Primer discurso de Alberto Fernández en la ONU: Entre las tensiones de Trump y Xi Jinping

La Asamblea General de Naciones Unidas, en su septuagésima quinta edición, no pudo escapar a la virtualidad. Resguardando las distancias sociales, los líderes del mundo tuvieron que ofrecer sus conferencias anuales a la distancia.


Por Lic. José Ignacio Gangi Jacobacci y María Belén Jaime


La Asamblea General de Naciones Unidas, en su septuagésima quinta edición, no pudo escapar a la virtualidad. Resguardando las distancias sociales, los líderes del mundo tuvieron que ofrecer sus conferencias anuales a la distancia.

En un contexto marcado por la reciente elección del primer presidente norteamericano en el Banco Interamericano de Desarrollo y la oposición manifiesta entre Trump y Xi, la Argentina construyó su discurso en torno a reivindicaciones históricas y al multilateralismo.

Multilateralismo como eje conceptual

Retomando las prédicas de Francisco, Alberto Fernández realizó un “llamamiento al mundo entero a recrear un multilateralismo basado en nuestra solidaridad”, insistiendo en que “no es tiempo de globalizar la indiferencia, sino de globalizar la solidaridad en múltiples dimensiones”.

El presidente insistió en la necesidad de que la vacuna del COVID-19 sea un bien público global “accesible a todas las naciones y de una manera equitativa”.

Atento a los condicionantes que estructuran la coyuntura nacional y a un contexto global signado por la recesión y el endeudamiento, también destacó la necesidad de generar nuevas alternativas multilaterales que faciliten la reestructuración ordenada de las deudas y garanticen fondos para el desarrollo.

En este mismo sentido, afirmó que resulta indispensable rever el modo en que se concibe la cooperación. Haciendo hincapié en que “más del 60% de los pobres habitan en países de renta media”, Alberto Fernández pidió adoptar una perspectiva multidimensional para determinar los criterios de ayuda para el desarrollo.

Esta ponderación de un sistema de características multilaterales y “solidario” acerca, al menos en términos discursivos, el posicionamiento nacional al impulsado por el gobierno chino. Como su máximo mandatario Xi expresó, China se encuentra comprometida con “una economía mundial abierta y un sistema multilateral”.

A su vez, este discurso puede ser interpretado como un refuerzo simbólico a la búsqueda de un posicionamiento pragmático por parte de la Argentina, en un contexto donde Estados Unidos parece tomar impulso sobre la región con la postulación y posterior elección de un representante propio a la cabeza del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Migrantes, bloqueos económicos y AMIA

En referencia a las crisis de refugiados, Alberto Fernández instó a la comunidad internacional a respetar los derechos humanos de los involucrados y, en una clara alusión a las nuevas sanciones dispuestas por Estados Unidos sobre Venezuela e Irán, a rechazar la utilización de estas herramientas “que solo asfixian a los pueblos”.

Esta condena a los bloqueos económicos parece haber hecho las veces de un guiño frente a la situación iraní y de preludio a la posterior voluntad expresada por parte del gobierno argentino de retomar las negociaciones con dicho país por el caso AMIA.

En este mismo sentido, invitó a la comunidad internacional “cumplimentar con las solicitadas contenidas en las cédulas rojas de Interpol ante la eventual presencia de un imputado en sus territorios”, reafirmando que esto es algo que la República Argentina jamás dejó de reclamar.

Reivindicando viejos reclamos

El presidente Fernández, retomando el vigor de los reclamos realizados a lo largo de las gestiones kirchneristas, condenó enérgicamente la indiferencia del Reino Unido a las iniciativas de negociación encomendadas por las Naciones Unidas e invitó a dicho Estado a retirar la “desmedida presencia militar en las islas, que no hace más que atraer tensión a una región caracterizada por ser una zona de paz y cooperación internacional”.

Siguiendo el pragmatismo que caracterizó su discurso, denunció la explotación unilateral e ilegal de recursos naturales renovables y no renovables en el área, que han resultado en el  agravamiento de las controversias. En el contexto del discurso, este reclamo incorporó una nueva herramienta legal: el reconocimiento por parte de la ONU del nuevo mapa territorial argentino, con la extensión de la plataforma continental aprobada en 2017.

           

Políticas de género, medioambiente y desafíos de la política exterior argentina

Respecto de las políticas de género, el presidente argentino resaltó el reconocimiento de la ONU a los avances desarrollados por Argentina durante la pandemia, además de subrayar la importancia de considerar la transversalidad de la problemática a la hora de diseñar políticas públicas.

En cuanto a la problemática medioambiental, el presidente hizo referencia a la necesidad de cambios estructurales que contemplen la “provisión de recursos financieros, la creación de capacidades y la transferencia de tecnología por parte de los países desarrollados, a la luz de los principios de responsabilidades comunes pero diferenciadas” como condición necesaria para avanzar sobre el Acuerdo de París.

Frente al complejo panorama económico y sanitario que enfrenta el gobierno argentino fronteras adentro, políticas de poder blando como las desarrolladas anteriormente pueden representar una herramienta válida para interpelar al público interno y cimentar la gobernabilidad de la gestión actual, visibilizando demandas populares a nivel global.

Como ha dejado en evidencia la presente Asamblea General, el frente externo tampoco presenta desafíos menores.

En el escenario sudamericano, la República Argentina deberá convivir y proyectar sus relaciones en el marco de gestiones neoliberales que no ven con buenos ojos el tinte progresista del gobierno actual, ni las instituciones integracionistas heredadas en la región, a menos que sirvan para generar acuerdos de libre comercio. Del mismo modo, las negociaciones por la reestructuración de la deuda, esenciales para ampliar el margen de maniobra nacional y poder responder a las demandas socioeconómicas internas, representan un escollo frente al equilibrio que pretende mantener Argentina de cara al conflicto entre Estados Unidos y China.

En el marco de estas condiciones, la política exterior argentina parece encaminarse poniendo en marcha prácticas multilaterales para construir consensos que contribuyan a facilitar las negociaciones relativas a la deuda y anteponiendo el pragmatismo a sus relaciones con socios estratégicos -Brasil, China, Estados Unidos-.

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