El nuevo internacionalismo joven entre la lucha en Siria y la persecución en Italia

ENTREVISTA. Dejó Italia para combatir en las filas de las Unidades Femeninas de Protección kurdas contra el Estado Islámico en el norte de Siria. A la vuelta la justicia la declaró “socialmente peligrosa” sin probar que haya cometido crimen alguno y estará bajo vigilancia especial hasta 2022. El caso de “Eddi” Marcucci hoy se ha vuelto internacional.


La guerra contra el Estado Islámico librada en Siria e Iraq entre 2014 y 2018 fue uno de los eventos más movilizadores de este principio de siglo. No sólo por los millones de migrantes que se movieron hasta los países limítrofes, y luego también hacia las costas europeas para escapar de la guerra civil, sino también por los miles de combatientes que se unieron a las filas de uno u otro bando. Jihadistas, internacionalistas, soñadores y aventureras de las nacionalidades más diversas se presentaron voluntarios en los campos de batalla, como sucedía en las guerras revolucionarias centroamericanas de los años 70 y 80, o las brigadas internacionales de la Guerra Civil Española. Pero en el siglo XXI. Y del lado de la coalición internacional convocada a combatir el avance del Estado Islámico, las guerrillas kurdas fueron aquellas que más apoyo recibieron de los voluntarios internacionales.

Los kurdos en realidad están alzados en armas desde hace décadas. En Turquía, especialmente, donde no se reconoce siquiera su existencia étnica -durante años sólo se les nombraba como “los turcos de las montañas”- y su lengua y tradiciones culturales son prohibidas y duramente reprimidas por el gobierno de Ankara. Pero los 40 millones de kurdos distribuidos por los territorios en manos de los estados de Turquía, Siria, Irán e Iraq, han elaborado históricamente estrategias de resistencia y construcción política que se han difundido por el mundo. Hasta 2005, su lucha por la creación de un estado independiente y soberano los vio actuar en diferentes frentes, sobre todo en el sureste turco, donde es especialmente activo el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Pero luego de años de lucha armada y discusión interna, decidieron abandonar la reivindicación soberanista para abrazar el concepto del Confederalismo Democrático, que ha puesto la lucha del pueblo kurdo en la vanguardia de los experimentos políticos libertarios a nivel mundial. Se trata de una forma de organización de base comunitaria y asamblearia, fundada en la participación directa de la población en las decisiones de la sociedad. Un modelo alternativo al de los estados-nación, que en su esbozo teórico pone un fuerte acento en la igualdad, la participación de los jóvenes y especialmente de las mujeres.

Las colectividades kurdas se encontraban en el intento de construcción de comunidades de este tipo cuando el Estado Islámico se apropió de sus territorios. Fue allí que miles de jóvenes de todo el mundo acudieron a la defensa del Confederalismo Democrático, que encontró una aplicación concreta y duradera en Rojava, una región en el noreste de Siria declarada autónoma en 2013. La neuquina Alina Sanchez, conocida allí como Lêgerîn Çiya, fue una de ellas. Murió en Rojava en marzo de 2018, y el hospital local hoy lleva su nombre.

Maria Edgarda Marcucci, estudiante de Filosofía, romana pero residente en Turín, llegó allí en 2017 para luego unirse a las Unidades Femeninas de Protección (YPJ), una de las brigadas kurdas de defensa, que junto con las Unidades de Protección Popular (YPG) y el PKK conformaron la resistencia a la avanzada del Isis en el norte de Siria. La de “Eddi”, como se la conoce popularmente en Italia, es una historia que atrajo la atención internacional. A su vuelta a Turín la fiscalía abrió un expediente para declararla “socialmente peligrosa” e imponerle una serie de restricciones a sus libertades individuales. Se trata de un conjunto de medidas resabio de las reformas impuestas al código penal italiano en los años '30 por Mussolini. En marzo de 2020 le fue decretado el estado de vigilancia especial: por dos años no puede salir del país, debe firmar todos los días en una comisaría y llevar una libreta roja donde la policía registra todos sus movimientos, no puede salir de su casa de 21 a 7, ni participar en manifestaciones y reuniones públicas.


-¿Cómo llega una estudiante universitaria de un importante país europeo a decidir de partir hacia el frente para luchar contra el Estado Islámico?

