"Empoderémonos. Hagamos posible la lactancia"

Por: Lorena Ribot

La Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se celebra todos los años del 1 al 7 de agosto para fomentar la lactancia materna y mejorar la salud de los lactantes en todo el mundo, conmemora la Declaración de Innocenti, firmada en agosto de 1990 por los gobiernos, la OMS, el UNICEF y otras organizaciones para protegerla y promoverla. Este año el lema es “Empoderémonos. Hagamos posible la lactancia”

La palabra empoderarse está muy vigente. Habla de recuperar un poder, un poder que está implícito, pero que fue olvidado, ya que em – poderar – se, tiene sentido si es que no somos conscientes de que ese poder está ahí, listo para hacerse visible. Una no puede empoderarse si ya sabe de su poder, porque ya es poderosa. Entonces empoderarse es una palabra que define la ausencia de poder. Ser poderosa, define eso: ser poderosa.

Las mujeres, como hembras de la especie humana, somos las que tenemos esa capacidad biológica, la de gestar, parir y amamantar. Un continuo biológico que, en el marco de una cultura amigable, puede expresarse sin mayores dificultades, pero cuando esa cultura irrumpe imponiendo paradigmas mentirosos, suele verse afectada profundamente.

La historia de la lactancia está atravesada por los intereses económicos que, viendo el potencial de mercado, han desarmado la confianza del género femenino en este punto y en tantas otras cuestiones que están vinculadas con la naturaleza mamífera que nos habita. Podemos dar la teta, claro, pero ese poder tiene que estar de la mano de la decisión que cada una de las mujeres que somos, tomemos en cada momento de la vida.

No el mandato de dar la teta, sí  a la conexión con nuestros sentires profundos que nos atraviesan cuando parimos, olemos a nuestros cachorros, los abrazamos, los sentimos piel a piel… y si la lactancia despierta con furia, hacerlo sin miedos y sin condicionamientos.

Debemos exigir al Estado respetar el Código de Sucedáneos de la Leche Materna (1981), prohibir las publicidades engañosas, sancionar a los sanatorios y hospitales que ofrecen mamaderas cuando las madres acaban de parir, interfiriendo en el estímulo necesario para producir leche. Si el bebé no chupa la teta, la teta no produce leche. Con cada mamadera, con cada chupete puesto en la boca de un recién nacido que llora buscando madre, hay una respuesta menos en la producción de leche.

Promover los lugares amigos de la lactancia, los espacios de trabajo con Lactarios, acompañar a las mujeres que deciden sostener la lactancia para que no desistan por falta de apoyo colectivo, ya que ese es el más grande obstáculo que tiene una mujer que decide amamantar y que a la vez, decide trabajar.

Que el trabajo y la lactancia no sean términos opuestos, ese es un desafío grande, un desafío que deberíamos tener delante todas y todos los que queremos una niñez saludable, porque, sin dudas, la leche de madre es lo mejor para el cachorro humano.

Si abrazamos a las madres, defendemos la niñez.

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