Entre la encerrona y el suspenso

Por: Carlos Leyba


El gobierno está en una encerrona y la sociedad se encuentra en estado de suspenso. Una está en riesgo de desesperanza y el otro rodeado por los muros de enormes dificultades.

El suspenso, en el alma colectiva, lo provocan cuatro razones que dan lugar a ese estado de tensión a la espera del anuncio de salida.

A la espera de una “salida” - porque no queremos seguir estando donde estamos y nada de lo presente sugiere una “salida”- el “no saber”, desespera.

El suspenso genera desesperanza y eso es extremadamente grave. ¿Qué lo produce?

La vida en cuarenta produce un estado de suspenso. No sólo sanitario. La vida cotidiana está en suspenso, sin colegios, sin trabajo, sin mañana. Y además, clave, sin tratamiento de la enfermedad. Las enfermedades se tratan. Ante la enfermedad se trata de la cura. 

La autoridad sanitaria no nos informa, en todo caso no sabemos si lo hace, si analiza con un consejo científico, mucho más amplio que el de los infectologos, incorporando todas las disciplinas médicas, las experiencias de tratamientos posibles que, inclusive en el país, han tenido resultados mejores que “el no hacer nada hasta que la crisis nos lleve a la terapia intensiva”.

Sólo tenemos en el horizonte, vacuna - salida lejana - o respirador o que la naturaleza nos de la solución. Mientras tanto no tratamos, esperamos. Suspenso sanitario. ¿Qué le cabe al Estado? ¿Sólo el anuncio de seguimos en el mismo lugar?

El default. El suspenso desde hace meses: ¿entramos o salimos del default? ¿Entretanto qué? ¿Qué si salimos del default? ¿Qué si no lo logramos?

Es cierto, lo dice Alberto Fernández, desde Mauricio Macri estamos en “estado de default”.

La elección de Martín Guzmán fue la de quién venía con la fórmula para salir del default. Hace seis meses que esperamos el anuncio de la salida. Estado de suspenso: ¿el estado de default es un escenario “sin salida”? ¿Cuál es el escenario que el gobierno imagina después de entrar al default formal? ¿Qué hará? O ¿Cuál es el escenario si no entramos en default? La construcción de escenarios ante la emergencia es una necesidad y una urgencia. ¿Quién está trabajando en ello?

Un tercer elemento de suspenso es de entera responsabilidad de este gobierno. Lo genera la propuesta de “un nuevo modelo de organización económica”. ¿Cómo se originó?

El primer paso lo dio una diputada de La Cámpora que propuso que el Estado se cobrara con el capital de las empresas las ayudas obligadas que produjo, produce y producirá la cuarentena productiva. Muchas empresas de toda dimensión estarán en esa situación día tras día.

La propuesta de esa legisladora se disipó. Alberto Fernández descalificó a la legisladora al asignarle la emisión de “ideas locas”. Pero la temperatura de suspenso volvió a subir con la iniciativa, esta vez de una senadora, también de La Cámpora, que propuso expropiar la cerealera Vicentín en concurso de acreedores. Ahí estamos.

¿Habrá expropiación de Vicentín? Tal vez no. Hay muchas razones para pensar que no ocurrirá.

Sin embargo, en el Día de la Bandera en “El Destape” – una radio militante K - el presidente dijo que "El propósito … es que el Estado tenga la mayoría accionaria y se haga cargo de la empresa; …buscando los caminos para que el Estado…  resuelva los problemas y tengamos una empresa que nos permita ver como ese mercado funciona y se desarrolla"; y que "Si el juez dice que no a la propuesta, solo nos queda expropiar".

Y agregó su interpretación de la Constitución Nacional “los DNU son leyes y no la voluntad del ejecutivo".  Fernández descuenta que con sólo el favor del Senado cualquier DNU será ley.

