El terraplanismo económico como oferta electoral



El pasado fin de semana cerraron las listas con las precandidaturas para las elecciones legislativas de este año y nos encontramos con muchas caras conocidas del ambiente mediático, escasa discusión de ideas políticas y exacerbados personalismos que no deberían hacer a una elección legislativa. Sin embargo, sabemos que así son las elecciones de diputados y senadores en Argentina.

Desde hace varios años, el terraplanismo económico, autoidentificado como liberal-libertario, anarcoliberal o a veces lisa y llanamente liberal, viene ganando escena en medios de comunicación. Sus definiciones llamativas, simplistas, que apelan a la obviedad y a lo que todos pueden entender, pero al mismo tiempo posicionan la culpa de todos los males en un ente externo a sus interlocutores y votantes tienen un efecto seductor, sobre todo en tiempos de crisis. Como venimos afirmando hace tiempo desde estas páginas (por ejemplo, aquí: https://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/las-ideas-econmicas-ante-la-crisis-de-la-masculinidad/29018), en Argentina el terraplanismo económico ocupa mediáticamente el lugar que en otros países es ocupado por los discursos racistas y xenofóbicos. Precisamente, si en Argentina lo que explota y lo que angustia es la economía, es lógico que los discursos de odio se disfracen de argumentos económicos.

Con la pandemia y la cuarentena como trasfondo, los discursos de la extrema derecha económica rápidamente se expandieron hacia temas asociados a las libertades civiles. A su vez, en el seno de amplias discusiones sobre derechos de minorías sexuales, educación sexual integral o interrupción voluntaria del embarazo, estos discursos han tenido casi sin tapujos una mirada reaccionaria, muchas veces con una militancia exacerbada. Es decir, lo que comenzó como un discurso eminentemente económico que reproducía muchos de los sentidos comunes de la ortodoxia pero los hacía pasar como significados rebeldes y anti-sistema se expandió en los últimos años hacia otras áreas, fuera de la economía, reproduciendo mensajes reaccionarios de lo más diversos.

Este fenómeno, que comenzó con discursos abiertamente anti-sistema cuasi-marginales, tuvo como consecuencia la presión sobre las derechas tradicionales. El corrimiento del escenario político completo hacia la derecha generó y sigue generando tensiones en los partidos tradicionales, que se ven obligados a responder a nuevas consignas que hace algunos años parecían ridículas (y hoy lo siguen pareciendo), como el retorno del comunismo. Así, y nuevamente con el trasfondo de la pandemia, en Argentina gran parte de la derecha tradicional, alineada con la coalición Juntos por el Cambio, terminó tomando algunas de las consignas fundamentales y sobre todo de las estrategias discursivas de esta extrema derecha y del terraplanismo económico. Los exponentes mediáticos del macrismo se derechizaron y se ridiculizaron con consignas como la infectadura, las marchas contra la cuarentena, la defensa de la ingesta de hidroxicloroquina o las denuncias por envenenamiento a funcionarios del gobierno por aplicar la vacuna Sputnik.

Si bien José Luis Espert se presentó en las elecciones de 2019 -y también lo hizo Juan José Gómez Centurión, con un discurso de extrema derecha no basado en la economía-, el magro resultado electoral, que no le permitió ni siquiera incorporar un diputado, fue expresión de la marginalidad de este espacio en la arena política, o de su sobredimensionamiento en medios de comunicación y redes sociales. Dos años después -y, de nuevo, pandemia mediante- el escenario es otro.

En estos dos años de gobierno peronista, el terraplanismo económico, la extrema derecha y la derecha de siempre han tenido más coincidencias que diferencias. Así, por ejemplo, compartieron las plazas de pañuelos celestes en el debate sobre el aborto del año pasado, donde la mayor parte de los diputados y senadores de Juntos por el Cambio votó en contra. También compartieron las manifestaciones anti-cuarentena.