-No es que yo estuviera sobre mis libros, estudiando filosofía, y de repente se me dio por ir a luchar en Siria. Hubo un recorrido, que en mi caso empezó por un rechazo a la vida opulenta del mundo capitalista. La vida en Europa es seguramente más fácil que en otros lugares, pero no significa que sea bella. La condición de las mujeres es feroz en todo el mundo, y aquí, que debería ser la mejor, la que es narrada como la que mejor funciona, que tiene valores y realidades que funcionan como un antídoto a las derivas como las totalitarias o jihadistas, condenables en todos sus matices, hay un femicidio cada 72 horas. Y es un país del G8. Hay más de 50.000 muertos por la pandemia. Ni nos preguntamos si habrá acceso a la salud para todos a los cuidados, sino si habrá posibilidad material de curarse. Son las condiciones del mundo en que vivimos. El bienestar de unos pocos impone un precio feroz a muchos. El que paga la población europea es seguramente mucho más bajo frente a otros, pero no significa que la sociedad sea menos afeada.


-¿Y cómo se llega al Kurdistán de allí?

-Yo, sintiendo ese vacío que la vida capitalista nos entrega a quienes tenemos aspiraciones en la vida más allá de enriquecerse, miré un poco alrededor en el mundo. Y también a la historia de mi país, que de todas maneras tiene una historia de resistencia e ideales muy importante. Pero sobre todo a la del resto del mundo. Desde antes de mi experiencia en Siria formo parte de la red Ni Una Menos en Italia, que nace en respuesta a un llamado de las mujeres argentinas, por ejemplo. Personalmente creo que este sistema patriarcal, racista y capitalista es un asco, y me miré alrededor para ver quienes pensaban como yo. Ahí me acerqué más a la historia kurda. En medio de la guerra en Siria, el Isis parecía imparable. Había hecho estragos en Iraq, en Siria. Sus tentáculos estaban estrangulando también al resto del mundo. Pero en un momento el Isis llegó a Shengal, donde intentó cumplir el genocidio del pueblo yezidí, y desde las montañas iraquíes bajaron guerrilleros y guerrilleras revolucionarios del PKK, y desde Siria llegaron los de las YPG e YPJ. Bueno, ese fue para mi un momento fundamental. Vi que no solo alguien estaba logrando parar ese horror que es el Daesh, sino que también ese alguien proponía ideas de solidaridad entre los pueblos, de pensar las diferencias como riqueza. Es decir, ideas que se remiten a una tradición que es la que yo también elegí. Fue la primera vez en que vi algo así en mi tiempo. Era muy chica cuando fue la insurrección zapatista. Pero esta es la que atraviesa mi contemporaneidad. Cuando sobre la estela de las primaveras árabes, toda Siria se levanta, los compañeros y compañeras del Partido de Unión Democrática (PYD) encontraron la ocasión política para llevar a la luz el trabajo clandestino que hacían desde hacía años de construcción de las instituciones del Confederalismo Democrático. Fue en ese contexto que muchas personas, debo decir que no lo suficientes lamentablemente, desde Italia comenzaron este trabajo de solidaridad y a enviar delegaciones hacia allá. En 2017 me sumé a una de ellas. Yo iba con una serie de experiencias hechas en mi territorio de lucha feminista y transfeminista, ecologistas y antifascistas, que podían solaparse con el proyecto del Confederalismo Democrático.


-¿Es un fenómeno común el de jóvenes que desde Europa deciden viajar hacia frentes de batalla en otras partes del mundo? Y no me refiero sólo a aquellos que lo hacen desde movimientos de izquierda. También hubo muchos que fueron a luchar en favor del Isis o de la derecha xenófoba ucraniana. ¿Qué idea te hiciste de este fenómeno?