Lo primero no es cierto: es la voluntad del Ejecutivo. Lo segundo lo hace automáticamente verdadero. Esta última cuestión, que una ley se sancione con el voto positivo de una sola Cámara, es una perforación que a la norma de la sanción de todas las leyes con el voto de dos Cámaras, le ha inferido la Constitución del acuerdo de Carlos Menem y Raúl Alfonsín.

¿Inaugura el método de expropiación un nuevo modelo de organización económica como sugiere uno de los economistas más allegados a Cristina Fernández, Alfredo Zaiat? ¿Será posible? Veremos.

El cuarto motor del suspenso es la pendiente económica negativa en la que estamos: como en una pesadilla sentimos y nos resbalamos sin tener donde asirnos.

Si hoy el PBI por habitante es igual al de 1974, pero el número de personas pobres, necesitadas de ser asistidas, es 20 veces más que entonces; si el Gasto Público, en relación al total del valor agregado, es el doble que hace cuatro décadas; la deuda externa es enorme y en aquél entonces no era un tema relevante; y si la tasa de inversión de los últimos tiempos apenas es la mitad, en relación al PBI, que la de entonces, ¿podemos ir más abajo? Haciendo lo mismo, sí.

La pendiente barranca abajo genera el suspenso de ¿cuándo se detiene la caída?

La cuarentena sanitaria paraliza la economía, el default no augura reanimación y la incertidumbre del presunto nuevo modelo de organización económica, que desde La Cámpora se ventila, contribuye a la excitación que se convierte en parálisis cuando contemplamos los hechos y los pronósticos económicos.

Este marco, que describe con mayor o menor precisión situaciones y sensaciones compartidas, reclama con urgencia la arquitectura de la política para generar la certeza, la convicción, de que quienes están al comando tienen un rumbo y procuran llevarlo a cabo con todos adentro.

Una navegación sin exclusiones y con rumbo cierto.

¿La palabra oficial está llenando esa necesidad? Y si no lo está haciendo ¿hay expectativas que pueda llenarla o que tenga la convicción y la capacidad para hacerlo? Veamos.

Los mensajes sobre la cuarentena y la enfermedad requieren de mucha mas claridad y unidad de discurso. Hay voces alarmistas que salen de medios oficiales. Hay quienes anuncian una cuarentena interminable. Hay quienes afirman que no hay otro tratamiento que la cura espontánea o, en la crisis, la terapia intensiva. Y hay quienes afirman que, en esa tesitura, no tenemos todo lo necesario y que – a pesar de la cuarentena – no hemos logrado equiparnos para el pico. ¿Será así?

El presidente debería dar un mensaje de lo mucho por hacer (y de lo que se está haciendo) para explorar la posibilidad de aplicar tratamientos que reduzcan las exigencias de la cuarentena; y las certidumbres que se está invirtiendo, para aprovechar la cuarentena, en su misión de alejar el riesgo de colapso sanitario.

No se trata de inventariar lo que hicimos sino de asegurar lo que vamos a hacer.

En materia de inventarios es mucho más necesario hacer el inventario del futuro que repetir el del pasado.

Los mensajes sobre el default hablan de un arco contrario que se corre todo el tiempo y de la existencia de un límite que no podremos traspasar; y de la sensación que el default sobrevendrá y que – en consecuencia – deberemos, fundamentalmente en el ámbito privado, prescindir del crédito que hace posible la actividad de una economía que es, desde el punto de vista del abastecimiento industrial, extremadamente abierta o si se quiere extremadamente dependiente de las provisiones externas y del crédito que las facilita.

No hay peor escenario de insustentabilidad que el del default.

Y si la estrategia no tuvo el éxito esperado hay que comprender que el éxito necesario es evitar el default. Sin duda que el daño a la economía lo hizo el endeudamiento irresponsable de Macri. Y que todo lo demás son consecuencias.

El presidente debería aclararle a la sociedad los costos, las consecuencias y los eventuales beneficios de las alternativas y las razones por las que ha elegido una y otra. Porque él es el que elige. Sin su firma no hay norma.

