Haití: ejemplo de lucha, vergüenza civilizatoria

OPINION. Invisible en el radar de los dioses, condenado por el norte global y naturalizado en la agenda mediática


“En 1789, la colonia de Santo Domingo en las Indias occidentales francesas representaba las dos terceras partes del comercio exterior de Francia con el exterior y era la salida comercial más importante para el tráfico de esclavos europeo. Era parte integrante de la vida económica de la época: la mejor colonia del mundo, el orgullo de Francia y la envidia de todas las naciones imperialista. Toda su estructura reposaba sobre el trabajo de medio millón de esclavos.”

Así comienza el prefacio del maravilloso libro de C.L.R. James “Los jacobinos negros”, el cual nos ayuda a comprender la historia y el presente de Haití.

En los campos de caña de azúcar y café fueron explotados, vejados y masacrados millones de mujeres y hombres esclavos para enriquecer al imperio.

Esto llevo a que, con el impulso de la revolución francesa de 1789, se organizara un gran levantamiento popular negro encabezado por Toussaint Loverture. Posteriormente, con el debilitamiento del proceso revolucionario en Francia, Napoleón mandó a su cuñado, Emmanuel Leclerc, al mando de 43.000 hombres, para sofocar las intenciones libertarias, restaurar la esclavitud en la colonia y recuperar “La Perla de las Antillas”, desatando una guerra despiadada.

Toussaint fue detenido y llevado a Francia donde murió. Otro general negro, Jaques Dessalines llevó al triunfo al pueblo declarando la independencia el 1 de enero de 1804. Era la primera revolución antiesclavista e independentista triunfante en la historia. Un renovado ejército de 34.000 efectivos franceses había sido derrotado, 32.000 de los cuales habían dejado sus huesos en los campos de batalla o víctima de la fiebre amarilla.

Con el triunfo revolucionario la isla “La Española” se divide en dos y nacía así Haití.

El nuevo país se convertía en la primera nación del mundo en abolir la esclavitud y prohibir la trata de esclavos.

No obstante, el daño causado, Francia no estaba satisfecha y en 1825 apostó doce barcos con 500 cañones en la costa de Puerto Príncipe amenazando con bombardear si el gobierno haitiano no accedía a pagar una indemnización para reparar los daños causados al patrimonio de los esclavistas. El monto reclamado ascendió a 150 millones de francos (300% del PBI haitiano en ese momento), aproximadamente 17.500 millones de euros. Recién en 1947 Haití pudo poner fin a esta sangría, incluido suculentos intereses.

En Haití, al igual que lo que ocurrió en Vietnam, al dominio francés lo sucedió el estadounidense cuando este comenzó a convertirse en la primera potencia de occidente, a inicio del siglo XX.

En 1910 EEUU comenzó una sucesión de intervenciones de todo tipo en Haití. El presidente Taft envió la infantería de marina para proteger a un grupo de banqueros estadounidenses, los cuales, bajo esa intimidación se hicieron cargo del Banco Central, pasando el mismo a operar como una sucursal de Wall Street.

En 1915 el presidente demócrata Woodrow Wilson ordena invadir Haití haciéndose cargo del gobierno, la aduana, el ejército y las finanzas, convirtiendo al país en un protectorado. La ocupación se prolonga hasta 1934 cuando se sanciona una constitución redactada en EEUU. La inestabilidad se prolonga hasta 1957 cuando asume el gobierno, en forma vitalicia, Francois Duvalier (Papa Doc), el cual se sostiene con la protección de EEUU e innumerables matanzas que hicieron famosas a sus fuerzas represivas, los “Tonton Macoute”. A su muerte lo sucede su hijo Jean Claude, con 19 años, Baby Doc.

En 1988 hay elecciones, pero en una gran inestabilidad se alternan gobiernos civiles y militares hasta que en 1990 es elegido el sacerdote salesiano Jean Bertrand Aristide quien es también derrocado, pero por gran presión internacional es repuesto en el cargo en 1994 y finaliza el periodo en 1996.

Entrado el siglo XX, en 2001, Aristide es elegido nuevamente presidente, pero en 2004 EEUU organiza un golpe y es sacado del gobierno de una manera muy parecida a lo que le ocurrió en 2009 al presidente Zelaya de Honduras. Aristide es secuestrado por las Fuerzas Armadas de EEUU y llevado a Bangú República Centroafricana, en medio de una insurrección popular.

La ONU en lugar de exigir su restitución en el cargo organiza una comisión investigadora, cuyas opiniones nunca fueron escuchadas. En su lugar crea la “Misión Estabilizadora de las Naciones Unidas”.

