Finlandia del Sur

OPINIÓN. No somos Nueva York ni Finlandia, y millones de argentinos tampoco lo queremos ser. Solo queremos parecernos a la República Argentina, a la que nos dieron nuestros padres fundadores, a la que necesitamos recuperar.

Con un dólar desbocado y el avance de la pandemia sin saber hasta dónde llegara asistimos a un debate en nuestro país, por momentos insólito. Una dirigencia política que desde hace años busca en modelos extranjeros y no en nuestra propia historia, la solución a los acuciantes problemas que padecemos.

Con más de 613 mil casos de COVID-19, Argentina se ubica entre los 10 países con mas contagios del mundo, ya muy lejos de los momentos de “ejemplaridad sanitaria internacional”. De aquellos días a este presente de una locutora en off, ha pasado mucha agua bajo el puente.

La situación económica también es acuciante. A la nefasta herencia recibida del gobierno del ex presidente auto allanado Mauricio Macri, aumentada por la desesperante situación que profundiza la pandemia, se suman algunos errores de cálculo que han pulverizado la situación salarial de los trabajadores de ingresos fijos medida en dólares. La caída de las reservas del Banco Central, que no mejoraron con la reprogramación de la deuda con privados en moneda extranjera, como muchos preveían, le agrega inestabilidad a un escenario ya de por si incierto y volátil.

Suponer que la vocación del ciudadano común de refugiarse en el dólar es un problema cultural, es no entender lo mínimo de como funciona la economía. Cuando Macri asumió su gobierno en 2015 el dólar valía 9 pesos, hoy cuatro años y medio después, se cotiza a 135 pesos. Suponer que hay “opciones de inversión” mejores a la especulación financiera, es un cuento de hadas tan inverosímil como irrepetible.

Mientras los bancos actúen con absoluta impunidad y la preocupación de las autoridades del Banco Central este puesta en los que compran 200 dólares por mes, el problema seguirá.

Argentina es una economía bimonetaria, lo cual es tan malo como cierto y negarlo es la primera parte del error.


El contexto político

Aquella vieja idea -todo envejece en meses en nuestro país- de un acuerdo “refundacional” con la conducción política del poder económico pensada para dejar atrás “la grieta” reluce más oxidada que un auto abandonado.

Aun más extraño resulta observar que nuestro país, de una historia muy influyente a derecha e izquierda, con la generación del 80 y el peronismo como respectivos soportes políticos históricos, hoy tenga a gran parte de su dirigencia política buscando en cualquier comparación aspiracional extranjera, soluciones absolutamente ajenas a nuestra historia y a nuestra cultura.

A la obcecación macrista por parecerse a los Estados Unidos, se suma ahora la pretensión de parecernos a Finlandia.

Con solo buscar en nuestra historia podemos encontrar la creación del Estado Nacional, la educación pública universal, el federalismo, la reforma universitaria, la Ley Saenz Peña, la primer empresa estatal energética del mundo, el voto femenino, el Constitucionalismo Social, las primeras políticas en defensa de la Infancia, la mayor sindicalización obrera de la región, la construcción del IAPI, de Ferrocarriles Argentinos, de la Universidad Tecnológica, de la educación superior universal y gratuita, de la industria aeroespacial, de la flota argentina de bandera ELMA, el matrimonio igualitario,  y muchísimos aportes muy valiosos que desde nuestra historia, que es donde debiéramos buscar la experiencia y las soluciones que necesitamos, nos interpelan.

Pero no, gran parte de nuestra dirigencia política quiere perecerse a cualquier cosa que no sea la República Argentina.

Esta actitud vergonzante y colonial es en buena medida responsable de las dificultades que padecemos. En lugar de repetir lo que nos diera buenos resultados en el pasado, hoy todo se resume a grandes relatos “refundacionales” carentes de envergadura conceptual y política, que solo nos conducen a la frustración de pretensiones de copia, inviables para nuestro país.

El inolvidable Arturo Jauretche en su más inolvidable libro “El Medio Pelo” señalaba a los “tilingos” como aquellos que repetían sin pensar ejemplos extranjeros como la solución para Argentina.

Ya es hora de mirar a nuestra historia y a nuestras experiencias para afrontar nuestros desafíos.

No somos Nueva York ni Finlandia, y millones de argentinos tampoco lo queremos ser. Solo queremos parecernos a la República Argentina, a la que nos dieron nuestros padres fundadores, a la que necesitamos recuperar.

Diarios Argentinos