Fanatismo por la Igualdad

OPINIÓN. La desigualdad y no la pobreza, es el principal problema de nuestro país. No saldremos de la pobreza sin hablar de la riqueza.


Este 26 de julio como cada año, se recuerda el paso a la inmortalidad de María Eva Duarte de Perón. Defensora tenaz de un modelo político y económico de justicia social en nuestro país, que mejoró para siempre las expectativas de movilidad social ascendente de los trabajadores y de sus familias. En medio de la colonización neoliberal a que ha sido sometida gran parte de nuestra dirigencia, es válido recordar aspectos de aquellas ideas y contrastarlas con las ideas actuales de la economía, las que en su amplia mayoría, solo han provocado hambre y desigualdad.

En un memorable discurso organizado por la Comisión Auxiliar Femenina de la CGT en 1949 Evita diría “El fanatismo es la sabiduría del espíritu” y explicaría que “el fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a emoción y a corazón”. Evita no pensaba que la moderación de los dirigentes populares fuese una virtud, más bien pensaba lo contrario.

Nuestro país atraviesa la peor pandemia de la humanidad en 100 años, sin que aún, a pesar de lo sucedido, las principales fortunas de nuestro país, mayormente ligadas a prebendas estatales y no a virtudes “competitivas” de mercado, hayan puesto la mano en el bolsillo.

Ningún aporte excepcional, ningún esfuerzo fuera de lo común, solo la monserga anti estatal en defensa de la “impunidad privada” mal llamada propiedad. Privilegios financiados con la recaudación tributaria de un sistema, donde el único impuesto que no se evade es el que pagan por igual ricos y pobres, el impuesto al consumo.

Mientras tanto, la comunicación de que Ecuador se ha transformado en el “Leading Case” de Sudamérica, en términos de renegociación de deuda, tanto para el Departamento del Tesoro como para los Bonistas, cayó como una bomba en Olivos. Sobre todo por la inaceptable, aunque aceptada por Ecuador, eliminación de las Cláusulas de Acción Colectiva (CACs) sin las cuales, quienes no acepten la reestructuración, no estén sometidos a ningún “acuerdo mayoritario” y puedan, como buitres, volar felices por los alrededores de Foley Square, en honor a Thomas Griesa. La presión para que Argentina firme lo que le pongan delante, seguirá.  

Más allá de un entusiasmo elogiable en algunos despachos oficiales por los tres minutos que esta semana Jamie Dilon, el CEO de JP Morgan nos dedicó en un podcast de autopropaganda, el “gran futuro”, que según él, le espera a la República Argentina, no conmovió a los “inversores” que parecen creer que los muertos también pueden pagar.

El apoyo explicitado por medio de un comunicado del llamado G6, a la propuesta del Gobierno para con los acreedores de la deuda externa, pareciera en defensa propia. La Unión Industrial Argentina (UIA), la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Sociedad Rural Argentina (SRA), aspiran a seguir manteniendo su condición de tomadores de deuda en el extranjero y no han ofrecido nada más que el comunicado. Criticaron y siguen criticando  ferozmente cualquier alternativa de justicia fiscal que aporte un solo dólar más, para apagar el incendio, que nos dejó el gobierno que avalaron y votaron.

Con este panorama a la vista, el gobierno parece convencerse de que la vocación estadounidense para “ayudar a nuestro país” es bastante menos explícita y verificable de lo previsto, y entonces empieza a explorar otros caminos. La gestualidad “pro hemisférica”, Venezuela incluida, no ha reportado ningún beneficio en el principal ítem donde el gobierno de Donald Trump podría hacernos un aporte. La renegociación de la deuda externa macrista; atada como un ancla a nuestro cuello, en vísperas de ingresar al mar turbulento de la post pandemia.

En esa dirección, esta semana hubo tres decisiones importantes y elogiables del Gobierno, para recobrar autonomía política y sostener la gestión:

El directorio del Banco Central consiguió la renovación de los dos ‘swaps’ chinos que vencían este último viernes y que permiten una imagen de solvencia de las reservas argentinas en un momento muy delicado de nuestro país. Una vez más el Banco Popular de China sirve de muleta de última hora, ante el indisimulable desprecio, del sistema financiero radicado en La Gran Manzana, para con nuestro futuro.

El segundo logro de esta semana lo protagonizo el Senado Nacional, derogando el DNU 1053 de noviembre de 2018, que emitido por Mauricio Macri les concedía un pago de 23708 millones de pesos por “compensación”, a las empresas prestadoras de la provisión del servicio de gas domiciliario, a las que les interesa su país, que habitualmente no es el nuestro. El Decreto de Macri establecía un total de 24525 millones de pesos, por “desfasaje cambiario” de los cuales el 6 de diciembre, con un alto grado de compromiso con la “continuidad jurídica del Estado”, el Gobierno de Cambiemos pagó 817 millones.

En el debate del Congreso y como siempre sucede, las “fisuras” de Juntos por el Cambio entre “halcones” y “palomas”, que solo existen en el imaginario de algún cronista bienaventurado, volvieron a no exhibirse, mostrando un bloque sólidamente conducido por los “halcones”, que alinean tras de sí en cada debate, a todo el palomar de la fuerza conducida por Mauricio Macri.

Resta la ratificación de Diputados, donde tal vez las “palomas” de Juntos por el Cambio tengan la posibilidad de hacer otra cosa que subordinarse a la política de Macri-Bullrich, como hacen en cada posición pública.

La tercera buena noticia de la semana económica, en tiempos de crisis sanitaria y económica profundas, producto del Covid-19, estuvo referida al compromiso del gobierno con la continuidad del programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) que se extenderá hasta diciembre, con especial énfasis en las “actividades críticas”. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) también tendrá un tercer desembolso solidario, inmensamente necesario en este contexto.

La pandemia se profundiza, sin que el futuro mejore por si mismo la desigualdad creciente. Antes de esto el 10 por ciento más rico de la población mundial tenía el 45 por ciento del ingreso total. Algunos informes sugieren que el 82 por ciento de toda la riqueza creada en 2018 fue al 1 por ciento de la población más privilegiada económicamente, mientras que el 60 por ciento en los estratos sociales más bajos, no vio ningún aumento de sus ingresos en ese año, en relación a 2017. Todo indica que 2020 será peor.

La desigualdad y no la pobreza, es el principal problema de nuestro país. No saldremos de la pobreza sin hablar de la riqueza. Cualquier discurso moral, abogando por un capitalismo de solidaridad voluntaria, solo es un sermón de la montaña si no tiene vocación de intervenir desde el estado, captando recursos de los más ricos, para su redistribución.

Una nueva desilusión democrática, es anhelada y fomentada por el neoliberalismo con tenacidad cotidiana, para que “se vayan todos” y se queden ellos.

Desde 1798 cuando el suizo Jean Jacques Rousseau escribió “Sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” sabemos que la desigualdad social y política no es natural. Evita lo sabía bien cuando dijo “El mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo”.

Tal vez haga falta más fanatismo por la igualdad. No vendría mal.

Diarios Argentinos