Habladas por el machismo

OPINIÓN. Cada 7 de junio se conmemora el Día del Periodista en nuestro país. En este caso, la diputada nacional y presidenta de la Comisión de Mujeres y Diversidad expone lo que representa que el 75% de las voces en los medios sea de hombres.

Las ideas que circulan en una época suelen ser las ideas de los sectores dominantes de esa época. Por lo tanto, podríamos decir que hay una especie de reproducción de ese pensamiento único que incuba nuevas formas de repetir lo mismo. Basta hacer una incursión por los medios de comunicación tradicionales para escuchar, ver y leer cómo propagan un mismo discurso adaptado a distintos formatos, pareciera tratarse de repetidoras de un centro ideológica. Claro que ese centro está conformado por una trama (y una treta) de ideas dispersas y contradictorias, estereotipos y prejuicios, sentidos comunes, nociones asistemáticas, violencia simbólica, arbitrarios culturales, intereses de clase, elementos residuales, mal entendidos, manipulaciones, confusiones. Todo eso hace a lo que podríamos llamar la ideología dominante de una época y una sociedad determinada. Garante del orden social, reproductora del orden social. Pero esa trama tiene puntos ciegos, tiene espacios de lucha, de disputa, hay campos en los cuales discutir, hay ideas disruptivas, hay usos desviados del mismo discurso dominante para conseguir otros objetivos. Es decir, hay una arena simbólica por ganar, por conquistar conceptualmente. Ahora bien, esas transformaciones en el sentido (que se traducen en prácticas) reclaman de la participación justa de la sociedad. Si solo hablan unos pocos, o los mismos, o todos del mismo lugar o precedencia, es imposible.

En relación a la desigualdad de género esto es claro, contundente y grave. Las mujeres y personas trans tenemos una participación mucho menor en los medios. El 75 por ciento de las voces son de varones. Y las mujeres solemos estar destinadas a temas menores dentro de la agenda de noticias o encasilladas en lo que el machismo cree que son los temas femeninos. Salvo excepciones, las mujeres no informan ni discuten en los medios la política y la economía. Ni hablar de nichos como el deporte, donde la mujer ha sido reducida históricamente a un rol figurativo o decorativo. La participación justa de mujeres implica también una discusión por los roles, momentos y espacios que ocupan.

Acá nos encontramos con varios núcleos de problemas. Por un lado la producción de la información. Hecha por varones, con los criterios masculinos, con la mirada masculina. Es decir, la perspectiva de género y el conocimiento feminista queda impugnado en el proceso de producción. Pero después, por otro lado, también queda impugnado al momento de transmitir esas noticias. Si la información es masculina, el poder es masculino. Y sabemos que hoy la forma dominante por excelencia de las masculinidades son machistas. Entonces tenemos modos de hacer y modos de contar que excluyen a las mujeres y reproducen la dominación contra nosotras.

¿Cuando vemos mujeres en los medios qué roles cumplen? ¿Cuando vemos publicidades de medios de comunicación, quiénes aparecen representados? ¿Qué conclusión sacamos al primer golpe de vista de las grillas de programación? Las mujeres no están. Conductores acá y allá varones, especialistas varones por todos lados. Cuando opinan los expertos no hay expertas, cuando hay entrevistas exclusivas las mujeres no accedemos. Una exclusión que produjo dos fenómenos inevitables, incontrolables y transformadores: una enorme y variada creación de medios feministas y un consenso generalizado sobre la necesidad de democratizar el acceso a los medios de comunicación.

Y la presencia justa de mujeres y personas trans trae una discusión histórica sobre los medios en general que podríamos plantearla como el dilema o la tensión entre  derecho y mercancía. Sabemos que la comunicación y la información (escalón más bajo del conocimiento) están mercantilizados. Las grandes corporaciones mediáticas transforman intereses económicos en conocimientos neutros (aunque vale admitir que en los últimos años han perdido la sutiliza y los modos desapercibidos en los que se camuflaban). No descubrirnos nada. Vivimos en una sociedad del capitalismo tardío y el capital financiero, vivimos en una sociedad en la cual las formaciones ideológicas del neoliberalismo han hecho que no quede espacio social sin mercantilizar. Casi todo se puede comprar y vender, todo está producido con los criterios de una industria. Quienes en el campo de la comunicación escapan o disputan esas prácticas ponen en tensión el carácter mercantil que tienen. Es decir, la comunicación recupera o restaura su condición de derecho. Ahora bien, no tendremos un derecho pleno a la comunicación si no garantizamos una participación igualitaria. Es más, la pregunta debería ser ¿Qué tipo de comunicación, de derecho la comunicación, es posible si faltamos nosotras? La presencia de mujeres y trans viene a traer, a recuperar, esa vieja pregunta que el neoliberalismo quiso enterrar una y otra vez sobre el derecho a producir sentido, a hablar, a tener una voz pública.

Ya sabemos qué pasa cuando la palabra pública la tienen arrogada los sectores de poder, se forma una sociedad desigual, con eufemismos para justificar la violencia, con omisiones, con argumentos de clase, de género y de raza contra nuestras trayectorias de vida, nuestros deseos y nuestros proyectos. Hablan por nosotras. Hablan para que no hablemos. Cultivan el odio, cultivan la discriminación, el racismo, la guerra inaudita al interior de los sectores populares. Por eso necesitamos garantizar una participación justa y representativa de varones, mujeres y trans. De otro modo, siempre seremos hablados por el discurso del machismo y la ideología del patriarcado.

Diarios Argentinos