El parto multipolar y las parcialidades interesadas

OPINIÓN. Este es un dilema que se arrastra desde hace siglos. Toda la región caucasiana y aledaños ha sido escenario permanente de este tipo de litigios. Siempre con un común denominador: los pasos montañosos del camino de la seda. Lo mismo que ocurre desde el norte de China hasta las orillas orientales del Caspio...


Estaba por recurrir a archivos, notas controversiales, afirmaciones y suposiciones… Por un instante creí que el problema era, realmente, el enfrentamiento entre Armenia y Azerbaidzhán por un pequeño enclave llamado Nagorno Karabaj. En realidad, se trata de una movida más en el gran juego estratégico entre el mundo unipolar que desfallece y el mundo multipolar que se afirma entre los dolores propios del parto.

Por las dudas, para aclarar los tantos de entrada, no se trata de la importancia del conflicto. Claro que es doloroso asumir que en pleno siglo XXI, el de la informática, la inteligencia artificial, la robótica y otros enormes avances, todavía el “serúmano”, como lo calificaba irónicamente mi querido madrileño José Luis Álvarez Fermosel,  se mata a sí mismo y lo que es peor, lo celebra como un triunfo. ¿Hasta dónde la estupidez humana seguirá apretando el gatillo suponiendo que esa es la solución?

La tarea aclaratoria culmina con una explicación histórica: este es un dilema que se arrastra desde hace siglos. Toda la región caucasiana y aledaños ha sido escenario permanente de este tipo de litigios: armenios y azeríes, chechenos e ingusetios, georgianos (íberos según su antiguo nombre) y abjasios y osetios, daguestanos del interior y daguestanos en la orilla occidental del Caspio… Siempre con un común denominador: los pasos montañosos del camino de la seda. Lo mismo que ocurre desde el norte de China hasta las orillas orientales del Caspio.

Los primeros occidentales en darse cuenta del significado estratégico de ese camino fueron los venecianos de Marco Polo. Gracias a la fantástica aventura del viajero, Venecia se vio ampliamente favorecida con estas luchas internas, con la caída del imperio mongol a raíz de ellas y con la declinante estrella de Constantinopla. Se convirtió en punto terminal y de trasbordo de toda esa mercancía, la legal y la no tanto.

Xi Jinping restauró el gran proyecto del OBOR (un cinturón un camino) y con ello revitaliza la enorme importancia de esta franja, este verdadero cinturón que por su gran significado económico y comercial trasciende quizá como el lineamiento estratégico más importante de nuestro siglo. Quizá la plataforma de despegue y soporte, junto con los BRICS, la OCSh y otras organizaciones regionales, del nuevo orden multipolar. La estructura política internacional promovida por Rusia y China, socios indestructibles e irremplazables de esta iniciativa.

En algunos comentarios se afirma que el conflicto en Nagorno Karabaj hace tambalear el control de Moscú sobre el espacio postsoviético. Le agregan, como refuerzo, el  tumulto político en Kirguizia y la reacción a las dudosas elecciones bielorrusas. Veamos… En primer lugar, de la ex Unión Soviética todas las repúblicas heredaron un intrincado entrecruzamiento demográfico. Hay más azerbaidzhanos viviendo en Rusia que en su propio país. Lo mismo ocurre con los armenios, los bielorrusos, los ucranianos o los turkmenos. Y viceversa. En toda la ex URSS el ruso sigue siendo el idioma común y seguirá así. En materia económica, la Unión Económica Euroasiática va camino a convertirse en un lugar común para la mayoría de las ex repúblicas soviéticas. La Organización de Seguridad Colectiva es el organismo que conjuga los esfuerzos de defensa común contra el terrorismo y amenazas externas.

Tengo amigos rusos casados con hermosas morochas gruzinas. Anush, armenia, es socia de mi nuera en su empresa moscovita. Importantes chechenos son figuras en el negocio del petróleo ruso y el ministro de defensa ruso, Serguéi Shoigú es de la república autónoma de Tuvá…

No hay “control del Kremlin”. Hay una enorme historia común. Y una secular política de balanceo entre Europa y Asia. En los Urales un monolito de malaquita señala la frontera entre los dos continentes. ¡En el centro de Rusia! Si bien la religión ortodoxa es mayoritaria, son decenas de millones los musulmanes que habitan ese espacio y, en algunas repúblicas como Bashkiria o Tatarstán son mayoría.

En los desórdenes y en la anarquía política desatada en Bishkek, la capital kirguiza, además de las disputas entre clanes se descubre una vieja ambición de algunos centros de poder occidentales: el dominio de las ricas minas de uranio y el desmantelamiento de la única base que Rusia tiene en el exterior: la base aérea de Kant desde donde los helicópteros y drones rusos detectan los transportes de drogas y terroristas desde el “Triángulo de Oro”(1). La OCSh (Organización de Cooperación de Shanghái) convocó recientemente una cumbre de sus ministros de defensa precisamente para adoptar las necesarias medidas que liquiden este tráfico.