-En Italia hace poco fue publicado un libro de testimonios de internacionalistas que se intituló "Homenaje a Rojava", parafraseando el "Homenaje a Cataluña" de Orwell. Ese paralelismo se hace muy seguido. Claro que si vamos a los números de quienes fueron a combatir la guerra civil española hablamos de centenares de miles, y en el caso de quienes se unieron a las YPG e YPJ hablamos de centenares. Pero si buscamos las estimaciones de las agencias de inteligencia acerca de jóvenes de todo el mundo que se unieron al Isis hablamos de entre 80.000 y 100.000. En este mundo globalizado el eco de los llamados de aquellos rincones que hasta ayer parecían remotos llegan más rápido. El pañuelo verde de la Campaña por el aborto legal, seguro y gratuito llegó a las montañas del Kurdistan, en Siria, en Iraq, Irán y en Turquía. Pero hoy la orientación de este movimiento de personas que siempre existió es más bien preocupante. Son muchos más aquellos que combatieron a favor del Estado Islámico que aquellos que lo hicieron por el Confederalismo Democrático. El tema de la radicalización del fundamentalismo salafita, siempre se trata como una cuestión de otredad, lejana. Pero si vamos a ver, estos son fenómenos claramente ligados a un cierto tipo de desarrollo capitalista, y siendo tantas las personas partidas desde occidente para luchar por el Isis, no podemos de ninguna manera pensarlo como un fenómeno ajeno. Estas personas vivieron una vida que es exactamente la nuestra. Ese cuento de los valores occidentales como antídoto a los fundamentalismos tiene que reverse. Porque evidentemente no es así, y claramente en esos valores occidentales hay algo que no va. Por suerte estamos viviendo un momento en que esto está empezando a verse.


-¿En Siria encontraste lo que buscabas?

-Lo que buscaba a veces también se encuentra escondido en los pliegues de las metrópolis o las provincias italianas. Lo que buscaba era otra manera de organizar la sociedad. La revolución no es ausencia de problemas sino un método para resolverlos. En Siria encontré mucho de lo que buscaba porque al fin y al cabo se trata de construcciones humanas, accesibles, que tienen un costo y una necesidad de compromiso remarcables, pero son vías transitables. En cuanto mujer además fue una experiencia única. Nunca había vivido en un mundo en el cual las mujeres tienen un rol y posibilidades como en el Confederalismo Democrático. Ir por la calle sin recibir piropos, no ver una constante y perpetua mercantilización de mi cuerpo, no me había pasado nunca. Cuando volví a Italia eso fue realmente un shock. Después de un año ya me había desacostumbrado a que mi cuerpo fuera materia de debate sin mi consentimiento y sin contar que quizás tengo otras cosas más interesantes que contar.


-En América Latina también ha impactado mucho el protagonismo de las mujeres y sus reivindicaciones en la construcción política de los combatientes kurdos...

-El rol del feminismo en ese proyecto también es demostrado por la cantidad de mujeres combatientes, entre ellas la argentina Alina Sánchez, médica que decidió poner todas sus capacidades y creatividad al servicio de ese proyecto. El único cambio radical que se vive cuando se elige el Confederalismo Democrático, más allá de esta coyuntura bélica, es el de no poder cuestionar la Carta de las Mujeres. La primera institución que se abre adonde el Confederalismo Democrático llega es la Mala Jin, la casa de las mujeres. Hay un análisis muy claro sobre cual es la raíz de la opresión en el mundo, y es el patriarcado. Es la primera ruptura de las sociedades, y la historia de la civilización capitalista es la historia de la integración de opresiones preexistentes. Desde allí en Kurdistan se entiende que la revolución es un proceso, las cosas no cambian de un día para el otro y tampoco se puede pretender que así sea. Si se construye un recorrido de liberación colectiva hay velocidades diferentes a las que andar. Se trata de construir una posibilidad de autonomía y autogobierno colectiva con paciencia y creatividad. Pero hay un punto sobre el cual no se puede transigir y que debe cambiarse de inmediato, que es la opresión de las mujeres. Esto creó una inversión en la misma idea revolucionaria: las ideas tradicionales siempre postergaron la cuestión de género supeditándola al cambio social; acá en cambio la idea es al revés, la libertad de las mujeres es la condición necesaria para el cambio social.


-A ver si entiendo tu condición judicial una vez de vuelta en Italia. Vos jamás fuiste acusada de algo ni condenada, pero tus libertades son ampliamente restringidas ¿correcto?

Técnicamente yo no tengo antecedentes penales. Se me aplicaron medidas preventivas. En el sistema jurídico italiano se mantuvieron algunas medidas del estado liberal decimonónico, que se establecen por decreto del poder judicial. En mi caso hubo un juicio de catorce meses hasta que se me aplicó un régimen de vigilancia especial. Es una supuesta excepción del estado de derecho. Porque no se trata de analizar hechos concretos sino hipótesis, no hay un crimen que se haya cometido y una sentencia de culpabilidad, sino una declaración de peligrosidad para la sociedad sobre la base de una perspectiva confeccionada por un fiscal a partir de informes de policía. Que además ni siquiera pueden ser contradichas. 


