En toda crisis hay una oportunidad

OPINIÓN. En una economía cuyo nivel de actividad ya se encuentra golpeado por la pandemia global y la recesión mundial, una devaluación adicional arrojaría más problemas que soluciones.

Foto: Expansión


A partir del lunes nuevas actividades comerciales serán habilitadas para operar en la Capital Federal y en algunas provincias. Lentamente, aunque aún en pandemia, la actividad económica está siendo autorizada a funcionar más, no a su plena capacidad, permitiendo de este modo que muchos establecimientos, particularmente del sector servicios, puedan volver a operar y que muchas personas recuperen sus empleos e ingresos. Este aumento de la actividad económica, iniciado en el sector industrial básico y finalmente extendido al sector terciario, incrementará la demanda de dólares necesarios de la economía para funcionar aumentando la presión sobre la demanda de divisas.

Si tomamos un tiempo t en el futuro, el cual representa el fin de la pandemia y la autorización irrestricta de toda actividad económica y establecimiento para funcionar a plena capacidad, puede determinarse una ventana o espacio de tiempo durante el cual la demanda de dólares será menor, dejando todo lo demás constante claro, a la que existiría sin pandemia. Ese lapso de tiempo es una ventaja para los hacederos de política que buscan regular los vaivenes cambiarios de los distintos tipos de dólar que operan en la argentina, así como para el nivel de reservas existente que enfrenta una demanda menor a la que existiría en similares condiciones, pero con libertad total de circulación.

Dada la pandemia no va a perdurar para siempre, ni tampoco las restricciones de oferta y de demanda por ella generadas, es menester más que nunca aprovechar dicho intervalo temporal para lograr una Pax Cambiaria y de este modo, reducir las presiones sobre los diversos tipos de cambio que constantemente traen consigo el riesgo de la devaluación del tipo de cambio oficial establecido por el BCRA.

En una economía cuyo nivel de actividad ya se encuentra golpeado por la pandemia global y la recesión mundial, una devaluación adicional arrojaría más problemas que soluciones. Los ingresos salariales de la mayor parte de la población seguirían disminuyendo medidos en dólares, así como su poder de compra real observado durante el último quinquenio, impactando negativamente en los ingresos de todos los productores de bienes y servicios.

El contexto financiero internacional es favorable a la Argentina. Luego de renegociar exitosamente con los acreedores privados el flujo de pago de gran parte de los pasivos en dólares, las tasas de interés fijadas por la reserva federal continúan en niveles mínimos sin perspectivas de aumentar a corto y mediano plazo, lo que desincentiva un mayor flujo de capitales hacia los Estados Unidos. Paralelamente la guerra comercial y disputa hegemónica de los Estados Unidos con China, aumenta el poder de negociación de la Argentina a la hora de acordar con los mismos.

En conclusión, Argentina no debería desaprovechar la oportunidad existente para coordinar una política monetaria, cambiaria y fiscal que evite una devaluación del tipo de cambio oficial y estabilice el valor de la moneda, que permita en el futuro incentivar un nivel de recuperación y fortalecimiento de la actividad económica, así como de la ampliación de las capacidades productivas.