¿Es mucho?

Cristina, Jefa y accionista mayoritaria del Frente de Todos, conduce un “gobierno ex post facto”. No es una opinión. Es un dato. Tampoco es del todo una novedad.

Cristina, Jefa y accionista mayoritaria del Frente de Todos, conduce un “gobierno ex post facto”. No es una opinión. Es un dato. Tampoco es del todo una novedad.

CFK advirtió con dureza que hay funcionarios que no funcionan (Carta 1) y que hay ministros y legisladores apichonados por el miedo, los que  deberían estar buscando otro trabajo (Acto 1 en La Plata).

Habrá más Cartas y Actos, a medida que avance la Campaña electoral y  mientras en la gestión de Alberto el marcador sólo compute a favor, como hasta ahora, goles imaginarios.

Estas cartas y discursos son equivalentes históricos a los planteos militares en los gobiernos civiles del 58, 63 y en el de Estela Martínez de Perón desde fines del 74 hasta el golpe final del 76, que inauguró el período más nefasto de la historia argentina. Volvamos.

CFK – al igual que los Jefes militares que “habían permitido” el Juramento en la Casa Rosada -  en lugar de subir a la cabina de comando, reemplazando la tarea delegada, utiliza el método de la “rectificación ex post facto” de las medidas de gobierno. Este modelo de “gobierno ex post facto” desgobierna.

Aclaro. Un mérito de todo gobierno es la generación de la confianza en los ciudadanos que le permite, a todos y a cada uno de ellos, bajar las defensas – no pagar seguro – y alentar el futuro.

La confianza es tener fe y la fe es una virtud hacia el futuro.

Un gobierno que no genera confianza inculca la inseguridad –un costo enorme – y aplasta la fe que es ocluir el futuro.

El que gobierna sin generar confianza, desgobierna. Una manera de desgobernar es ir en una dirección y tomar súbitamente la contraria; o bien anunciar una mirada y trocar las decisiones en otra: ese ir y venir anuncia choques, accidentes, magullones políticos. No es para confiar.

Todo “gobierno ex post facto” no sólo no genera confianza sino que la ahuyenta.

Ningún gobierno militar generó confianza. Los salvajes extremos del genocidio o la guerra no lograron amalgama alguna y sólo generaron escepticismo y desconfianza.

Los procesos pseudo democráticos del 58 y del 63 o el control militar desatado en el 74, luego de la muerte de Perón – gobiernos ex post facto – tampoco generaron confianza.

La democracia es la legitimidad de origen y ,al mismo tiempo, el funcionamiento pleno de las instituciones, la confianza en el equilibrio de los poderes y la salud de cada uno de ellos, es la condición necesaria e insustituible, para la generación de la confianza social.

Todo gobierno de facto o – esta variante – de “gobierno ex post facto”, no puede generar confianza.

Primero porque interrumpe la legitimidad de origen, colocando la decisión donde no fue decidido ponerla por parte del pueblo; interrumpe el funcionamiento pleno del Ejecutivo y , en este, como en los casos previos, atenta contra la “independencia” de los otros poderes. Cuando Arturo Frondizi - con el apoyo de Perón desde Madrid y con el peronismo proscripto por las leyes militares - gana las “elecciones limitadas” no pudo ejercer el poder en plenitud.

Era un poder delegado, la mayor parte de los votos “eran prestados” y el apoyo fue retirado.

Fue el primer ejemplo de “gobierno ex post facto”. ¿Por qué?

Los Jefes militares se reservaban “el derecho” de presionar si las medidas tomadas no les parecían apropiadas. Las mismas debían ser cambiadas o rectificadas.

La lección es que, a pesar de esa debilidad estructural, Frondizi fue un innovador que supo aprovechar una coyuntura internacional favorable a su pensamiento estratégico.

El tenía un pensamiento estratégico anunciado antes de su gobierno. Muchas de sus decisiones pertenecían a un programa de desarrollo.

Su ideólogo, Rogelio Frigerio – consciente de la debilidad estructural del poder político que tendría Arturo – adoctrinó, durante la campaña electoral, a parte de las fuerzas militares haciéndoles llegar a todos los oficiales de alta graduación un ejemplar de “Estatuto del Subdesarrollo” donde se fundamentaban las “rupturas sistémicas” que debía producir un gobierno que él sabía débil y anticipaba corto.