-¿Cómo fue ese proceso?

-En enero 2019, yo y otras 4 personas en Turín fuimos propuestos para estas medidas, porque estábamos capacitados en el uso de armas. La fiscalía utilizó un aparato jurídico creado por la legislación anti mafia y contra el terrorismo para equiparar a quienes combatieron a favor del Isis y a quienes combatimos en contra. Esto lo convirtió en un caso con mucha atención pública en Italia, porque era claro para todos que si fuiste a combatir contra el Isis no hiciste algo contra la sociedad sino a favor. También porque nos bombardearon mediáticamente sobre ese Estado Islámico como enemigo de la humanidad y hasta sirvió para inocular cierta islamofobia, y era claro para todos que esos eran los malos. Nadie entendía porqué se ponían en el mismo plano a los combatientes por la Jihad y a quienes se enrolaron en formaciones que además eran aliadas de Italia en la coalición internacional contra el Isis. Ahí la justicia cambió el enfoque, y explicitó la razón primaria de este procedimiento que es afectar a la disidencia social en Italia. Es decir que el procedimiento empezó por hechos sucedidos en Siria, pero terminó con un decreto sobre hechos sucedidos en Italia, como manifestaciones en las que participé. Ni la fiscalía ni el tribunal explicaron esto, que es bastante rocambolesco desde el punto de vista jurídico.


-El proceso judicial empezó entonces por haber sido preparada a usar las armas en Siria. ¿Pero ese adiestramiento fue realmente así de relevante?

-El procedimiento empezó por el uso de las armas pero se demostró que no era punible, porque había un contexto bien específico en el que se usaron esas armas. Además es evidente que quienes reducen mi experiencia al uso de un kalashnikov no tienen idea de lo que está hablando. Si se reducen las YPG a un adiestramiento militar no se entendió qué son. Creo que estas personas que me impusieron estas medidas están tan ebrias de su poder y tan lejanas de la sociedad que ni siquiera entendieron una sensibilidad evidente por parte de ésta. Y no solo se sienten de poder usar una tragedia como la guerra civil en Siria como pretexto para perseguir sus objetivos represivos, sino que además descalifican una victoria de la que ellos mismos se han beneficiado, porque si no hay atentados hoy en Europa es gracias al sacrificio de 12.000 mártires que combatieron al Isis. Esto nos demuestra que hay quienes usan los instrumentos que en teoría deberían garantizar que no haya abusos en la justicia de manera abusiva. Pero también es preocupante bajo el perfil de la ética. Se descalifica algo que fue un sacrificio del que se obtuvieron beneficios en todo el mundo, y ninguna fiscalía se pone el problema de las decenas de ciudadanos italianos que se sumaron a las filas del Isis. Pero la de Turín se tomó el lujo de usar tiempo y fondos públicos para investigarnos a nosotros.


-¿Qué dirías de tu estatus de “mujer socialmente peligrosa”?

-Al leer el decreto se nota mucho el paternalismo y el desprecio que estas personas tienen para las mujeres en primer lugar y de la sociedad en general. Esta gente y yo vivimos evidentemente en mundos distintos. Ellos consideran mi vida, por cómo decidí vivirla y con quiénes decidí vivirla, un peligro para la sociedad. Yo los considero a ellos y al poder que tienen en sus manos un peligro para la sociedad. Considero un peligro para la sociedad los acuerdos que Italia hace con Turquía, la destrucción de un valle en los Alpes para construir un tren de alta velocidad que nadie quiere y no sirve de nada. Por los acuerdos sobre migración con Turquía mueren personas cada día. Ese es un peligro para la sociedad. Si estas personas me consideran a mi un peligro es porque tuvieron el lujo y la posibilidad de no conocer otros. Y porque tienen una visión muy clara del mundo, de esto estamos hablando. Porque estamos hablando de un juicio a las intenciones, de dibujar un perfil de alguien para decretar sobe su vida. Yo reivindico el hecho de no coincidir de ninguna manera con ellos.

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