En este mismo contexto era inevitable que Moscú convocara a armenios y azerbaidzhanos a negociar la paz. Y también era inevitable que armenios y azeríes aceptaran la convocatoria y, lo que es más importante, que firmaran la paz. Al canciller ruso Serguéi Lavrov le llevó casi once horas convencer a sus colegas, pero nadie se movió del palacete de la calle Spiridónovka, lugar de recepción de la cancillería rusa. En el mejor estilo soviético…

Por ahí, en algunos medios, surgió la alocada definición de “Crimea-2” para juzgar la actitud del Kremlin. No voy a volver con explicaciones sobre “Crimea-1”. La península  que desde el siglo XVII es rusa. Su población mayoritaria es rusa y sus minorías son tártaras, vestigios de la ocupación turca borrada por Pedro y Catalina y las brillantes victorias navales del almirante Ushakov.

Nada más alejado de la actual situación que este concepto…  Crimea siempre fue rusa. No es este el caso: no hay ninguna reivindicación rusa sobre estos países. Armenia siempre fue aliada de Moscú y los azeríes, pese a su pertenencia soviética, siempre fueron aliados de los turcos y los turkmenos. El presidente azerí  es Ilham Alíev, del poderoso clan de Najicheván, fronterizo con Irán y a poca distancia de Turquía. Hace un par de meses, efectivos turcos y azeríes desplegaron importantes maniobras militares en la frontera con Armenia. El imperio otomano tuvo su dominio sobre el Caspio tanto en su borde occidental como en el oriental. Por sí mismo o por sus aliados. La matanza de armenios a principios del siglo XX fue producto de ese despótico sojuzgamiento. Rusia mantuvo sus posesiones en el norte del Caspio, con el enorme delta donde desemboca el Volga. Astraján sigue siendo la gran ciudad-hub tanto de hidrocarburos como de mercancías “non sanctas” provenientes del  “Triángulo de Oro”.

Stalin ordenó defender a sangre y fuego Stalingrado del avance nazi porque la ciudad a orillas del Volga inferior era la puerta que abría el camino expedito al Asia Menor. Y porque, si  Hitler ocupaba Stalingrado, Turquía declararía la guerra a la URSS e invadiría toda la región surcaucasiana y se apoderaría firmemente de las explotaciones petrolíferas del Caspio.

Pese a su pretendida alianza con Rusia, Edorgán no es ajeno a las antiguas ambiciones del imperio otomano. Hace rato que Estambul ha tendido sus líneas y tanto Turkmenistán como Azerbaidzhán están cubiertas con inversiones turcas en construcción, en hidrocarburos y en otros rubros básicos. Los productos alimenticios turcos inundan los mercados de esos países. Los dos impusieron el alfabeto turco como oficial. El caso aleccionador de Turkmenistán, cuyo alfabeto fue inventado en la época soviética ya que anteriormente los turkmenos no tenían lenguaje escrito y que lo cambió al túrquico, en un intento por restaurar con Turquía el antiguo Turkestán…

De modo tal que en este apagado por ahora enfrentamiento por Nagorno Karabaj lo que más importa no son los bombardeos sobre la indefensa ciudad de Stepanakert, ni la confirmación del régimen autónomo del enclave, dispuesto ya en época soviética. Lo que importa, una vez más, son las riquezas hidrocarburíferas de la región, el paso obligado de Asia a Europa y el dominio militar para controlar ese paso y las riquezas hidrocarburíferas.

Rusia, además, convocó a Francia y a los Estados Unidos (ambos con profundos y antiguos intereses en el área) para parar en seco el desembarco de mercenarios desde Siria y Libia, desocupados tras la desactivación de sus acciones terroristas en esos países. Como además Moscú tiene una alianza con Teherán y Estambul para mantener el statu quo en Asia Menor, la diplomacia rusa era a todas luces la indicada para cumplir el papel de pacificador. Por lo visto, lo cumple.

De ese modo, contribuye a la consolidación de un nuevo orden mundial, donde no todas las iniciativas estratégicas pasan por Washington. Ni siquiera por Londres o París. Donde no todos se subordinan a las sanciones del Departamento de Estado, como es el caso de la desobediencia europea en la continuidad de la construcción del gasoducto “NordStream-2”, desde Siberia por el mar Báltico.  Mal que les pese a las tradicionales capitales imperiales, la coordinación internacional entre Rusia, China, la India y otros firmes aliados como Irán, Cuba, Serbia, Egipto, etc.  arrastra a numerosos países hacia una nueva política de interacción e integración.

En este ámbito, sería prudente para nuestra diplomacia tener en cuenta esta nueva relación, evidenciada por ejemplo en la votación ONU por Venezuela, donde los votos a favor del dictamen Bachelet “empataron” con las abstenciones… Quizá valdría la pena analizar este resultado a la luz de estas nuevas condiciones del orden mundial. Quizás ese análisis nos ayudaría a encontrar aliados sólidos y eficientes que contribuyan a recobrar una consigna que no me canso de repetir en mis notas: “hacer de nuestra hermosa tierra argentina una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana” (Perón, 1949).



Referencias

(1) Región montañosa que abarca Tailandia, Mianmi y Laos (incluiría el nordeste de Vietnam y el sur de China) donde desde mediados del siglo XX se consolidó la producción y comercio internacional del opio. La custodia un ejército privado de casi 50.000 soldados que aseguran la producción, el tránsito y la comercialización de los narcóticos.

 



Sobre el Autor

Hernando Kleimans es Licenciado en Historia. Doctor en Relaciones Económicas Internacionales. Periodista Especializado en Temas Internacionales. Ex director de la Casa de la Provincia de Buenos Aires en Moscú, ex presidente de la Cámara de Relaciones Económicas Argentino Rusas, ex Editor del periódico Rusia hoy. 

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