¿En qué está pensando la sociedad civil?

Por: Sergio De Piero

Los encuestadores ya han comenzado su trabajo para rastrear las intenciones de voto en la ciudadanía. Todas las semanas conocemos nuevos senderos del jardín que se bifurca: en una encuesta Macri ya logró la reelección; en otra Massa resurge de las cenizas;  alguna anuncia que Cristina Fernández está a nada de ganar en ballotage; en la siguiente la ex presidenta desaparece y Pichetto o Urtubey tienen una notable intención de voto. Y así. Esa confusión, quizás, lo que nos esté diciendo es que la mayor parte de los hombres y las mujeres de la Argentina no están pensando hoy a quién votarán en las elecciones de este año. Otras encuestas indagan acerca justamente de qué temas preocupa a las personas en estos días. Y allí emergen, desplazando a la inseguridad, la inflación, la situación económica y como despuntando en el horizonte, amenazante, el desempleo. Atrás quedó también la corrupción. Hay disidencias según distintos estudios, pero de seguro los senderos se bifurcan mucho menos que las opciones electorales. La economía es hoy una preocupación cotidiana. En estos días se anunció la caída de la economía en noviembre pasado en un 7,5; el salario se contrajo durante 2018 en un 15,4, teniendo la mayor caída desde 2002 y la inflación del año pasado fue la más alta desde 1991!! (Esto es, todos los menores de 27 años conocieron en 2018 la inflación más alta de su vida; a los 27 años, quien esto escribe por caso, ya había vivido tres picos inflacionarios). Semejantes índices no hacen otra cosa que fortalecer las preocupaciones de quienes viven del trabajo o la producción. No es que los indicadores de inseguridad muestren mejoras notables (por el contrario en CABA si bien bajaron las muertes violentas en general, subieron los robos), pero mientras que la inseguridad pueden vivirse en momentos puntuales, separados unos de otros, el desempleo, el recorte de gastos, son situaciones que se viven de modo permanente, cotidiano.

A estas visibles dificultades económicas, que nos “regala” cotidianamente la imagen de mujeres, varones y niños revolviendo contenedores de basura en todos los puntos de la ciudad de Buenos Aires, debe sumarse el impacto que produce el nuevo tarifazo anunciado por el gobierno nacional y que tendrá una regulada implementación durante el primer trimestre de este año, pero un profundo impacto en la economía. Estas medidas, en el contexto de una economía inflacionaria y con suba del desempleo, vuelven a provocar en la sociedad civil, la necesidad de ocupar el espacio público para manifestar el rechazo a estas medidas. Y los actores sociales lo están haciendo en plenas vacaciones incluso en lugares de veraneo como la ciudad de Mar del Plata, que presenció el día jueves pasado una impresionante movilización por sus calles: un contundente rechazo al aumento de tarifas de servicios públicos de gas, electricidad y transporte. Ese mismo pedido se ha escuchado en los “ruidazos” convocados en distintos puntos del país en los primeros viernes del año; insisto: no ha sido poca la gente que salió a las calles para expresar su malestar por el costo que está significando el uso de servicios básicos.

En una dirección semejante se ha producido también, y me disculpo por el centralismo porteño de algunas observaciones, una situación novedosa para el Jefe de Gobierno de esta ciudad, Horacio Rodríguez Larreta; una de sus políticas de comunicación ha consistido en reunir “vecinos” en bares o en clubes para mantener un diálogo directo sobre temas de la ciudad. Los concurrentes se inscriben a través de las redes y son seleccionados por el propio gobierno, de seguro para evitar “sorpresas”.  La práctica ya tenía cierta rutinización y aunque mínima, le servía al gobierno para mostrar alguna cercanía y trato “cara a cara”. Sin embargo, la decisión de cerrar varias escuelas nocturnas activó a la comunidad educativa a manifestar un decidido rechazo a la medida y al menos tres encuentros de Rodríguez Larreta con ciudadanos, salieron de la zona de confort y se convirtieron en momentos sumamente incómodos para el jefe porteño, increpado por su política educativa. Es cierto que la noticia solo corre por las redes sociales, pero expresa una situación nueva, una conflictividad que hace apenas un año no se registraba en la cuna del macrismo.

Finalmente, desde luego sin agotar las expresiones públicas colectivas de protesta que se dan en nuestro país, mencionar las marchas convocada por los espacios de mujeres en repudio al fallo de los jueces que exculparon a los señalados como autores del femicidio sobre Lucía Pérez, sucedido en 2016. La potencia del movimiento de mujeres parece no ser suficiente para cambiar “costumbres”, en este caso instaladas en el Poder Judicial; el fallo mereció una crítica incluso de Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará, perteneciente a la OEA. Las marchas tuvieron una gran concurrencia en distintas ciudades del país, aunque su impacto en el plano jurídico, aunque aguarda.  

¿Qué enlaza a todas estas expresiones? No es muy difícil detectarlo: el rechazo. Son marchas de repudio, no de apoyos, y no son pocas, ni aisladas. Todos los días, incluso ahora en verano, sabemos de alguna. No he nombrado las protestas por despidos y cierres de empresas que dejan a decenas de trabajadores en la calle. ¿Qué está pensando la sociedad civil? En que algo, o mucho, no funciona. Es cierto que no recorre el heterogéneo espacio de la sociedad un deseo expreso por un cambio de gobierno, ni se vislumbra con claridad hacia donde se dirigirán sus preferencias electorales. Pero esto así como se está desenvolviendo, no parece ser del agrado de las mayorías ni de diversos grupos y espacios. Y la respuesta del gobierno permanece en el plano de los posible: “este es el único camino, no hay alternativas”, dejando a las claras que no espera “enamorar” a la sociedad con ningún relato, con ninguna esperanza de promesas de un futuro mejor. Y la sociedad parece responderle que ese camino no es viable, no es transitable y que demanda escuchar palabras y políticas sobre todo, de cara al futuro; porque ese desgaste puede ser imperceptible (para los grandes medios de hecho casi no existen estas expresiones) pero remite a la imagen de la gota que orada la piedra y que tal vez en algún punto inesperado genera un quiebre imprevisto. Y sin dudas también se lo dice, en este 2019, a la oposición. Tal vez muchos ciudadanos no sepan aún a quién votarán; pero ya expresan el futuro que no quieren.



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