El relato sobre el parto

Por: Lorena Ribot

Otra vez y gracias al mundo de las artistas y figuras de los medios televisivos, el tema del parto respetado tuvo su pico de rating: Paula Cháves celebró la llegada al mundo de su segundo hijo, luego de un largo trabajo de parto, en una clínica de la Ciudad de Buenos Aires, un parto vaginal, natural, sentido, respetado. Esta mujer, quien unos años antes había sido sometida a una cesárea, tal vez innecesaria, como tantas cesáreas ocurridas por estos tiempos, dio su pequeña batalla mediática difundiendo la idea de que con información, con deseo, con decisión materna y contando con un equipo respetuoso de asistencia al proceso del nacimiento, las mujeres podemos parir a nuestros hijos, sin necesidad de que una medicina invasiva disponga de nosotras, de nuestros cuerpos y de los cuerpos de nuestros bebés.

No soy de leer las noticias faranduleras, pero reconozco que accedí al relato de esta madre, ya que muchísimas mujeres etiquetaban o arrobababan su nombre, tal vez como herramienta de transmisión del empoderamiento del que tanto se habla, cuando queremos decir que sí podemos parir. Este relato, amoroso, visceral, cargado de pulsión, de esa emoción que se siente cuando una entiende que todo el poder está adentro y que conectándose con esa sabiduría femenina tan negada y reprimida por el sistema médico machista y paternalista (aun cuando el médico sea una mujer, hay que ser muy claras en esto), una puede ejercer la capacidad que naturalmente se tiene como hembra humana, simple y sencillamente porque está en nuestro ADN, en nuestros genes y en nuestras memorias ancestrales.

 Hay algunas personas, que representan el espíritu más hostil del capitalismo y de la dominación del género femenino y reproducen los argumentos instalados en estos últimos 100, 150 años, que tienen que ver con poner en cuestionamiento al acto de soberanía femenina, el parir, como si las mujeres no pudiéramos ejercerlo con los propios recursos.

 Y se escriben notas, como la que publicó el diario Clarín el día 5/10 con el título “Hay que celebrar el parto animal” ¿¿¿???  Si yo tuviera aquí mismo un emoticón de esos del whattsap, estaría buscando la carita asombrada con los ojos saltones, tratando de describir la emoción que me alcanzó cuando leí ese enunciado.

 En seguida busqué autor o autora de la nota, y reconozco que fue mucho más desconcertante aun haber encontrado la autoría en una mujer...

Entrándole al escrito, digamos, pude entender que este tipo de perspectiva habla de cuánto ha calado el discurso dominante en las mentes y corazones de nuestras mujeres, tal vez poco conectadas con energías femeninas y mucho más en sintonía con el intelecto y las capacidades humanas de elaborar pensamientos críticos, racionales y lógicos, más frecuentes en los cerebros masculinos.

La nota enoja un poquito, porque no se remite a las evidencias de la ciencia y a los conocimientos sobre la fisiología del parto. Tampoco se remite al sentir de las mujeres que han podido transitar sus partos con respeto y con información que les han permitido decidir y elegir cómo serán los nacimientos de sus hijos.

 Acopla el significado de parir naturalmente con conceptos como “parto primitivo, que se empezó a poner de moda en los círculos sociales de las clases media y alta”, mezclando claramente algún concepto discriminatorio o clasista… no termino de entender el propósito de mencionar la clase social al momento íntimo de decidir cómo queremos parir y criar a nuestros bebés.

Habla del dolor del parto como un “dolor fortísimo que atraviesa el cuerpo, como les pasaba a nuestras abuelas”, asociando el sentir y la intensidad de las contracciones con un terrible sufrimiento que además, quedaría fuera de época, ya que eso les pasaba a nuestras pobres abuelas que vivían en la prehistoria, lejos de los avances de la medicina… ¡Horror! ¡Y cruz diablo! (como diría mi abuela, vale la cita).

También habla de hacerlo más fácil para el bebé valiéndose de las intervenciones médicas, que de ninguna manera cuando el proceso del parto es fisiológico mejoran nada, sino que son intervenciones  innecesarias que muchas veces complican los nacimientos… Pero ¿por qué no te pusiste la anestesia gorda?

 Bué y al final esta frase como frutilla del postre la que transita una lactancia tortuosa, como nos ocurre a la mayoría de las mujeres”   resulta una tremenda sentencia y pronóstico para todas aquellas que desean amamantar a sus bebés y leen a esta señora que desde SU propia experiencia, escribe y ejerce su poder comunicacional desinformando, abiertamente.

 Enoja un poquito que se hable desde un medio tan masivo, con tanto prejuicio y con tanta subjetividad, aunque las subjetividades no son malas, pero cuando se proclaman como evidencias, se convierten en mentiras… aunque estemos acostumbradas a algunas mentiras mediáticas bastantes frecuentes.

 No se trata de buenas y malas madres, señora, se trata de mujeres respetadas en sus decisiones o mujeres víctimas de violencia obstétrica. No se trata de negarse a la cesárea si esta es necesaria, pero también se trata de que logremos una Argentina con tasas de nacimiento natural, altamente superiores a las que existen hoy, ya sea, porque la OMS (Organización Mundial de la Salud) lo recomienda como usted menciona, o sea porque las mujeres queremos ejercer nuestros derechos sexuales y reproductivos sin condicionamientos. A nuestro país, le falta un millón de años para tener una atención del parto y del nacimiento de los niños y niñas que proteja todos los derechos de madres y bebés, en las estadísticas estamos en las antípodas de lo que nos haría un “país de los serios”, como se suele decir por ahí….

 Aunque no les guste a algunos, somos mamíferas y parimos como mamíferas, sin la presencia del neocórtex, enemigo del nacimiento y la lactancia natural, como tantos estudios científicos nos lo demuestran. Cuando parimos “como animales” parimos fácil y salvajemente.

Algunas, como Paula Cháves, después de 36 horas de trabajo de parto, otras como mi hija Emiliana, también cesariada innecesariamente con su primer hijo, luego de 30 horas, o como Vanina, que luego de dos cesáreas, se animó a parir a su tercer hijo y tardó dos días enteros para poder soltarlo y hacerlo nacer. O como tantas otras mujeres que, entregadas a las oleadas de emociones y sensaciones corporales que se producen durante el proceso del nacimiento, se abandonan a los ritmos del cuerpo sintiente y se dejan atravesar por sus hijos, en ese momento enorme e intenso.

 El equilibrio no es el punto. El punto es el respeto. El respeto por el ser humanas, hembras, mamíferas, mujeres, con úteros, vaginas, tetas. Especie que sigue su ritmo biológico mientras detrás de muchos intereses, se cuecen habas.

Estamos firmes, tratando de cambiar el paradigma. Las mujeres sabemos, cada día más enredadas en un telar virtual, sensorial e invisible, sostenernos para poder lograrlo.

La nota que se publicó en Clarín es: http://www.clarin.com/sociedad/celebrar-parto-animal_0_1663033735.html


*Escritora, Doula, Especialista en Gimnasia para Embarazadas. Miembro de Asociación Vos Podés, asociación por los derechos del parto, el nacimiento y la crianza. Coordinadora de la Relacahupan Provincia de Buenos Aires.

El lápiz verde