En vistas a las elecciones, la confusión de los escenarios de ambos espacios llevó a necesarias negociaciones y a la conformación de distintas listas que pugnan por un mismo electorado. A esto se suma la división interna de la coalición Juntos por el Cambio entre el ala “dura”, vinculada al propio Macri y a Patricia Bullrich, el ala “dialoguista”, con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal a la cabeza, y la Unión Cívica Radical. Así, llegamos al cierre de listas con un variopinto entramado de candidaturas de la derecha en el que el terraplanismo está presente.

En la Ciudad de Buenos Aires, el exministro Ricardo López Murphy ha presentado una lista alternativa a la “oficial” dentro de la coalición macrista, conformada casi exclusivamente por referentes mediáticos que han participado de las campañas en contra de las medidas de prevención o que adscriben sin tapujos a los lineamientos del terraplanismo económico. A su vez, por fuera de la interna macrista se presenta Javier Milei, pero en una lista que incluye a sectores de ultraderecha católica, defensores del terrorismo de Estado e integrantes del espacio de Gómez Centurión. Es decir, en el armado de la derecha en la ciudad los terraplanistas económicos van con una lista ultraconservadora y los macristas con algunos terraplanistas económicos. Se hace difícil encontrar las diferencias programáticas, más allá del color de las boletas. En la Provincia de Buenos Aires, José Luis Espert se presenta como candidato en un armado similar al de Milei en Capital, aunque sin la presencia de Gómez Centurión.

Es decir, los principales referentes mediáticos del terraplanismo económico (Milei y Espert) se presentan como candidatos a diputados nacionales en listas compartidas con sectores que nadie podría osar en llamar “liberales”, en tanto la interna del macrismo está atravesada, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, por la presencia de referentes mediáticos de esta tendencia. Esto se replica en otros distritos (por ejemplo, en la precandidatura a senadora por Santa Fe de Amalia Granata, cuyo salto a la política se dio como referente de la oposición al derecho al aborto).

Recientemente, en una entrevista televisiva, Javier Milei se manifestó como abiertamente anti-vacunas, sumándose así a una peligrosa tendencia que expresan sectores conservadores y reaccionarios en otros países y que en Argentina afortunadamente es muy minoritaria. Sin embargo, es parte de una campaña activa por parte de referentes de las derechas de todo tipo tendiente a minimizar la gravedad de la pandemia, aun cuando ya llevamos un año y medio y más de 100.000 muertes en el país. En este sentido, se clarifica la identificación del autoidentificado liberalismo libertario con las más peligrosas tendencias de la derecha mundial.

En este embrollo, no deja de llamar la atención, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, la presencia de economistas en las precandidaturas. Milei y López Murphy encabezan listas y Martín Tetaz va segundo detrás de Vidal. Es decir, los economistas de derecha -en este caso, aquellos que no tuvieron cargos institucionales durante el gobierno de Macri- se presentan al frente de sus espacios, quizás simbolizando así que, por lo menos en CABA, donde el macrismo viene ganando ininterrumpidamente desde hace dieciséis años, poner a la economía en el centro parece ser parte de la estrategia. En este sentido, quizás, lo que parece reforzarse es la idea de que la economía funciona en Argentina como la arena de mayor posibilidad de expansión de las ideas reaccionarias que configuran la ancha avenida del terraplanismo mundial.

En síntesis, los discursos terraplanistas dejaron de presentarse exclusivamente como anti-sistema y, presionando sobre las derechas de siempre, corrieron el eje de las discusiones. De la economía pasaron a todo lo demás, pero ella sigue estando en el centro. La conformación de las listas muestra, sin embargo, que esta tensión no se encuentra consolidada ni mucho menos, sino que el espacio de derechas en Argentina está completamente desordenado. Ahora que empieza la campaña veremos si se termina ordenando o si, por el contrario, sigue reinando el caos en el que el terraplanismo económico se siente cómodo.

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