristide, las tropas estadounidenses llegaron al país para “restaurar la ley y el orden” y expulsaron al presidente del poder.

Borrando su pasado colonial y revolucionario, los Estados Unidos intentan hasta el día de hoy justificar la intervención en Haití a través de la ayuda humanitaria, el rescate de la empobrecida nación y la protección de la democracia. Actualmente, el país del Norte sigue incidiendo en los procesos electorales mediante el apoyo político a presidentes con escasa o casi nula popularidad.

En 2018 comenzó una ola de manifestaciones contra el actual presidente Jovenel Moïse. Como viene sucediendo en varios países, las protestas se desataron por el aumento del precio de la gasolina y el recrudecimiento de la crisis energética que generó un desabastecimiento del combustible. Ante acusaciones sobre la malversación de fondos de Petrocaribe, Moïse vio agravarse su situación tras la difusión de un informe del Tribunal de Cuentas que lo implica directamente en actos de corrupción. Desde el comienzo de estos sucesos varios sectores de oposición, entre ellos el movimiento de jóvenes “Petrochallengers” se han unido para exigir la renuncia del presidente.

En octubre de 2019 entró en vigencia la llamada BINUH, nueva Misión de las Naciones Unidas creada para “Asesorar al Gobierno de Haití en la promoción y el fortalecimiento de la estabilidad política y el buen gobierno” en reemplazo de su antecesora MINUSTAH. Esta nueva iniciativa aprobada por el Consejo de Seguridad de las NU deja en evidencia la continuidad de las políticas de injerencia lideradas por los Estados Unidos, que profundizan el malestar social y dejan de lado la participación inclusiva de los actores sociales y políticos del país.

Al igual que su antecesor Michel Martelly, Moïse gobierna por decreto y sin contrapesos desde inicios del 2020, ya que, sin elecciones programadas, expiró el mandato de diputados y senadores y el Parlamento quedó disfuncional. Este claro desbalance de poder genera un vacío institucional, que favorece la injerencia externa y la desmedida concentración del poder en la figura del presidente. Ejemplo de ello, es la reciente declaración de la Secretaría de Estado de la administración Trump expresada públicamente con clara intención de amenaza “Alentamos a las partes interesadas de Haití a hacer su trabajo y a formar un Consejo Electoral Provisional como está previsto en su constitución. (...) Hay consecuencias para los que se interponen en el camino".

Ante las actuales protestas la policía reprime las protestas encabezadas por jóvenes y ciudadanos haciendo un uso excesivo e indiscriminado de la fuerza. Las patrullas castrenses rebalsan las calles de Puerto Príncipe y los actos de represión se llevan a cabo a plena luz del día. A su vez, la presencia de pandillas y grupos armados que controlan vastos territorios con clara complicidad gubernamental recrudecen aún más el clima de violencia e inseguridad. No obstante, el blanco de la represión sigue siendo el pueblo que se manifiesta pacíficamente por la obtención de derechos y una mejor calidad de vida.

Robenson Glesile, estudiante haitiano en Rosario, quien tomó la decisión de salir de su país luego del terremoto que sacudió Haití en el 2010, nos cuenta de primera mano la forma en la que se vive esta larga crisis y las miradas desde una sociedad extenuada ante tanta injusticia.


¿Qué sentiste al salir de tu país en un contexto tan difícil?

Personalmente sentí una sensación de impotencia y bronca, me hizo pensar mucho sobre mi futuro en mi propio país. Dejé mi tierra en busca de nuevas oportunidades y para tener un poco de paz.


¿Qué interpretación haces de la crisis que vive Haití hace tantos años?

Es una pregunta difícil. 216 años después de nuestra independencia, las generaciones que han pasado no lograron solucionar los problemas de Haití. El primer gran problema que tuvo que enfrentar mi país, fue la manera de acceder a su liberación ante un mundo dominado por la colonización y la esclavitud. Un acto único e inconcebible en esa época. Haití fue asfixiada económicamente por Francia. De 1915 a 1934, Estados Unidos ocupó Haití y saqueó nuestros recursos y aumentó las brechas entre las diferentes clases sociales que componen el país.

De 1957 a 1986 mi país estuvo bajo régimen dictatorial. Durante esta etapa, la élite intelectual fue una de las principales víctimas. Luego de 29 años de dictadura, el país necesitaba abrazar el camino de la democracia. Las primeras elecciones democráticas se llevaron a cabo el 16 de diciembre de 1990. De 1986 al día de hoy, Haití no paró de vivir crisis políticas, económicas y sociales. De 1804 a 2020, solo 25% de los jefes de estados haitianos pudieron terminar su mandato; 49% fueron derrocados.

Esa inestabilidad tiene un impacto fuerte sobre la vida de los haitianos y haitianas. Un estado débil sin políticas públicas inclusivas y con dirigentes corruptos, arruinan el país día a día.


¿Qué opinas de la llamada ayuda humanitaria?

Viví todo el proceso de la ayuda humanitaria post terremoto en Haití. No es una novedad, la ayuda humanitaria en Haití fue, es y será un fracaso. La toma de decisiones no se hace con los dirigentes y ni hablar de la población. El asistencialismo humanitario nunca funcionó. Un país no se desarrolla con envíos de botellas de agua, de kilos de arroz y porotos. El 16 de enero de 2010, la organización Clinton Bush Haiti Fund fue creada para ayudar a las víctimas del terremoto. El comité de este órgano tenía un haitiano nada más, sin poder de decisión. Es un ejemplo entre varios. Estoy a favor de una colaboración que tiene en cuenta la realidad del país y la voz de la ciudadanía.


¿Crees en la posibilidad de una salida institucional y democrática a esta crisis?

Al tener el pueblo en una situación de dependencia, los dirigentes mantienen el statu quo. Personalmente, creo que la educación es la solución para despertar al pueblo haitiano. Las secuelas de la dictadura siguen intactas en la sociedad. No se puede considerar Haití como un estado democrático ya que los políticos violan la Constitución Nacional cuando quieren. El futuro de Haití depende de los haitianos y las haitianas sin ninguna presencia de potencias extranjeras en los asuntos internos del país.


Robenson Glesile. Haitiano. Estudiante avanzado de profesorado de francés. Vice coordinador de la Fundación Jèn Mapou. Panelista del programa de radio Uniendo Fronteras Latinoamérica. Miembro del grupo de estudios sobre Migraciones. UNR.

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