Grandes empresas y restricción externa

OPINIÓN. Aproximadamente de 70 mil millones de dólares de deuda de privados en la Argentina con el exterior, casi el 40% eran deudas con “empresas del mismo grupo” en el extranjero, es decir, más de 26 mil millones de dólares.


La llamada restricción externa, esto es, la escasez relativa de divisas que limita las posibilidades del crecimiento económico y erosiona los márgenes de maniobra del Estado a la hora de hacer política pública es, con seguridad, el problema más importante de la economía argentina. En las últimas semanas, el Gobierno Nacional ha tomado distintas medidas que buscan incidir sobre el denominado mercado único libre de cambios (MULC), que van desde distintas restricciones a la compra de dólar “ahorro” por parte de los individuos, hasta una reducción a los impuestos a ciertas exportaciones.

Son medidas que se toman ante la urgencia que produce un escenario donde las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) vienen reduciéndose de manera sistemática y son cada vez más escasas.

Ahora bien, hay una dimensión del problema, que a nuestro modo de ver es central, que no está puesta en cuestión hoy en día (quizás ante la urgencia del problema) y que es clave si lo que se pretende es que el Estado tenga algún margen para hacer política pública. Es una dimensión que se vincula con la capacidad de un muy reducido número de empresas de “vetar” las políticas de cualquier gobierno a partir de su capacidad de incidir sobre el MULC.

Hay un primer dato que debería llamarnos la atención y es la discrepancia entre lo que exporta la economía Argentina y lo que efectivamente termina liquidándose en el MULC. Un simple contraste entre los datos que difunde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que recaba información sobre el comercio de bienes y servicios, y los datos del Balance Cambiario del BCRA, que reúne información sobre la entrada y salida de divisas asociadas con ese comercio, nos permite ver que entre 2018 y 2019, mientras el Balance de Pagos (INDEC) registra exportaciones por casi 127 mil millones de dólares, el Balance Cambiario (BCRA) registra apenas 109 mil millones, 18 mil millones menos; y que, de enero a agosto de 2020 esa cifra es cercana a los 3 mil millones. Independientemente de cierto rezago que pueda haber entre el momento de exportar y el de cobrar, parece haber claramente un problema en lo que hace a las posibilidades del Estado de incorporar a sus reservas internacionales los dólares del comercio exterior.  Todo esto sin contar la enorme “dificultad” que tiene el Estado para controlar lo que efectivamente se exporta.

Este simple contraste nos lleva a otra pregunta, ¿qué otros mecanismos comerciales y financieros tienen estas u otras grandes empresas del país para comprar dólares “baratos” y sacarlos del sistema? Es interesante observar en línea con esta pregunta que una parte importante de las grandes empresas que operan en el país, independientemente de si “nacieron” en la Argentina o de si el grueso de sus actividades productivas y/o comerciales se ubican en la Argentina, tiene sus casas matrices y/o empresas controlantes o controladas en otros países

Este tipo de vínculos societarios con empresas radicadas en el exterior permite distinto tipo de maniobras para cambiar pesos por dólares que, más temprano que tarde, terminan en cuentas en el extranjero. Entre otras, permite remitir utilidades en el caso de poseer empresas controlantes en el extranjero, sobre-facturar importaciones y solicitar auto-préstamos que luego son pagados con intereses en el caso también de tener empresas controladas. Es interesante observar en línea con esto último que el último dato disponible que publicó el BCRA, del tercer trimestre de 2017, muestra que, de un total de casi 70 mil millones de dólares de deuda de privados en la Argentina con el exterior, casi el 40% eran deudas con “empresas del mismo grupo” en el extranjero, es decir, más de 26 mil millones de dólares.

La situación se agrava si tenemos en cuenta que para muchas de estas maniobras las empresas pueden acceder hoy en día al dólar oficial y que muchos de estos autopréstamos pudieron ser “invertidos financieramente” en la economía argentina durante el Gobierno anterior, donde el Estado garantizaba rendimientos astronómicos en pesos que luego fueron dolarizados y “fugados”.

La idea que subyace a esta brevísima descripción es que seguramente la restricción a la compra de “dólar ahorro” de personas físicas haya sido necesaria en este contexto, pero es imprescindible avanzar en el control de los canales “informales” de exportación, las subfacturaciones, las “demoras” en las liquidaciones, la sobre-facturación de importaciones, y los autopréstamos. El grueso del problema de la restricción externa está ahí y no hay posibilidad de políticas públicas exitosas sin controlar el poder de veto que el tipo de prácticas mencionado le da a un grupo reducido de empresas.



Sobre el Autor


Germán Pinazo. Es docente e Investigador del Área de Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Director de la Licenciatura en Economía Política.

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