Asume en 2004 René Prevál y es el único presidente que hasta el momento ejerció dos mandatos íntegros. De 2011 al 2015 gobierna Michel Martelly y para su sucesión aparece en escena un desconocido Jovenel Moise, quién triunfa en 2018. Moise, para devolver favores a sus amos, rompe relaciones con Venezuela, país que lo había beneficiado proveyéndole petróleo a precio preferencial a través de “PETROCARIBE”. Esta medida llevo al aumento desmedido de los combustibles ocasionando grandes movilizaciones de protesta. Además, Moise reconoce a Juan Guaidó para congraciarse con la política de Donald Trump.

Luego del asesinato de Moise el 7 de julio de este año, perpetrado por paramilitares colombianos y servicios de inteligencia estadounidenses, asumió la presidencia interina Claude Joseph, quien, para ser coherente con la historia de gobiernos antipopulares, lo primero que hizo fue pedir la intervención militar estadounidense, para “estabilizar” la situación. La misma excusa que utilizó EEUU para hacerse cargo del país en 1915.

Los datos del país son desgarradores: 11,5 millones de habitantes, 70% de desempleo, 49% de analfabetismo, 74,6% por debajo de la línea de pobreza, 54% de indigencia. Datos de marzo de 2021 proporcionados por la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.

Desde el terremoto de 2010, que cobró la vida de 316.000 personas, la población vive de la ayuda internacional, ya que EEUU se encargó de que no tuviera ningún desarrollo industrial ni que pudiese tener producción agropecuaria sustentable.



En los últimos 28 años la ONU envió 9 misiones a Haití, con los resultados a la vista. La más conocida fue la MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití), reemplazada luego por la MINUJUSTH (Misión de la Naciones Unidas para el Apoyo de Justicia en Haití). Con la excusa de la “responsabilidad de proteger” fuerzas de 23 países llegaron a ocupar Haití. Una de las consecuencias fueron las reiteradas denuncias de violaciones a mujeres y niñas haitianas, entre otros delitos cometidos por algunas delegaciones. Asimismo, fuerzas pertenecientes a estas misiones provocaron la infección del cólera.

También se comenzó a generalizar un fenómeno llamado “restavek”, procedimiento donde debido a la pobreza muchas familias debían entregar sus hijas e hijos para el trabajo doméstico, los cuales pasaban a ser semiesclavos, terminando la gran mayoría abusados sexualmente e integrando las redes de prostitución.

Además, hay operando en el país, según varios estudios, 12.000 ONGs, casi todas extranjeras, entre ellas la USAID, situación que generó el mote de “HaitONG”.

Para completar el escenario dantesco el 22 de agosto último se abatió sobre el país un terremoto de magnitud 7,2 y el huracán Grace, sumado a los efectos de la Covid 19. En este sentido al 5 de septiembre se llevaba vacunada el 1% de la población, según datos oficiales.

En estas circunstancias dramáticas la idea más brillante de la Casa Blanca es ofrecer U$S 5 millones para reequipar a la Policía Nacional. Lo puso en palabras la vocera presidencial Jean Psaki: “Fortalecer la capacidad de las fuerzas de seguridad de Haití es una prioridad clave de EEUU. Lo era antes del asesinato (Jovenel Moise) de hace unos días y continúa siéndolo”.

El 21 de agosto partió un grupo de 24 voluntarios argentinos de la misión humanitaria de Cascos Blancos. El contingente llegó con la intensión de colaborar en el Hospital Néstor Kirchner, inaugurado en 2015 y financiado por UNASUR. La tarea se tuvo que desarrollar en las inmediaciones ya que el edificio tiene peligro de derrumbe.



Si bien en un principio la ayuda de EEUU a Francia se explica por la preocupación que despertaba entre los esclavistas de EEUU el posible contagio que la revolución antiesclavista podría despertar en su país, más tarde la intervención permanente pasó a formar parte de la agenda de todos los gobiernos estadounidenses.

Por otro lado, tanto EEUU, como Francia y las potencias europeas nunca le perdonaron a Haití el haber desafiado al sistema imperante, convirtiéndolo, como castigo, en el país más pobre de la región. Algo similar ocurre ahora con Cuba, los poderes del norte global no le perdonan Playa Girón, ni sus logros, ni el ejemplo de que es posible desafiarlos y sostenerse con dignidad.

En el terremoto de 2010, el más desbastador sufrido en los últimos años en Haití, los primeros que llegaron para socorrer a las víctimas fueron, como siempre, los médicos cubanos.

Haití necesita en forma urgente la solidaridad internacional y sobre todo exigir a las potencias occidentales que dejen de interferir en esa nación.

No es verdad que es un estado fallido, cada vez que intento organizarse y fortalecer sus instituciones, los mezquinos intereses de EEUU y sus socios lo impidieron.

Los pueblos del mundo tenemos una deuda humanitaria y moral con aquel que colaboró con Bolívar facilitándole la ayuda material y espiritual necesaria para reconstruir su ejército y liberar medio continente.


Sobre el autor

Ruben Darío Guzzetti IADEG-IDEAL-CEFMA

Diarios Argentinos