Frondizi profundizó decisiones que Perón había iniciado. Desarrolló la industria automotriz y la apertura petrolera a la inversión extranjera.

El desarrollo automotriz produjo una transformación estructural tan extraordinaria como lo fueron otras grandes políticas estratégicas. Lo fueron la política de industrialización por sustitución de importaciones iniciada en los años 30 o la transformación social impulsora del desarrollo por el mercado interno a partir del 43 del siglo XX.

El Presidente Frondizi, asediado por los planteos militares semana tras semana, mantuvo firme algunas políticas transformadoras. Aunque cedió a planteos militares llevando al ministerio de economía a personajes como Álvaro Alsogaray o Roberto Aleman que formaban parte del ejército monetarista y primarizante que su política estructural intentaba superar.

Lo estratégico central, la industria automotriz, permaneció más allá del discurso primarizante y monetarista que usaba al poder militar para imponerlo.

Frondizi – que sufrió las consecuencias de un “gobierno ex post facto” monitoreado por los Comandantes en Jefe que habían “permitido” su elección con los votos provistos por el peronismo proscripto – sin embargo tenía un Plan y cómo sabía el para qué y el cómo, produjo – más allá de errores enormes – transformaciones estructurales positivas extraordinarias que le permiten todavía el reconocimiento histórico de haber sido el presidente del “desarrollo”.  

¿A qué viene esta historia? Hoy tenemos una dualidad similar.

Fernández es el “presidente electo” por designación de Cristina Fernández.

Ella no podría haber ganado aquella elección. Pero sin su designación ni Alberto ni ningún otro candidato, en nombre del peronismo, podría haber triunfado.

Volvamos. Los Jefes militares de entonces sabían que jamás serían elegidos por el pueblo. Pero tenían el poder de la proscripción y entonces, la capacidad para “admitir” candidatos y se reservaban, por la fuerza de las armas, “el derecho de admisión” de las normas que el elegido decidiera sancionar.

Cuando gobernaban los militares teníamos gobiernos “de facto”.

La originalidad es que inauguraron con Arturo Frondizi, los “gobiernos ex post facto”: el elegido por los votos – con todas las ilegitimidades electorales – gobernaba… pero si los Jefes militares estaban en desacuerdo se daba marcha atrás. Método destructivo que erosionaba el escaso poder inicial y toda la confianza.

Las Cartas y el Acto, son copia de los planteos: advertencias en voz alta de quién puede disparar, porque eligió y permite. Por lo menos eso es lo que parece hasta que ocurra lo contrario.

El ejemplo de “rectificación magna” es la Resolución 2987 del Ministerio de Salud. No es el único, hubo muchos a lo largo del año. Por ejemplo la cuestión de las vacunas es una más en la larga lista.

Volvamos a la Resolución 2987 del Ministerio de Salud que había autorizado un aumento del 7% para la medicina prepaga por la “emergencia sanitaria sin precedentes" y por "el estado crítico de los prestadores".

La Resolución 2988 – que anuló la 2987- fue dictada por el ministro "por expresa decisión del Presidente".

Ginés González García “reconoció vía el hecho de la nueva resolución” que no había  tenido en cuenta el impacto inflacionario del aumento que había autorizado.

Expresó con claridad dos cosas: el ministro pertenece a la legión de los funcionarios que no funcionan del todo (Carta 1) y a la de los que según  CFK tienen miedo de decir que no (Acto 1) a los empresarios que lo pidieron.

Además reconoció – o al menos “alguien” dijo – que no sabe tener en cuenta que en “una economía de precios inflexibles a la baja” todo aumento – por exiguo que sea – es inflacionario, o lo que es lo mismo que, si los salarios están constantes, todo aumento los baja en términos reales.

Extraordinario lo que ocurrió y que no haya logrado despegar a nadie de la silla.

Un caso ejemplar de rectificación en término de horas, con Boletín Oficial ad hoc.

El responsables del área recibe a los sectores, estudia el problema, expone las consideraciones de la medida, publica la medida que proponen el Subsecretario, el Secretario, y firma el Ministro con la vista previa del área legal del ministerio.

Hay muchísimas horas hombre del sector público (que no son baratas) y pedidos, gestiones y lobby del área empresaria correspondiente.

No podemos imaginar que nadie que esté detrás o al costado de esta firma en el ministerio no se haya comunicado, previo a la medida, con la Casa Rosada o que el Jefe de Gabinete haya sido ignorado en una medida de esta importancia que, si no fuera así de importante, no habría sido rectificada. ¿O no?