Veamos el suspenso que ha generado la propuesta de expropiación de Vicentín que tuvo un escenario protagónico. Del “nuevo modelo” hay señales de la proximidad CFK. Alfredo Zaiat –economista uno de cuyos libros fue recomendado por Cristina – en su artículo “El modelo Kulfas” (14/6/ Página12), propone un nuevo modelo de organización económica que “abre la posibilidad de encontrar la salida a ese laberinto de la economía argentina”. ¿Qué tal?

Ignoro si es la idea de Kulfas o la de Zaiat, aunque sospecho que un conjunto desordenado de citas no precisa el pensamiento del ministro de la Producción. El tráfico de citas es más habitual de lo reconocido.

Zaiat dice que la expropiación de Vicentín inaugura “el modelo”. ¿Si Vicentín no se expropia - que es posible -, entonces cuándo se inaugurará el modelo?

Zaiad anuncia que la propuesta del modelo es construir "clusters" en torno a los “recursos naturales” y que la expropiación (en este caso de Vicentín) “es para acelerar ese proceso”.

Luego será “empresa testigo” para lograr “una intervención estatal … en el comercio exterior de granos y la regulación de sus precios parclustersa toda la cadena productiva y para el consumo interno”.

Continua Zaiat que con esos  se “podrá determinar costos, precios y cadena de proveedores, actuar en forma contracíclica y definir políticas específicas para pequeños productores”. Y como si fuera poco gracias a ello se “facilitará la planificación estratégica del Estado en los mercados de cereales y cambiario” con una “capacidad de intervención amortiguando costos sociales y económicos”

Entonces, según Zaiat, la tetsigo será “una empresa estatal que podrá anticipar cómo viene la producción, lo que implicará mayor estabilidad, protección al consumidor y mayor rentabilidad para el pequeño productor”.  

Zaiat, próximo a Cristina y La Cámpora, sugiere que lo de expropiar Vicentín no sería obra de la emergencia sino la oportunidad esperada para inaugurar un nuevo modelo.

En este “modelo supuestamente Kulfas” lo que debe normalmente hacer el Estado, y que claramente no hace, lo harían una o varias empresas del Estado (habla de trigo, minerales, energía) concebidas como “clusters” de “control”. En algo tiene razón Zaiat: muchos de los números ocultan más de lo que muestran. Una anécdota: cuentan que cuando Mauricio Macri le dijo al presidente chino “Ustedes deben comprarnos más de X toneladas de soja , el chino le contestó ya le compramos 2X toneladas”.

Verdadero o falso, lo cierto es que en la Argentina no tenemos controles verdaderos de lo que se carga y exporta de granos, de petróleo, de minerales, etc., de lo que sea. Abundan las declaraciones juradas y escasean los controles electrónicos.

Resolver eso no es un problema de “empresas testigo” sino de un Estado que ejerza sus funciones (12 años K pasaron sin controles estatales y según Zaiat no piensan cambiar) que para eso está. No sería lógico que Vicentín (u otra expropiación) se convierta en una “privatización de los controles que debe hacer el Estado”.

A propósito cabe un comentario sobre YPF, empresa mixta, que ha sido meneada hasta el hartazgo y que está a años luz de ser “empresa testigo” y echar luz sobre el mercado energético.

La YPF histórica (del Estado) tuvo record de inversiones en exploración si lo comparamos con la etapa privatizada por el menemismo y parcialmente “estatizada” por el kirchnerismo.

La privatización no generó inversiones. Las provincias petroleras se hicieron de dólares. Mirando la estructura productiva de esas provincias, con ese dinero, nada cambio. Y en el caso de Santa Cruz, lo informado por la gobernación, nada quedó.

La representación de esa provincia en la Cámara de Diputados contribuyó a la entrega de YPF a la modesta distribuidora de combustibles española Repsol. Fue la mano derecha de Cristina Kirchner, el senador Oscar Parrilli, quién expusó el proyecto privatizador y gritó “no nos vamos a arrepentir”.

