En medio de una jornada polémica, Claudia Piñeiro inauguró la Feria del Libro

La autora habló del rol del escritor, de la “grieta”, de la industria editorial, del aborto en su militancia y en sus novelas, del escritor como trabajador y de la necesidad de tener políticas públicas de promoción de la lectura.

Ser la responsable de dar el discurso inaugural de uno de los eventos culturales en español más importantes del mundo, como es la Feria Internacional del Libro, no debe ser sencillo, menos en un momento tan convulsionado como el que está atravesando el país en estos momentos. Sin embargo, y en medio de una protesta contra las políticas educativas del gobierno del PRO, la escritora Claudia Piñeiro dio un discurso valiente en el que planteó la necesidad de repensar cuál es el rol del escritor en la sociedad hoy. 

Luego de la intervención del representante de la Fundación El Libro y antes de que le tocara el turno a la autora de Tuya, era el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Enrique Avogadro, quien tenía que presentarse. Un grupo de alumnos y docentes de los 29 profesorados de la Ciudad se lo impidieron. En el momento en el que el funcionario subía al escenario, los manifestantes se levantaron de sus asientos. Le pedían que se retire el proyecto de UniCABA, la universidad que nuclearía a todos los profesorados terciarios.

Minutos después y en medio de los reclamos, Piñeiro subió al escenario y se paró en el medio, delante del atril. No se la escuchaba, tenía un tapado verde. La escritora pidió que la dejen dar su discurso y así sucedió.

En una sala inundada de pañuelos verdes y carteles, lo primero que hizo fue decir que estaba de acuerdo con la protesta. Luego comenzó a leer.

Habló de la educación, de la  necesidad de implementar políticas públicas de promoción de la lectura, de los problemas de la industria editorial y de sus abusos a los trabajadores, del compromiso político de los escritores, del trabajo invisibilizado de las escritoras, de pensar en el escritor como trabajador, de la necesidad de sancionar la jubilación de los escritores, de la falta de acompañamiento del Estado, del aborto en su militancia y en sus novelas y planteó la importancia de “disentir como estado de alerta, no como antagonismo sistemático”.

“¿Qué se espera de un escritor? ¿Alguien espera algo de nosotros? Tal vez sí. O tal vez ni siquiera que escribamos un próximo libro”, se preguntó al comienzo del discurso.

Y remarcó que considera que el lugar del escritor, citando a Graham Greene, es el de estar en conflicto con la autoridad. “Entiendo por autoridad –en nuestro caso- el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir. Me siento cómoda en un colectivo de escritores para los que la lealtad nunca deba ser con la autoridad, sino con el lector, con el ciudadano, con la literatura y con nosotros mismos”, reflexionó.

Los otros oradores no pudieron hacer uso de la palabra, entre ellos, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, quien, desde el escenario y con micrófono en mano, no paraba de decir que los maestros eran unos “fascistas” por irrumpir así en un acto como lo es la apertura de la Feria del Libro.

Tras la suspensión de la inauguración y tras cortar la cinta, Piñeiro habló con los medios y remarcó su acompañamiento al reclamo. “¿Dónde los van a escuchar si no es en estos actos?”, disparó, y así reafirmó una de las premisas de su discurso, el lugar del escritor hoy. “Tenemos la habilidad de ver con un lente más fino y mostrar lo que vemos con palabras. ¿Debemos usar esa herramienta? ¿Esperan que lo hagamos?”, había manifestado al relatar una anécdota que simboliza una situación que se repite de manera sistemática. “Hace un tiempo, Juan Sasturain contó en la contratapa de Página 12 cómo trataba de mantenerse en silencio en reuniones familiares o con amigos para no entrar en discusiones. Hasta que de pronto alguien tocaba un tema y al hacerlo trazaba una línea que lo obligaba a dejar claro de qué lado estaba. Coincido con él”, cerró.

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