Estados Unidos: la democracia secuestrada

OPINIÓN. Asistimos a la crisis terminal de un sistema y del Imperio que representa a las burguesías en el poder.

Foto: Reuters.


En la tarde de ayer nos conmovieron las imágenes de cientos de personas entrando en forma violenta en el Capitolio de Estados Unidos. Desde 1814 no ocurría un hecho similar. Este país hace más de 150 años que viene sembrando odio, discordia, invasiones, guerras, enfrentamientos y golpes de estado en distintos países del mundo, para preservar sus intereses y los de sus empresas nacionales. Hoy esa agresión se volvió, como un bumerang, hacia sí mismo.

La crisis que sacude a los EE UU atraviesa todos sus estamentos institucionales. Tanto los dos partidos mayoritarios, como el empresariado, los distintos grupos del capital financiero internacional, los lobbies representativos del núcleo de poder, las Fuerzas Armadas y de Seguridad, los sectores productivos y de negocios están divididos.

El toque de queda decretado por la alcaldesa de Columbia, y la decisión de Trump de pedirle a los manifestantes que se vayan a sus casas, después de incitarla a los disturbios, calmará la situación, pero lejos está de cerrarse el conflicto.

Algunas preguntas surgen: ¿es posible sostener una democracia en un país con el grado de concentración de la riqueza y desigualdad a que se ha llegado?, ¿Lo que ocurrió es simplemente responsabilidad de Trump, o es un síntoma de una crisis mucho más profunda?, ¿pueden seguir los EEUU pregonando las virtudes de la democracia, y simultáneamente saquear al mundo para que los pueblos le paguen su crisis?

La democracia ha sido secuestrada por el neoliberalismo. La democracia representativa ya es impotente para solucionar los conflictos y desigualdades presentes. Asistimos a la crisis terminal de un sistema y del Imperio que representa a las burguesías en el poder.


Hoy se cayó el telón, el Imperio quedo desnudo.


Pero, ¿qué hay detrás de esta situación?, ¿qué intereses hay detrás de los 70 millones de votos de Trump?

Una vez más insistimos: EE UU se debate en una creciente decadencia multidimensional. El sistema capitalista arrastra una crisis terminal agravada a partir de la década del 70 del siglo pasado cuando ingresó en su etapa de reproducción financiera. Lo que ocurre en EE UU no es producto de la irrupción de un presidente desequilibrado que pone en riesgo las instituciones, sino una disputa de poder mucho más profunda y grave.

En EEUU se disputan dos proyectos antagónicos. Por un lado, los sectores mayoritarios del Gran Capital Financiero transnacional, sumados a gran parte del Pentágono que dirige la OTAN, grandes cadenas de medios, distintos lobbies empresariales, poderosos bancos, etc., denominados Globalistas porque se plantean un gobierno mundial apelando al poder militar, financiero y al control social a favor del avance tecnológico. Para sintetizar podríamos decir que intentan conformar un “Imperio Global”. Los representantes políticos de este proyecto son Barack Obama, Hillary Clinton y el electo presidente Joe Biden. Detrás de ellos se encuentra casi todo el Partido Demócrata y una parte del Partido Republicano.

El otro proyecto, encarnado por Donald Trump, y que cuenta con el apoyo de un sector de su Partido, aspira a recuperar a EEUU como Nación líder y poderosa del universo. Se sostiene en un empresariado vinculado a la producción, poderosos bancos, medios de comunicación, magnates del negocio petrolero, laboratorios farmacéuticos, parte de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, parte del Poder Judicial, etc. Este último grupo, denominado los Americanistas plantean recuperar el prestigio y el poder estadounidense.

Son dos proyectos irreconciliables, ya que los Globalistas inclusive plantean no solo la disolución de muchos estados nacionales sino el debilitamiento de los propios EE UU, la liquidación del dólar como moneda de intercambio internacional y la sumisión de su poder militar a la OTAN.

Por lo tanto, asistimos a una confrontación de enormes dimensiones que ya cuenta con varios capítulos: la caída de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001, la crisis financiera y derrumbe de Lehman Brothers en 2008, las ordenes y contraordenes relacionadas con la salida de tropas de Medio Oriente, la creación y disolución de bloques de libre comercio como el Acuerdo del Atlántico (TIIP) y el del Pacifico (TPP) por sus siglas en inglés, etc.

El episodio producido hoy marcará un hito histórico en la vida del país del norte y un debilitamiento aun mayor de su poderío en el contexto internacional, pero seguramente no será el último en esta confrontación de pesos pesados.

El sueño “americano” ha llegado a su fin, y ahora miles de millones debemos crear otro.


Sobre el Autor

Rubén Darío Guzzetti. Es analista de Relaciones Internacionales, miembro de IADEG, IDEAL y CEFMAA.

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