Elecciones en Israel

Por: Horacio Lenz


Las últimas elecciones en el Estado de Israel reflejan una consolidación de la hegemonía política del Partido Likud (derecha a la israelí) liderado por el actual primer ministro Benjamín Netanyahu y con aspiraciones de continuar en el cargo. Sus componentes ideológicos son el nacionalismo, la defensa militar, cierto liberalismo económico y un Estado de Bienestar básico, que a su vez tiene una gran organización política con militancia en todo el territorio.

Con los resultados alcanzados, Likud seguramente podrá formar gobierno dentro del régimen parlamentario. Sumando al conjunto del arco derechista conformado además por los Partidos: Shas (sefaradíes), Yahadut Ha Torá (askenazi), Israel Beiteinu y Kulam que aportan 28/30 parlamentarios haciendo consagrar a esta coalición con una mayoría aproximada de 65 parlamentarios sobre un total de 120.

Es evidente que un conjunto de razones socioeconómicas sostienen la popularidad del actual Primer Ministro, pero otros factores como lo son la situación militar controlada, la extinción de  amenazas de terrorismo dentro del territorio y lo dicho, el boom económico que derrama bienestar y calidad de vida en todo el territorio, son parte del éxito.

La oposición buscó denodadamente producir un cambio en el marco político y construyó un frente denominado Azul y Blanco, donde unió el deshilachado  espectro de centro izquierda llevando como candidato al general  del Ejército retirado Benny Gantz, apoyado por el reconocido dirigente progresista Yair Lapid.

Es bueno recordar que en la tradición político israelí le dan espacio a los militares en el espectro partidario izquierdista. Esto es debido a que el origen de la IDF (Fuerzas Armadas Israelí) proviene de las defensas de los Kibutz, que eran granjas agropecuarias colectivas  desarrolladas en los primeros años de la creación del Estado hasta la década del 80.

Gantz logró alcanzar una representación del 28% del electorado, que implica un número aproximado de 35 parlamentarios, pero no llega a primera minoría y, además, le sería muy difícil armar coalición con los partidos de distintos matices religiosos.

La coalición Azul y Blanca (centroizquierda a la israelí) no pudo conquistar el centro y de ahí deriva su derrota electoral.

Este proceso electoral marcó algunos datos significativos para destacar como por ejemplo la peor elección de la historia del tradicional Partido Laborista, que conquistó solo 6 bancas. Dicha agrupación diseñó la política de Israel desde su creación como Estado hasta estos últimos años.

Una serie de factores internos, como la ausencia de propuestas para hablarle a la nueva demografía, los logros del actual primer ministro e incapacidad de representar una importante minoría en el éxito económico, hicieron del partido fundador de la Nación una simple y minoritaria expresión política nostálgica.

Lo mismo ocurrió  con el más izquierdista Meretz que solo logró 4 bancas. Otro factor a contemplar es el fracaso absoluto de la ultraderecha liderada por Moshe Fiegler del Zehut, que no alcanzó el piso del 3% para acceder a una banca.

Pero no son todos recursos auspiciosos para Benjamín Netanyahu que afronta un conjunto de demandas sociales que están sin resolver, como son el estrangulamiento del sistema de salud, el alocado tránsito y los retrasos en las obras de infractructura pública de transporte, las fuertes acusaciones sobre su política de “desarabización” que rompe el pacto social judío de igualdad entre todos y además las críticas por la permanencia en el poder y en la escena política desde 1996.

“Vuelve a casa Bibí, retírate con tu mejor estatura y los mejores recuerdos”, lo dijo el ex primer ministro Ehud Ólmert, experimentado político israelí, que expresó en esa frase un deseo cargado de recomendación, encerrando la idea que los períodos largos en la administración del poder terminan generalmente en fracasos.

Esta última campaña electoral es caracterizada por lo prolongada, dinámica y controversial, pero dejando claro la vivacidad y energía de la democracia.

El debate electoral en general circunda los caminos conceptuales de cómo garantizar de mejor manera dos soportes básicos e indivisibles de la Razón de Estado en Israel: Bienestar y Seguridad del pueblo.

Los programas de gobierno, tanto de Netanyahu como de Gantz, eran similares en los asuntos de interés general, pero apareció un aspecto en la democracia israelí que es el factor religioso más el nacionalismo. Este elemento último lo trajo consigo la migración rusa, luego de la desintegración de la URSS actuando como nuevo clivaje electoral, siendo hoy determinante ya que tiene dirección política con el líder del partido Beytenu, Avigdor Lieberman, y el premier Benjamín Netanyahu es el que mejor lo interpreta ese mandato donde convinó de modo flexible religión y patriotismo.  Por estas razones continuará gobernando en su quinto mandato.


El lápiz verde