Asombra la marcha atrás, en tan pocas horas y sin que ocurrieran consecuencias imprevisibles e imprevistas, de una decisión que esas mismas personas discutieron, reflexionaron – siendo los expertos en el tema – durante horas.

Finalmente, si la rectificación es original de la Casa Rosada tenemos un gravísimo problema de solvencia técnica de las medidas de gobierno.

Si en pandemia, con el protagonismo absoluto de lo sanitario, que ha llevado al cierre de las escuelas, una medida referida al sector va y vuelve en horas, no habla de solvencia y asusta.

Como CFK no es parte del Ejecutivo que gobierna mientras el Presidente está a cargo, entonces sólo “gobierna ex post facto” a los actos del gobierno y en ese caso, no es la solvencia solamente lo que está en cuestión, sino la autoridad que duplica la gravedad.

No es el único caso en este año. Sumemos las relaciones con Venezuela, los avances y contradicciones con las negociaciones con el FMI, jubilaciones, aumentos de combustibles, etc. Contradicciones que equivalen a una apuesta a la merma de confianza publica. ¿Por qué Cristina?

Lo que debemos deducir es que la Jefa considera que el “estudio del problema y las consideraciones” que llevaron al aumento decidido por los responsables del área está mal (los funcionarios no funcionan) y como “tienen miedo” de decidir bien, Ella indica la rectificación.

Estamos en un estado de “gobierno ex post facto”: marchas y contramarchas, contradicciones.

Dado que este método está en la naturaleza ¿hay manera que Fernández le ponga una impronta transformadora a esta gestión?¿hay manera de superar el dilema?

Partamos de la base que “el poder original” está en manos de Cristina y que no está discutido en el interior del FdT y tampoco en el ejercicio del gobierno.

Alberto Fernández en el Acto dijo: “Hice lo que me mandaste” confirmando la génesis de las decisiones finales.

¿Cuál es la alternativa a la erosión de la confianza pública que genera este tipo de gobierno y que – en la actualidad – establece que las decisiones o son dictadas por CFK – que no está en el día a día – o son dictadas por AF pero que no son definitivas hasta que pasan el control del Instituto Patria y el telefonazo de CFK?

El método de Arturo Frondizi, frente al ex post facto militar, fue tener un proyecto estratégico transformador con dinámica propia que le brinde autonomía y una vez en marcha pasaba por encima del control militar.

Para tener ese proyecto hay que acudir a una estructura de pensamiento sistémica que se aproxime a las oficinas del Plan que supo tener la Argentina hasta 1974.

Los gobiernos del peronismo se iniciaron con un Plan y con oficinas de públicas de pensamiento. Las mismas se continuaron en el tiempo progresando técnicamente durante 30 años. La última etapa fue la del Plan Trienal elaborado por el INPE que fue la continuidad del CONADE, pero asignado al Ministerio de Economía.

No hay estrategia sin Plan y no lo hay sin un centro sistémico de pensamiento ad hoc.

Francia ha reinaugurado, frente al proceso de desindustrialización y desequilibrios que la pandemia ha exhibido en su osamenta desnuda, la tradición de Plan y pensamiento estratégico.

En torno de la recuperación de su patrón industrial erosionado ha decidido iniciar su impulso industrial para el desarrollo a través de siete sectores que requieren de decisiones públicas.

Ellos son la industria automotriz, la aeronáutica, la espacial, las telecomunicaciones, la industria ferroviaria, la electricidad, los medicamentos y los dispositivos médicos.

Esta decisión – de una potencia europea que ha visto reducir, en el ciclo del neoliberalismo y la globalización, su industria, su capacidad de empleo y el tejido social, a la mitad de lo que representaba en el producto en los años 80 del siglo pasado –considerando las distancias enormes de realizaciones y potencial, entre Francia y nuestro país, nos incita a dos reflexiones.

La primera la urgente selección de sectores con mayor potencial en la industria de transformación, de las que las mencionadas son ejemplo. La segunda la selección de países que, en el desarrollo de su propia industria, puedan ofrecer transferencia de tecnología, realización de obras y financiamiento a muy largo plazo sea para el capital privado o el público de nuestro país. 

El ejemplo francés invita a formar ese consorcio de pensamiento en el seno del gobierno, formular una estrategia de desarrollo sectorial y una política de alianza sectorial con países desarrollados.

