En Pausa

Por: Suyai Verón


La importancia de los cuerpos para la constitución del sujeto se hace evidente en estos tiempos. El cuerpo es efecto, resultado de operaciones inaugurales que lo enlazan a una identidad y a un nombre. Se habita en un encuentro con otro.  Y pienso en todo lo que puede surgir de un encuentro. De cualquier encuentro. Hoy toman otros estatutos, sin embargo, siguen siendo de vital relevancia pero se encuentran signados por el embate de lo virtual que por momentos satura y  desborda. Las pantallas explotan. Sostienen pero también agotan. Necesitamos ponerlas un poco en pausa también.

Hay un entramado psíquico donde pueden localizase los agujeros de las contingencias traumáticas que probablemente se re-signifiquen con este encierro. El padecimiento subjetivo, inherente al ser hablante, hoy toma otras dimensiones quedando expuesto y de manifiesto. Al alcance de todos. Nadie está a salvo. Hablamos más de eso. En hora buena.

Estamos aún más vulnerables  y  algunos también vulnerados.  Y en todos los aspectos posibles. Lo social, lo íntimo, lo económico y lo privado, por lo cual, nuestra estabilidad emocional se coloca en jaque también. Los niños no son los únicos que pueden presentar regresiones. Los adultos de igual forma, si hay una sensación de fragilidad y de sensibilidad que nos circunda porque existe un trabajo psíquico puesto en marcha constantemente.  No basta la virtualidad. Si hay algo que se evidenció es justamente eso. Lo irremplazable de enlazarse y de los cuerpos. Precisamos a otro que no sea ni anónimo ni indiferente a nuestro padecimiento. Que aloje y sostenga Hubo lazos fortalecidos, otros re-encontrados y otros que se han roto y despedido.

Por eso hoy quisiera, más allá de las cuestiones inevitables que van a advenir y de las que seguramente ya nos ocuparemos, rescatar la dimensión de la ternura que se pone de relieve en estos momentos. Las caricias, los abrazos, los besos. Los gestos amorosos y el cuerpo. Eso irreductible. Todo ello hoy nos queda suspendido. Al fin y al cabo serán los gestos de ternura, esos que aún se permiten y aquellos que fantaseamos recuperar, los que nos van a socorrer para hacer más soportable este encierro mientras los cuerpos están en pausa.

Les regalo esta cita y me despido…

"Ha de ser un nervio, la ternura. Un nervio que se rompe y no se puede coser. Pocos seres conocí que hubieran atravesado las pruebas del dolor y la violencia, rara hazaña, con la ternura invicta." 

Eduardo Galeano

Diarios Argentinos