Europa en tiempos de pandemia: ¿un rebrote de la ultra derecha?

OPINIÓN. Las protestas anti COVID-19 de la última semana en Alemania y Gran Bretaña vuelven a poner en foco estos procesos socio políticos en clave radical y nativista en el Viejo Continente.


Las protestas anti COVID-19 de la última semana en Alemania y Gran Bretaña vuelven a poner en foco estos procesos socio políticos en clave radical y nativista en el Viejo Continente. Desde las primeras protestas anti cuarentena de Francia, España e Italia, hasta los sucesos más recientes en Londres, Paris, Zúrich y Berlín, vemos como se configura un creciente descontento popular hacia esta “nueva normalidad” que descansa en las medidas sanitarias adoptadas por los gobiernos europeos. Esta situación ¿puede ofrecer una nueva oportunidad para los partidos de derecha radical? Veamos.


Protestas en Berlín. Fuente: Euronews



Lo que fue


El escenario internacional ha cambiado su configuración hacia un mundo multipolar de competencia y de cierta desconfianza respecto de las reglas actuales del comercio mundial. Fundamentalmente, la guerra comercial entre EE.UU. y China por imponer esas reglas de juego, dan cuenta de un orden internacional en disputa. Desde 2008 y, enfocándonos en Europa, la situación económica mundial obligó a reforzar medidas de austeridad en la denominada Zona Euro. Esto provocó una profunda crisis de legitimidad democrática, que se retroalimenta con la puesta en marcha de políticas de ajuste ortodoxo, a fin de equilibrar las cuentas de los países más afectados (especialmente los de la Europea Mediterránea).
Podríamos pensar que el proceso europeo previamente referido ha impulsado el crecimiento del fenómeno populista de derecha que, a diferencia de los fascismos de antaño, está dispuesto a jugar las reglas de juego de la democracia moderna, pero rechazando el carácter liberal de ésta. Los tres temas claves que permiten construir consenso giran en torno al conservadurismo popular: la inmigración y lo extracomunitario; el complejo entramado institucional tecnocrático que caracteriza a la Unión Europea; y los cambios en el modelo de familia tradicional como núcleo básico organizador de la sociedad. Lo paradójico del caso es que estos movimientos populistas de derecha dicen representar al “hombre de pie”, pero finalmente terminan polemizando con sectores que no forman parte de las élites económicas y sociales de Europa: los inmigrantes, las minorías étnicas y de género, los excluidos del sistema, etc.: de esta manera “pegan hacia abajo”, en palabras del reconocido politólogo neerlandés Cas Mudde. Otra característica fundamental de este fenómeno es la insolidaridad latente pero siempre presente: así como se atacan a los grupos más desfavorecidos dentro de una sociedad in situ, tampoco hay lazos recíprocos de cooperación y acuerdo entre los diferentes “hombres políticos” que detentan este tipo de liderazgos en Europa. Lo paradójico del caso es que estos liderazgos han logrado, con eficacia, interpelar al sujeto político europeo anti globalista, anti elites, y eminentemente conservador en lo social.

Lo que es


La crisis desatada en la Unión Europea, a raíz de la expansión del COVID-19, ha dado lugar a la denominada “nueva normalidad”: confinamiento, mascarillas, hisopados masivos, distanciamiento, rebrotes… Todas escenas que se fueron repitiendo a lo largo y ancho del bloque regional.
Miles de manifestantes contrarios al confinamiento y a las medidas de protección sanitarias adoptadas por los Estados, se dieron cita en las calles de varias ciudades europeas: sin distanciamiento, negándose a portar mascarillas, negando las restricciones sanitarias y arguyendo la urgente necesidad de “poder elegir con total libertad” el curso de sus actos cotidianos.
Y sumado a lo anteriormente expuesto, la situación de rebrotes e incrementos de casos de COVID-19, que tampoco ayuda a amenizar el hastío social que se percibe. Recordemos algunos datos duros de la enfermedad a nivel global: la pandemia ha causado alrededor de 840.000 muertos en todo el mundo desde la aparición del virus en diciembre de 2019. En todo el planeta se han diagnosticado aproximadamente 25 millones de casos de infección del nuevo coronavirus, según los datos oficiales más recientes de la Organización Mundial de la Salud.

¿Lo que será?


En relación a lo expuesto en los apartados precedentes, y dado este clima tan complejo, queda entonces preguntarnos si es directamente posible asociar las protestas anti cuarentena con la eficacia de los partidos de derecha radical presentes en Europa, o si hay algo más detrás de las manifestaciones recientes.
Dada la cantidad de fake news y teorías conspirativas que circulan libremente por internet, en esta era de la híper-conectividad o de la información, nos encontramos con numerosos sujetos políticos que parecieran no pertenecer y/o responder directamente al encuadre de los populismos de derecha que se han suscitado en el continente a lo largo de los últimos diez años, por lo menos.
Y en este sentido, se están vislumbrando dos cuestiones: por un lado, la movilización de sectores de la sociedad europea, descontentas con el manejo de la epidemia por parte de los gobiernos, pero por sobre todo, con una profunda desconfianza hacia la democracia liberal tal cual la conocemos; por el otro, los partidos y/o movimientos de ultra derecha, que esperan capitalizar ese descontento del “pueblo frente a las elites de gobierno”, e incrementar su consenso y eficacia en torno a un discurso reaccionario que busca justamente “pegar hacia abajo” como decíamos anteriormente, y lo logra en gran parte: si analizamos las últimas protestas en Italia, podemos ver por caso, que se busca culpabilizar a los inmigrantes que requieren asilo humanitario como la gran masa que dispara los contagios no sólo en la Península, sino también a lo largo de Europa. Entonces, podemos inferir que estos dos polos de la ecuación se retroalimentan entre sí.
En un reciente artículo de opinión, el filósofo sur coreano Byung Chul Han ha reflexionado acerca del peligro que representa para el liberalismo occidental el desarrollo y manejo de la pandemia, debido a la disciplina y control que los gobiernos imponen a las sociedades vernáculas en pos de salvaguardar el cuerpo (sagrado) y proteger la existencia. ¿Será que la hipervigilancia sanitaria termine por conceder favores a la galaxia de la extrema derecha, de modo que podamos ubicar rebrotes autoritarios a lo largo de Europa (y del mundo)? ¿O bien las manifestaciones anti cuarentena se aplacaran por cansansio, en tanto y en cuanto no logren encolumnarse en ninguna propuesta “anti establishment”? De una forma u otra, no deberíamos cometer el error de ver estas manifestaciones como una anomalía societaria, pues más bien resulta ser el corolario de una profunda desconfianza en el orden liberal de los Estados occidentales, que parecen engendrar en su seno diversos motivos de contradicción.


Sobre la autora


Mariana Polizzi es Politóloga con orientación en Relaciones Internacionales (UBA), Profesora de Ciencia Política, y Doctoranda en Ciencias Sociales. Especialista en Estudios Europeos. Integrante del Programa de Estudios Sociales y Políticos entre Italia y Argentina (IIGG UBA). Coordinadora e Investigadora del Observatorio de Política Internacional del Centro de Estudios de Política Internacional – Universidad de Buenos Aires (CEPI UBA).

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