El laberinto de Bolsonaro: de una “gripecita” a una “guerra”

Con cerca de 28 mil víctimas mortales, Brasil se consolida como uno de los epicentros de la pandemia. ¿Cómo fue el discurso del presidente brasileño a medida que los casos de COVID-19 aumentaron?



Brasil se consolida como epicentro de la pandemia de coronavirus en el mundo y sus cifras causan alarma: 465.166 contagiados y 27.828 fallecidos. Mientras tanto, su presidente, Jair Bolsonaro, continúa sin revelar una estrategia clara para hacer frente al virus, sumando “frentes de batalla” y polémicas declaraciones.

El discurso de Bolsonaro a medida que los casos de COVID-19 aumentaron:

En muchas oportunidades, el discurso de Bolsonaro se asemejó al del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, caracterizado por un marcado sesgo negacionista, de desprestigio hacia el sector científico y en contra de las estrategias de aislamiento social que implican un parate de muchos sectores económicos. Con el avance de los casos de COVID-19, Trump “pegó el volantazo” y moderó sus declaraciones. Sin embargo, Bolsonaro, fiel a su estilo, se radicalizó. Tras la salida de dos ministros de Salud en menos de un mes, afronta la crisis con un militar como titular de la cartera sanitaria y el nivel de aprobación de su Gobierno se desploma.

“En los últimos meses surgió un virus nuevo. No hay motivo para el pánico”, decía el presidente a principios de marzo, cuando aún no se había reportado ninguna víctima mortal. En el mismo sentido, lanzó frases como: “En mi opinión, está siendo sobredimensionado el poder de destrucción del virus” o “tenemos una pequeña crisis. En mi opinión es más una fantasía, no es lo que los grandes medios propagan”; “Si la economía se hunde acaba cualquier gobierno. Es una lucha de poder”, fue otra de las declaraciones públicas que formuló.

La confirmación de la primera muerte, el 17 de marzo en San Pablo, no modificó los términos de su discurso de manera significativa. “Es una cuestión grave pero no podemos entrar en el campo de la histeria”, sostuvo al respecto. “En mi caso particular, por mi historial de atleta, en caso de que me contagie no necesitaría preocuparme. No sentiría nada o sería como una gripecita o resfriadito. Nuestra vida tiene que continuar”, señaló y minimizó nuevamente la crisis. “El riesgo es casi cero. El problema es para los mayores de 60 años o para quien tenga algún problema de salud”.

Otra de las polémicas frases que manifestó en ese tiempo fue la que aseguraba que “el brasileño tiene que ser estudiado. Él no se contagia. Se lo puede ver saltar a una alcantarilla, sale, bucea y no le pasa nada”. Para ese entonces, 26 de marzo, la cifra de fallecidos no llegaba a 100.

Cuando se reportó la muerte número 1000, el 10 de abril, la polémica en el país rondaba en torno al uso de la cloroquina, que el presidente impulsaba y la comunidad científica desaconsejaba. El 16 de ese mes renunció el ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta.

Para el 29 de abril, más de 5 mil personas habían muerto. Consultado por periodistas por estos números, respondió: “¿Y qué? Lo siento, pero, ¿qué quieres que haga? Yo soy un Mesías pero no hago milagros”. “Lamento la situación que estamos viviendo por el virus. Expresamos nuestra solidaridad a aquellos que han perdido a personas queridas, muchas de las cuales eran mayores. Pero eso es la vida, podría ser yo mañana”, señaló.

La tasa de infecciones se aceleró en mayo. El 9 se alcanzó la alarmante cifra de 10 mil muertos. En ese marco se dio una de las declaraciones más polémicas del presidente. En plena cuarentena dispuesta por los gobernadores de los distintos Estados y con un ritmo vertiginoso en el ascenso de casos ironizó sobre el asado que organizaría en su casa el fin de semana. “Estoy cometiendo un crimen. Voy a hacer un asado el sábado en casa. Van a ir unas 30 personas”, manifestó y agregó: “Hay 700 personas acá. Están todos invitados. 800 personas en la barbacoa”.

En ese entonces, la economía seguía siendo la mayor preocupación del mandatario brasileño. “Esta historia del cierre, cerrar todo, ese no es el camino. Ese es el camino a la derrota, a romper Brasil”, aseguró. El 15 de mayo renunció el segundo ministro de Salud, Nelson Teich.

Para el 21 de mayo la cifra de fallecidos ascendía a 20 mil. Bolsonaro comenzó a hablar de una “guerra” contra el coronavirus y continuó con una acérrima defensa del tratamiento con cloroquina para los pacientes leves. “Si bien todavía no existe evidencia científica, está siendo usada en Brasil y el mundo. Estamos en guerra: peor que ser derrotados es la vergüenza de no haber luchado”, lanzó a través de su perfil de Twitter.

Esta semana también estuvo plagada de polémicas y algunos de sus cuestionamientos estuvieron dirigidos hacia la Argentina y su estrategia para enfrentar el virus. "Miren hacia dónde está yendo nuestra querida Argentina, ¿alguien quiere eso para Brasil?", exclamó mientras hablaba sobre las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. Días antes afirmó que la Argentina está “camino al socialismo”.

Uno de los últimos escándalos de Bolsonaro fue la amenaza que este jueves lanzó hacia los jueces de la Corte Suprema por una investigación sobre fake news que involucra a algunos de sus aliados. "Respeto al STF (Superior Tribunal de Justicia), respeto al Congreso Nacional, pero para que ese respeto continúe, ellos tienen que respetar también al Poder Ejecutivo". "Repito, no tendremos otro día como ayer. ¡Suficiente! Llegamos al límite. Tengo las armas de la democracia en la mano. Las cosas tienen un límite y hoy ha sido el último día. ¡Ya basta, mierda!".

El saldo de los últimos meses en Brasil, desde cualquier parámetro, es negativo. El país se convirtió en uno de los más golpeados en el mundo por el virus. El Gobierno federal está inmerso en una fuerte crisis que incluyó renuncia de ministros, el abierto conflicto con gobernadores y ahora con el máximo tribunal. Y todos los esfuerzos del presidente por no parar la economía, ¿valieron la pena? Según la Agencia de Estadísticas IGBE, el PBI de Brasil cayó un 1,5 por ciento respecto del trimestre anterior y se prevé un retroceso económico aún mayor en el segundo trimestre del año.


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