Emily Wilding Davison, la primera “mala feminista”

Fue una militante del sufragio femenino en Reino Unido. El 4 de junio de 1913 se paró delante del caballo del rey Jorge V en el Derby de Epsom y fue atropellada. Murió 4 días después a causa de las heridas. La historia de una mujer que quiso dejar de ser invisible.

El 4 de junio de 1913, la militante feminista Emily Wilding Davison se paró frente al caballo del rey Jorge V en el Derby de Epsom, Reino Unido, cansada de ser invisible. Murió 4 días después. Ese día nació la primera “mala feminista”, una mujer que luchó por todas y que recibió la condena y la burla de sus contemporáneos. Hoy, poco más de 100 años después, las mujeres vuelven a salir a la calle. Como si fuera una ironía del destino, otro 4 de junio se plantan para pedir por el aborto legal, seguro y gratuito. Para dejar de ser invisibles, de una vez por todas.


Emily nació el 11 de octubre  de 1872 en Blackheath, Londres. Tenía dos hermanas, un hermano ─y varios medios hermanos de otros matrimonios de su padre─. En 1981 obtuvo una beca para estudiar literatura. Al morir su padre tuvo que dejar los estudios: su beca había terminado y ya no podían pagar los honorarios. Sin embargo, esto no la detuvo. Consiguió trabajo como institutriz y ahorró para poder estudiar Biología, Química y Lengua y Literatura en el Colegio San Hugh, en Oxford. A pesar de que las mujeres por aquel entonces no podían obtener un título de manera oficial, sus excelentes calificaciones obligaron a la institución a concederle honores especiales.

En 1906, ingresó al Women's Social and Political Union (WSPU), la organización sufragista fundada tres años antes por Emmeline Pankhurst. Ellas fueron las llamadas "suffragettes", que lucharon fuertemente por el derecho de las mujeres a votar y fueron tildadas de enfermas mentales, de fanáticas, de antihombres, las consideraban un “peligro para la buena sociedad”. En más de una oportunidad terminaron tras las rejas por organizar escraches y manifestaciones públicas. Sufrieron vejámenes que les dejaron secuelas en sus cuerpos ─Emily sufrió serias fracturas en la cabeza y la columna─, pero no las amedrentaron.

En 1912, Davison pasó 6 meses en la prisión Holloway de Londres. Allí, inició una huelga de hambre para exigir que se reconozca su carácter de presas políticas. Fueron obligadas a comer mediante tortura ─a Emily le rompieron varios dientes al insertarle un embudo con alimento y casi la asesinan al inundar su celda con agua cuando se negó a salir─. Para terminar con los abusos a las que eran sometidas, se tiró por un balcón de la prisión.

Mucho se habló de la intencionalidad de la “sufragista” al pararse enfrente de un caballo a la carrera. Se habló de que su fanatismo la llevó a tomar medidas extremas ─a eso lo usaron como excusa para seguir negando el voto femenino—,pero existen evidencias de que Davison compró un ticket de tren para volver del Derby, una entrada a un baile para esa misma noche y hay cartas dirigidas a su hermana en las que planea una visita a su casa. Se cree que ella quería ponerle una bandera sufragista al caballo del rey ─que estaba presente en la carrera—, pero que hizo un mal cálculo y no pudo correrse a tiempo. Según los historiadores, el rey Jorge, al conocer la noticia, preguntó: “¿Está bien el caballo?”.

La prensa la demonizó. La trataron de “loca” y, en consecuencia, a todas sus compañeras, y hasta sugirieron que sus acciones habían hecho que se rechace aún más el derecho al voto femenino. La teoría de la infantilización femenina y su peligrosidad volvieron a la carga.

Su funeral fue multitudinario, sus compañeras la convirtieron en una mártir de la causa. Fue enterrada en el patio de la iglesia de Santa María la Virgen, condado de Morpeth, en una parcela de la familia. Su lápida tiene escrito una de las frases que marcaron la lucha de las sufragistas: "Deeds not Words," (“Hechos, no palabras").

En 1918, Inglaterra reconoció el derecho al voto para las mujeres mayores de 30 años. Una década después, se les permitió votar a la edad de 21 años, como lo hacían los varones.

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