Eva Perón, entre el mito y una verdad

Por: Fernanda Giribone Stanley


Eva Perón murió el 26 de julio de 1952 a los 33 años. Al día siguiente, con su cuerpo embalsamado, vestida de blanco y llevando un rosario que le regaló el papa pío XII, fue velada en un ataúd con tapa de cristal. Su temprana muerte no implicó el olvido, sino que por el contrario la llevó a la inmediata construcción de un mito. Reconocida por luchar por los más desfavorecidos, se convirtió en una figura que sigue hoy despertando sentimientos contradictorios. Su carácter de ícono, forjado por su singular relación con el pueblo, ha marcado profundas controversias en la historia Argentina. 

María Eva Duarte, la esposa del General Juan Domingo Perón, más que una primera dama, como la suelen llamar, fue uno de los líderes políticos más reconocidos del país en todos los tiempos. Sobre la dupla, muchos postularon que, mientras Perón era el estratega, Evita era la expresión de sensibilidad en el gobierno. Hay quienes la comprenden como un derivado directo de Perón, su compañero y maestro, de quien aprendió política a través de su ejemplo. ¿Sin embargo, es posible explicar al peronismo y a Perón sin ella?

Lo que queda claro es que esta joven, con una vida de Cenicienta -la hija ilegítima de una familia de poco dinero-, gozaba de una firme convicción, y alcanzó sus sueños de gloria. Trasladada desde Junín a la capital del país para triunfar como actriz, encaminaba una carrera prometedora en el espectáculo, cuando conoció a Perón, y eso alteró sus planes. Sin embargo hay que destacar, que un año antes y por cuenta propia, ya había despuntado el vicio político, al fundar el sindicato de la radio donde trabaja, demostrando a los 23 años sus dotes de dirigente.  

Cuando tenía 24, Eva Duarte conoció al General Juan Domingo Perón en un evento de solidaridad relacionado con la ayuda a las víctimas del terremoto de San Juan. Al año siguiente, cuando el golpe de Estado obligó a Perón a dejar la vicepresidencia Eva y Perón ya se encontraban juntos. Este golpe, la renuncia forzada de Perón y su posterior detención, provocaron como es sabido, la célebre movilización obrera del 17 de octubre, que obligó al régimen a convocar a elecciones y a liberar a Perón.

Con el ascenso del peronismo, Eva irrumpe en la escena política, logrando una legitimación para la mujer en la sociedad, que incluso hoy sigue siendo altamente meritoria. Comenzó su carrera política acompañando a Perón en la campaña electoral presidencial de 1946, como su esposa, pero era evidente que su intención siempre fue desempeñar un papel político autónomo.

Evita jugó un rol protagónico en la vida pública de aquel momento, con el mérito que esto implica, pues las mujeres estaban confinadas al hogar, y carecían de derechos políticos por aquel entonces. En su militancia hizo visible a un sector postergado de la sociedad Argentina, y dedicó parte de su gestión a consolidar derechos de las mujeres y niños. En este camino lideró la campaña por la sanción del voto femenino, que desde el siglo XIX era una reivindicación fundamental del feminismo, tanto en el plano nacional como internacional. En Argentina, desde comienzo de siglo, grupos feministas entre los que se destacaron personajes como Alicia Moreau de Justo, habían reclamado sin éxito el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres.

Además de su conocida militancia en la acción social, a través de la Fundación Eva perón, hay que decir que Evita nunca desatendió la construcción política, hecho que la llevó a fundar el Partido Peronista Femenino. Así, el 29 de julio de 1949, en el marco de la primera asamblea organizativa del Partido Peronista se fundó el Partido Peronista Femenino (PPF), cuya característica principal fue ser una estructura política constituida exclusivamente por mujeres. El PPF funcionó con total autonomía dentro del movimiento, y con una táctica política propia, basada en la penetración territorial, a partir de unidades básicas femeninas, que canalizaban la militancia directa de las mujeres.

El movimiento peronista quedo organizado entonces en tres ramas que funcionaban con relativa autonomía: la rama política, la rama sindical, y la rama femenina. En este esquema de poderes heterogéneos del movimiento, Evita quedó en una situación privilegiada, al ocupar también otro papel fundamental, y convertirse en el vínculo directo entre los Sindicatos y Perón. Eva, que desarrolló una intensa tarea sindical desde el Ministerio de Trabajo y Previsión, se convirtió en una aliada del sindicalismo, razón por la cual también impulsaron su candidatura como vicepresidente, para la fórmula de reelección de su marido.

Pese a que la candidatura de Evita era considerada un hecho, ella rechazó el cargo con un mítico discurso, que hoy es conocido como el día del renunciamiento. Las razones que la llevaron a su dimisión son y serán objeto de controversia. Los diversos análisis que pretendan acercarse a una realidad deberán sopesar sin dudas la cuestión de sus problemas de salud, así como diferencias políticas, sobre todo la presión de los sectores más conservadores que veían en Evita, y en la posibilidad de que una mujer apoyada por los sindicatos pudiera ser elegida vicepresidenta de la Nación, a inminente amenaza.

Menos de un año después del día del renunciamiento la salud de evita colapsó. Con solo siete años de carrera política, su paso a la inmortalidad marcó un hito para la historia de Argentina. Su cortejo fúnebre fue visitado por más de dos millones de personas durante las dos semanas que duró su funeral, demostrando la conmovedora lealtad que le tenían el pueblo argentino.  Sin embargo su figura, al igual que el peronismo en general, siempre dividió aguas en la sociedad, y la oligarquía -como ella se refería a sus oponentes-, no dudó en festejar su muerte. Y hoy, la estampa política de Eva Perón, sigue despertando controversias y sentimientos encontrados, aún a casi 70 años de su muerte.

Su figura ha sido re-apropiada y re-significada por la sociedad Argentina en numerosas ocasiones. Cada hecho político sustancial vuelve sobre su persona, y busca reafirmarse en su identidad. Hoy la emergencia de movimiento de mujeres, de la cuarta ola feminista, ha dado en revitalizar su propia versión creativa de la militancia de Evita en el movimiento de mujeres. Proceso inmerso en la tradición política del peronismo, que ha tenido una relación altamente contradictoria con las cuestiones de género.

En la ideología peronista del período se reforzó la idea de lo doméstico como ámbito natural de la mujer. En este sentido, si bien el PPF reforzó la pata política del movimiento peronista, hacia su interior tendió a encorsetar la acción de sus afiliadas exclusivamente en el plano de la asistencia y lo social. Las Unidades Básicas Femeninas, fueron como una extensión del espacio doméstico.

Eva, fue crítica del feminismo de su época, y su figura no fue la de una mujer emancipada que luchaba contra el patriarcado, sino la de una madre trabajadora, la madre de la Nación. Por este motivo hay un feminismo que la impugna, por haber reforzado de algún modo, con sus acciones la dominación patriarcal.

Sin embargo Evita supo abrirse camino en medio de una sociedad de hombres fuertes y de poder. Como mujer transgresora y rebelde, Evita no escapó al estigma mujer ambiciosa y trepadora. Más allá del conservadurismo de sus postulados y del peronismo, su política hacia la mujer fue una intervención objetiva que llevó, por la vía de los hechos, a la politización de la mujer. Por todas esas circunstancias, la figura de Eva Perón se convirtió en emblema del derecho femenino a participar activamente en política y en el mundo del trabajo.


Sobre la Autora

Fernanda Giribone Stanley es periodista y estudiante de Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Jujuy.

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