Estudie a los ricos

Por: Tomás Aguerre

“Estudia a los ricos y poderosos, no a los pobres y desempoderados (...) ellos ya saben lo que falla en sus vidas”. La frase le pertenece a Susan George, filósofa, politóloga y, entre otras cosas, presidenta honoraria de ATTAC. La sigla puede sonar conocida: es la asociación internacional que insólitamente fue acusada de financiar el terrorismo esta semana en Argentina. ¿El motivo? Una transacción de 15 mil dólares que recibió para llevar adelante actividades durante la semana del G20 en nuestro país.

Parece este un buen contexto para “estudiar a los ricos”, tal como sostiene George. Latinobarómetro presentó esta semana su estudio para la región sobre el estado de la opinión pública en América Latina. El resultado es preocupante en varios sentidos, con percepciones sobre la confianza en la democracia en sus niveles más bajos a nivel regional.  

Pero es este mismo estudio el que nos permite empezar a contar con algunas aproximaciones para “estudiar a los ricos”. ¿Por qué sería importante hacerlo? En primer lugar, porque según este trabajo 8 de cada 10 latinoamericanos sostienen que se gobierna para unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio.



¿Quiénes son estas “clases altas”? Según el trabajo, la definición varía de acuerdo al país. El indicador de clase está construido en base a la auto percepción de los encuestados. Dicha percepción está más asociada a un indicador de poder que de ingreso, sostiene Latinobarómetro. Así, son cinco países centroamericanos los que encabezan el tamaño de las clases altas mientras que Chile, Argentina, México y Brasil tienen las clases altas “más pequeñas”, según la propia percepción.



El descontento con la democracia que registra Latinobarómetro tiene que ver, en parte, con la situación económica que atraviesa la región. De ahí ṕodría derivarse que son los sectores más afectados por la situación económica los que presentan mayor desconfianza hacia el sistema democrático. Y sin embargo, según el estudio, las clases altas presentan los niveles más elevados de indiferencia frente al sistema político: son quienes menos encuentran relevancia entre que un régimen sea autoritario o democrático en la región. Se trata de uno de los indicadores que más empeoró en cuanto a la valoración por la democracia: no fue tanto el crecimiento de la aceptación de los autoritarismos como el crecimiento de aquellos a los que cualquiera de los dos sistemas les da igual.




¿Es saludable para el sistema democrático unas clases altas indiferentes al sistema político? Seguramente no. Los rasgos de las élites, como sostiene Susan George y tantos otros autores, son generalmente motivos de menos estudios, comentarios y abordajes. Sin embargo, representan una parte relevante de la vida democrática de nuestros países: sus decisiones individuales afectan la vida del resto de los ciudadanos y las ciudadanas como nadie puede hacerlo.

Comprender la naturaleza de fenómenos de este tipo debiera ser prioridad de estudios académicos, de investigación y periodísticos. La deriva de los valores democráticos en la región todavía aparece, a grandes rasgos, más como una posibilidad que como una realidad concreta. Comenzar a abordar el fenómeno sólo desde el punto de vista de las fallas económicas de los sistemas democráticos puede llevar a respuestas parciales que provoquen estrategias fallidas. La mirada integral necesita, entre otras cosas, también “estudiar a los ricos”.


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