Con el kirchnerismo ingresaron a Repsol YPF los Eskenazi a través de una empresa australiana dueña de una empresa española, sin poner prácticamente un peso y haciéndonos ahora un juicio por miles de millones de dólares. Se hicieron del 25% de la empresa y del management, gracias a las gestiones de Néstor Kirchner y a un contrato que obligaba a Repsol YPF a distribuir las utilidades para – increíble – poder cobrar las acciones que “compró” Eskenazi. Ese management fue desastroso.

Cuando Repsol YPF no tuvo utilidades, fueron “estatizadas” el 51% de sus acciones. El resto de los accionistas mantuvieron la propiedad de sus acciones.

Hoy YPF está muy lejos de cumplir las ideas de “empresa testigo” que imagina Zaiat. Tampoco se le puede asignar ese papel a Aerolíneas Argentinas que es un “testigo” al revés. Su dotación de personal, extraordinariamente remunerado, es mayor al promedio del rubro y es el testimonio de una empresa mal manejada por la inmensa cantidad de dinero de su déficit operativo. No fue así en los años fundacionales. Los subsidios incluyen el viaje a Paris.

¿Quién duda que esos recursos podrían financiar parte de la reconstrucción ferroviaria? Un horror.

Aquí el punto: un Estado vigoroso controla y expone prioridades.

No es con “empresas testigo” que se logra sino con un Estado en serio que tiene administración sana y eficiente, en la Aduana, en la DGI, en el BCRA y en las oficinas públicas. Un Estado que programa, prioriza y ejecuta.       

Finalmente la última causa del suspenso en que vive la sociedad: la pendiente negativa de la vida económica y social. Si hacemos todo tarde, lo hacemos todo mal. Para evitar llegar tarde, aunque nada lo garantice, es necesario el ejercicio de prever y para eso es imprescindible “planificar”, es decir tener un plan, un programa, un “qué vamos a hacer”.

El gobierno administra esta recesión por goteos. Pero no está enfrentando de manera sistémica como sobrellevar la parálisis de la cuarentena; y mucho menos como preparar la salida de la misma, que deberá ser una reactivación del aparato productivo dormido.

¿Cuál es el programa para garantizar la fluida colocación de la producción de las industrias que comiencen a producir?

Las preguntas son muchas. Pero atención que las respuestas eficientes, eficaces y de menor costo, no se pueden obtener a menos que se tengan todas las preguntas procesadas y dialogadas con todos los sectores. La política es conversar, no explicar con los hechos consumados.

La sociedad está en suspenso. Es cierto. Pero el gobierno de Alberto Fernández está en una encerrona.

Una situación previa – la designación de la socia mayoritaria – que lo obliga a afrontar la pandemia y el default, bajo la presión de La Cámpora para ejecutar “ideas locas” y en una economía recesiva que profundiza esa condición por la pandemia, el default y las “ideas locas”.

De las encerronas como de los “laberintos”, decía Leopoldo Marechal, se sale por arriba de aquello que nos tiene en suspenso y que al mismo tiempo encierra al que gobierna.

Voz alta, firme y clara de cuál es su idea del futuro y de la cuarentena, de su tratamiento; del default y su superación; de las ideas locas y de las sensatas que las superan; y del programa para salir de este estancamiento ominoso.

Nunca hizo tanta falta la palabra. El verbo que esclarece. Eduarda Mansilla, en Lucía Miranda (1860), lo expresa de una manera irrefutable, habla de algo tenue que “más sirve para alumbrar tinieblas que para disiparlas”. Se trata hoy no de alumbrar, sino de disipar tinieblas, de correr todo aquello que nos tiene en suspenso. Y es la palabra presidencial. El compromiso de quien es el Jefe del Estado que es una tarea que no admite tenues sino claridades.

No lo haga tarde. En política la clave es llegar temprano. Anticiparse al suspenso y la encerrona.

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