El rearmado opositor y el movimiento estratégico de Alberto Fernández

OPINIÓN. La decisión de Alberto Fernández debe entenderse no solo como un indicio de reconfiguración del federalismo, sino también como un movimiento político estratégico más que inteligente que despertó una lucha de egos que perecía inexistente dentro de Juntos por el Cambio y que coloca al presidente como un líder de partido que elige con quién desea competir.


La quita de más de un punto nominal correspondiente a lo percibido en función del reparto de la Coparticipación Federal a la Ciudad de Buenos Aires y transferido a la Provincia para paliar el reclamo salarial de tintes amenazantes a la estabilidad democrática propiciado por miembros de la Policía bonaerense aceleró las internas en Juntos por el Cambio. Pues algo que a primera vista parecía ser el pase a la red para que Horacio Rodríguez Larreta erigiera como candidato opositor natural al oficialismo de cara a 2023, se transformó en una grieta hacia dentro tras la vuelta a las calles del ala más dura del Pro y el descargo devenido en un conglomerado de frases hechas del fundador del partido y ex presidente Mauricio Macri.

Ante un panorama político que no se avecina nada sencillo en la post pandemia para el Frente de Todos, desde Juntos por el Cambio se presume que buscarán recuperar el terreno perdido y posicionarse como el principal contrincante del oficialismo para las próximas elecciones legislativas con el firme objetivo de disputar las presidenciales. Ante esto, Alberto Fernández jugó rápido y decidió posicionar como su principal competidor al Jefe de Gobierno Porteño.

La aparente decisión, que a priori se la ve algo acelerada, no hace más que exhibir a un rival de un ala dialoguista y con el cual confrontar en una eventual contienda por retener por un periodo más el mandato popular. No es casual la estrategia del oficialismo si uno se pone a analizar la aglomeración de consignas y perfiles políticos que nuclean a Juntos por el Cambio donde crece el perfil calmo de Horacio Rodríguez Larreta por sobre figuras como Patricia Bullrich o el, hasta hace pocos días, ausente Mauricio Macri.

Esto mismo pudo ser reflejado durante el último estudio que realizamos desde Clivajes en el mes de agosto y en el cual, al consultar a nuestros encuestados respecto del principal referente opositor, fue clara la ventaja en favor de Larreta, aunque esto deja además algunos interrogantes.

En el sondeo al consultar respecto a esto último, también aparecen Patricia Bullriche en segundo lugar (14,33%), la ex gobernadora María Eugenia Vidal en tercera posición con algo más del 8% y Mauricio Macri quinto luego de Martin Lusteau, el primer representante de los intereses de un panradicalismo que no logra recuperar terreno tampoco con representantes del interior como Alfredo cornejo.



El dilema del candidato

Es claro que el liderazgo natural pareciera recaer hoy en la figura de Rodríguez Larreta tanto por su rol de Jefe de Gobierno Porteño como por su perfil consensual que lo coloca como un dirigente de diálogo y con capacidad de captar a los sectores indecisos y hasta desencantados. Si a esto se suma su lógica decisión de acompañar los pasos del Gobierno Nacional en el combate contra el Covid-19, la ecuación pareciera cerrar.

Es cierto también que, si bien más del 35% de los consultados reconoció al dirigente porteño como quien mejor representa sus intereses dentro espacio, existe una porción importante del electorado opositor (más del 23%) que no reconoce aún una identificación clara con algún candidato y por lo tanto, ese caudal se convierte en un botín a conquistar rápido ya que esa indecisión puede transformarse en una posible migración de votos a cualquier otra fuerza, incluso al Frente de Todos.

En tanto, desde el costado más duro de la oposición se concentra las figuras de representantes como Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Mario Negri, Alfredo Cornejo e incluso Fernando Iglesias, que orientan su estrategia en atacar todas las medidas oficiales para combatir la pandemia con argumentos de falso republicanismo. Desde aquí, amparados en supuestos ataques a las libertades, se preocupan por despertar en la ciudadanía disconforme la falsa sensación de estar en un proceso anti democrático y con ello intentan reposicionarse desde una derecha cuasi bolsonarista.

Para ello se valen de diversas estrategias como alentar concentraciones en el espacio público para disputarle el histórico control de la calle al peronismo (aunque esto desafíe las recomendaciones del propio gobierno porteño) o judicializar la política e intentar bloquear iniciativas legislativas que se oponen a los intereses que ellos representan como el aporte extraordinario a las grandes fortunas o la reforma de la organización de la justicia federal.

Por su parte también esta última semana el ex presidente Mauricio Macri reapareció través de una columna de opinión en un reconocido matutino donde la gran ausente fue la autocrítica y se exhibe más como alguien alejado de la realidad que como un político con capacidad de análisis sincero de los sucesos del presente.

Pero esto no es todo; además, su texto también puede entenderse como un llamado de atención al alcalde porteño dado que, salvo un tibio apoyo en relación al conflicto con la coparticipación, optó por mostrarse acorde a los slogans anti cuarentena y el ala dura de la coalición a la que representa.

Con esto Macri parece intentar retomar protagonismo perdido como el representante de las libertades y la república sentando una posición respecto al avance de la pandemia que lo único que trajo en donde se practicó es incremento desmesurado de contagios y muertes, algo que en nuestro país trata de evitarse, aunque aún con resultado final incierto.

Estas estrategias que parecen ir en franco crecimiento durante los últimos meses, son un juego peligroso para la oposición ya que, más allá de las obvias consecuencias sanitarias que esto puede ocasionar, podrían generar un efecto mariposa que termine diluyendo los apoyos hacia Larreta e incluso concluir en el boomerang migratorio de una porción de ese caudal hacia los candidatos del peronismo.

Está claro que los sucesos de la semana pasada se sintieron en la mesa chica de Juntos por el Cambio y el tono de candidato que mostró Larreta en su conferencia del viernes tomó por sorpresa a muchos de sus dirigentes. Su breve discurso sacó a la luz desencuentros y competencias de egos que no suman a la hora de consolidar liderazgos en una coalición política que supo mantener siempre la unidad y dejar las discusiones puertas adentro.

Por eso, la decisión de Alberto Fernández debe entenderse no solo como un indicio de reconfiguración del federalismo, sino también como un movimiento político estratégico más que inteligente que despertó una lucha de egos que perecía inexistente dentro de Juntos por el Cambio y que coloca al presidente como un líder de partido que elige con quién desea competir.

Queda por delante ver qué rumbo tomarán las internas dentro del Frente de Todos ya que el conflicto con la policía bonaerense y su resolución reavivó disensos dentro del espacio que deben resolverse antes del 2021, como la situación del Ministro de Seguridad Sergio Berni que no deja de sumar críticas dentro del peronismo o el reordenamiento del tejido interno entre gobernadores e intendentes para con ello iniciar el camino hacia la reconfiguración de un federalismo pleno.



Sobre el Autor 

Esteban Regueira. Es Licenciado en Ciencia Política, analista y consultor de Clivajes Consultores


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