G20 de los soberanistas

Por: Horacio Lenz

Desde la caída del muro y la crisis financiera asiática fue necesario ordenar la economía a partir de un Foro que permita coordinar las grandes matrices de política económica del mundo.

Este espacio multilateral se denominó G 20 porque se constituyó a partir de G7 y al que se sumaron países relevantes de distintos continentes. Primero comenzó siendo un encuentro de ministros de Economía y Finanzas para ser más tarde una reunión de jefes de Estado y de Gobierno.

Se suele usar una opinión superficial cuando se analiza la participación y presencia de Argentina en el G20. Esto se debió a una serie de acciones que llevó adelante nuestro país a través de los diferentes gobiernos y permanecen como virtud en el presente y que, además, fueron eficazmente planteadas por el canciller Di Tella durante el Gobierno de Carlos Menem ante los que estaban construyendo este espacio multilateral.

Las virtudes de nuestro país fueron y hoy permanecen:

a) El plan Nuclear.

b) La revolución biotecnológicaagrícola, que multiplicó por seis la producción de alimentos.

Y en la última década:

c) El plan Satelital de INVAP, como reemplazo de la tecnología de vectores misilísticos de perfil bélico.

Fueron políticas permanentes que se prolongaron en el tiempo y en diferentes gobiernos. Esa continuidad y progreso es un crédito valorado a escala mundial.

A su vez, es cooperativo, pacífico y solidario.

El G20 tiene una agenda oficial que se va negociando y se van incorporando demandas de los diferentes países. En esta reunión la agenda fue: Libre Comercio, Infraestructura Social y Empleo como ejes centrales. Además, se incluye la mirada de la organizaciones no gubernamentales más el sector privado.

Sin embargo, lo novedoso de esta reunión en particular fue que trajo el arrastre de una serie de conflictos a escala global de diferentes perfiles que van desde lo comercial, pasando por lo bélico y, por qué no, la crisis migratoria que afecta a África, América y Europa.

Si hacemos un mapeo sobre el mundo observamos que en la región asiática se materializa una guerra comercial entre China y Estados Unidos que también generó tensión en el espacio del Mar de la China. Este conflicto trajo aparejado la necesidad de encuentro  en Buenos Aires entre Xi Jinping y Trump cuyo resultado fue de postergación por 90 días de la resolución.

En otro orden, los acuerdos de EEUU en el conflicto coreano es una demanda de los países del área para sostener una política de equilibrio regional. Además, en el extremo oriente surge la presión que tiene Australia para cumplir sus acuerdos de libre comercio con China en materia alimentaria. En el borde oeste de Asia, aparece la India como potencia regional y nación que demanda mayor soberanía. Hace valer su capacidad comercial en términos de consumo pero también su status tecnológico y capacidad de disuasión militar.

Si posamos la mirada en la península Arabiga, dos conflictos bélicos serán observados con atención: el de Siria y Yemen, donde la confrontación es de índole intra-religiosa islámica y energética que modo indirecto se expresa entre el Reino de Arabia Saudita e Irán. Ya en Europa, la crisis de Ucrania con Rusia seguramente es y fue parte de la mirada y la atención de diferentes líderes europeos, además de EEUU.

La pretendida expansión de la OTAN al Este choca con los intereses de Moscú que concibe ese espacio como parte de su faja de seguridad.

En lo que hace a Sudamérica, podemos ver que carece de una mirada regional que defienda el espacio común.

Se observó este fin de semana una buena política de diplomacia presidencial del Presidente Macri, surfeando hábilmente entre Estados Unidos, China y Rusia. Resta ver si eso se traduce en política Internacional.

Para lograrlo, tendría que ir a una arquitectura de acuerdo político interno. El desafío es construirla. Como dije anteriormente, luego de las crisis financieras y necesidad de recuperar el protagonismo de los Estados Nacionales, el rol de las políticas en el espacio geográfico será primordial.

La economía digital con las nuevas tecnologías generan progresos globales, pero en sistemas impositivos más retrasados genera disputas respecto de dónde se produce y quién tiene que tributar. También se vuelve importante el control y provisión de la energía, la relación bilateral y el comercio con precaución para cuidar los capitales y el trabajo de los pueblos.

Si se va a un comercio administrado habría que observar con detenimiento cómo influirá el rol de las monedas. Este nuevo diseño del mundo global nos pone ante un desafío que tendremos que responder a la altura de los acontecimientos e influir en el espacio común de nuestra región.

El desafío es construir una agenda de interés regional sudamericano con política bioceánica, autónoma en las decisiones y conectada al mundo global montada en la producción de minerales, alimentos, manufacturas, tecnologías y servicios.

Argentina, en particular, tiene que ser potenciadora de esta agenda sudamericana sobre todo por su ubicación, proyección geopolítica al sur y al corazón de nuestro continente. Pero, a su vez, tiene que tener un Plan estratégico que la saque de la coyuntura agobiante que le hace perseguir los problemas desde atrás.

Pensar nuestro futuro mediato se torna necesario para resolver cuestiones urgentes como la pobreza, la concentración demográfica, los espacios vacíos, la cuestión del agua y el ambiente. No se pueden esperar de estos encuentros resultados concretos de materialización inmediata.

En resumen, lo que terminó esbozando este G20 es el diseño de la nueva articulación de poder político mundial donde Estados Unidos, Rusia y China más la India serán los arquitectos más importantes con una impronta que demanda una dirección comercial más soberanista, con más o menos libre comercio pero desde las reglas del Estado Nación. Los pedidos de modificación de la OMC, la no condena al proteccionismo y ninguna mención al libre comercio denota una reducción de la influencia de los organismos multilaterales en el futuro mediato que se plasmó en el documento final. Un mundo con disputas en un marco de orden administrado es siempre mejor que tener disputas sin marco.

El orden es potenciador del comercio. Cuando hay buen comercio hay producción y los pueblos se benefician con más oportunidades, pero la deuda de justicia social está en manos de los Estados Nacionales que son los que diseñan sus equilibrios sociales con políticas fiscales.


El lápiz verde