Francia es un gran candidato y muchos, si no todos, esos sectores cuyos bienes son imprescindibles para nuestro desarrollo, pueden ser “sectores estratégicos de alianza” con una potencia media como la gala, que no implica una atadura dependiente como cierta desesperación por mercados está induciendo a diseñar.  Me refiero a la improvisada alianza pro china que comparten Cristina y Macri: que tienen intereses convergentes entre ellos pero no necesariamente con el futuro del país.

Una opción estratégica, esta o la que sea, permitirá escapar a la oclusión que genera el “gobierno ex post facto” condenado a la marcha atrás.

Pero sin proyecto estratégico con una dinámica propia que le genere autonomía, Fernández, estará condenado a un gobierno en temblor. Las construcciones tendrán que ser antisísmicas.

Pero en el entretanto, el año 2021 estará signado por la necesidad de dólares. Todo crecimiento está condicionado a la restricción externa y todo diseño de coyuntura está signado por el acuerdo con el FMI.

El corto plazo económico se llama dólar. 

¿Hay en curso algo a favor? La debilidad de la moneda dólar y la salud económica de China, más las noticias climáticas que no aseguran el nivel de la oferta, están haciendo revivir buenas viejas épocas apuntaladas en el precio de la soja: la que los K odian y que tantos mimos les provee.

Susurra el retorno de una suerte de viento de cola y se insinúa un empuje ¿parecido?, al que nos sacó del pantano de 2000.

Aquél pantano, generado por la contradicción estructural de la convertibilidad, había empinado la pobreza, generado una tasa insólita de desempleo, derrumbado a la economía.

Hoy, al pantano generado por las  lluvias de Macri, se le sumó, la pandemia y la vacilación que confunde de todas las decisiones económicas nacionales, la demora en el acuerdo con los bonistas, la confusión de las palabras de los aliados del FdT, el mal manejo inicial del BCRA, las interferencias K al acuerdo con el FMI y a la política de Martín Guzmán, están haciendo estragos tremendos.

La última de la semana es la amenaza de una política anti exportadora que se sugiere a partir de la prohibición de exportar maíz para que baje el precio interno (desvinculándolo de manera absoluta del mercado externo) y así congelar ese costo en tanto insumo de la industria cárnica y de la alimentación.

Los lobistas del “pollo” hace unos años consiguieron de CFK subsidios para la actividad. Hoy esos subsidios son imposibles, entonces a alguien se le ocurrió la idea de prohibir exportar maíz. ¿Avisan que se gobernará a machete limpio?. ¿Nada de zanahoria?. ¿Matando dólares presente y futuros?

La “mesa de los argentinos” con los K se fumó 10 millones de cabezas de ganado vacuno.

Gabriel Delgado, el que habría de ser ministro agropecuario y estratega del gobierno de Alberto y que nada hizo Alberto para sostenerlo, avisaba, en su trabajo de 2019 “1000 tips para la política agrícola que necesita la sociedad argentina”, que los precios de la carne vacuna habrían de subir en 2020 y 2021 porque antes hubo liquidación de vientres, y avisaba que este gobierno debía tejer una alianza con el sector agropecuario y avisaba – con esos tips – que muchos como él han pensado una política para el campo, para la industria del campo y para el crecimiento de la economía y de la sociedad. Una mirada estratégica.

Fernández no lo designó ministro, no tomó su trabajo para inspirarse y por eso ha sido capaz de esta medida inútil que además será efímera y sólo perturbará.

Lo dicho. Sin estrategia, sin plan y – coincidiendo con CFK en que no parece tener un equipo de profesionales en la gestión, y sin una central de pensamiento que los oriente en el largo plazo, seguiremos en la prueba y retroceso propios de un “gobierno de ex post facto”.

Fernández y todos los argentinos esperábamos otra cosa.

¿Y si el rey está desnudo? La única manera de saberlo es trazar una estrategia para la economía, para la sociedad y también para la pandemia para pasar de largo la barrera del Instituto.

No podemos seguir a los tumbos, a los autitos chocadores, a “no” “que no lo hagas” o volver a los días de CFK porque, aunque quieran, no hay stocks para liquidar.

¡Que Fernández tenga una estrategia para gobernar! Es todo lo que pedimos…y que ella abandone la Jefatura ex post facto. Las dos cosas. ¿Es mucho?

Diarios Argentinos