¿Hacia dónde va Brasil?

Por: Olivia Irala González

Este domingo 146 millones de brasileños se dieron cita en los distintos centros de votación, situados en todo Brasil. Los comicios, que comenzaron temprano en la mañana y cerraron en la mayoría de los estados pasada la tarde, convocaban a elegir no solo al próximo presidente del país, sino también a 27 gobernadores, 54 senadores, 513 diputados federales y 1059 diputados estaduales. 

Sin embargo, el pulso de la votación estuvo marcada por los dos candidatos principales para asumir la presidencia: el ultraderechista Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, por el Partido de los Trabajadores (PT).

Con la desaparición de la imagen de Luiz Inácio Lula Da Silva del escenario electoral, anunciado como el candidato con mayor intención de voto, uno de los desafíos más importantes de su heredero Haddad residía en ganarse la confianza y la empatía de los votantes del expresidente, algo que no pudo lograr en esta jornada. 

A las 21.16 horario local ya habían sido escrutadas el 96,6% de las urnas, que posicionaban en un primer lugar, con el 46,06 % de los votos, a Jair Bolsonaro, quien había tomado distancia del segundo lugar hasta ese momento por un poco más de 18 puntos.

Es curioso cómo #EleNão (Él No), la campaña que se erigió en contra de Bolsonaro encabezada por mujeres y que significó la mayor movilización de la historia de las brasileñas, no fue escuchada en un país que no está acostumbrado a manifestarse y mucho menos salir a las calles. 

También resulta curioso cómo ningún sondeo logró pronosticar el elevado crecimiento de su candidatura, y más difícil aún resulta comprender cómo un candidato que es un exmilitar que hace apología de la violencia y que no pestañea al mostrarse como el hombre ideal para “ordenar” al país con ayuda de las armas ha logrado una importante victoria en primera vuelta, a pesar de sus comentarios machistas, homófobos, racistas y autoritarios.

Al parecer, el ataque sufrido días atrás, su milagrosa recuperación y su notoria ausencia —aunque justificada por sus médicos— al último debate presidencial, que tuvo lugar tres días antes de estas elecciones, torcieron la balanza a su favor. Sin considerar, además, que cuenta positivamente con el pronunciado desinterés de los brasileños por la democracia, y por el sentimiento “antipetista” que se generó en gran parte de la población debido a los múltiples escándalos y causas de corrupción.

En relación a Fernando Haddad, se puede decir que tuvo muy poco tiempo en estas elecciones para posicionarse como candidato a la presidencia, lo que, sumado al poco conocimiento de su figura y a su falta de carisma, entre otros aspectos, lo han llevado a afianzarse en un segundo lugar a casi 20 puntos de distancia del ganador de la primera vuelta. 

Ahora, más que nunca, necesita los votos del expresidente y apuntar a aquella parte de la población brasileña que este domingo no concurrió a votar, que votó en blanco o que por alguna razón anuló su voto. Quizá en ellos podrá encontrar hacer una diferencia. 

Aun así, la contienda que tiene por delante es muy ardua y se le presenta como un desafío, tal como él mismo declaró ayer por la noche, luego de que se conocieran los resultados: "Me siento honrado por los votos que recibí hoy que garantizan una segunda vuelta, (…) quiero decirles que me siento también desafiado por los resultados que son bastante expresivos en el sentido de hacernos entender los riesgos que corre la democracia de Brasil". 

Comprometiéndose a continuar con la búsqueda incansable de una justicia social, defendiendo al mismo tiempo la soberanía nacional y popular del Brasil y llevando adelante como única arma la fuerza de la palabra, ya está listo para embarcarse en una nueva campaña electoral que desembarcará en las urnas el próximo domingo 28 de octubre.

¿Hacia dónde va Brasil? Es una pregunta que aún no tiene una respuesta clara y contundente. No obstante, ya se ha comenzado a trazar la recta final de estas elecciones, que son clave para el país vecino, así como también para la región, pues, tal como sostiene José Natanson en la edición de Le Monde de este mes, estas elecciones serán fundamentales a la hora de determinar el futuro de los procesos de integración estancados por decisión de Michel Temer y Mauricio Macri; contribuirán –o no- a la estabilidad política de Venezuela y marcarán en términos generales la orientación de la región en los años venideros. 

Esto último es algo que los argentinos —especialmente— no debemos pasar por alto y debemos observar con extrema prudencia y cautela, pues el año que viene también nos tocará decidir y estas elecciones pueden ser un gran llamado de atención para cada uno de los países que componen la región y para nosotros.

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