El Gran Bonete

Por: Carlos Leyba

Estamos en un escenario mundial dominado, entre otras cosas, por un exceso estructural de ahorro. Las tasas de interés en el mundo (nosotros somos una de las excepciones) han estado bajando y nada hace suponer un retorno al alza de aquellas que cuentan internacionalmente.


Cualquiera diría que es una situación ideal para estimular las inversiones. Lo cierto es que las deudas públicas aumentan y pareciera que, en muchos casos, no como consecuencia de la crisis. Estados Unidos, China y el Reino Unido están financiando,o en vías de financiar,cambiosen sus economías gracias a esa condición facilitadora del mercado financiero a nivel mundial.

Todos sabemos que la tasa de interés, cuando nos regimos por condiciones de mercado,  es la que condiciona la capacidad de intervención de los Estados que las financian a largo plazo. La baja en las tasas es lo que en este tiempo facilita la solución, aunque no todos los Estados las están aprovechando.Pero lo que sí sabemos es que mientras el ahorro, las cantidades,  supere las inversiones, las tasas continuarán hacia abajo. Y la recuperación de los niveles de actividad puede ser pronta.

Algunos analistas se interrogan si ya está en marcha, como consecuencia de esta situación, un “nuevo paradigma nacional keynesiano” acicateado por la búsqueda de respuestas a las bajas tasas de crecimiento y a la creciente desigualdad.

Paradigma Keynesiano por el papel del Estado en la expansión de la economía; y “nacional” por el retorno a la idea de acumular energías económicas en los límites de la Nación y –en cierto modo– desatendiendo a la música de las empresas multinacionales para las cuales lo mas importante es derribar barreras comerciales.

En ese marco crece una práctica y tal vez una tendencia al un relativo proceso de administración del cierre estratégico de las economías, acompañada de ese creciente paradigma “nacional Keynesiano”.

Nada nos dice que estemos frente a un cambio radical que retorne a un fuerte proteccionismo. Pero todo asegura que el “sentido común” –hasta ahora dominante- del auge del libre cambio, dejó de ser común y dejó de tener el sentido que sus profetas le asignaron.

Estos datos son m´ss que importantes,y hay que tenerlos en cuenta, para el diseño de la estrategia de la política internacional de cada país.

Tenemos dos temas de raíz y consecuencias internacionales que nos ocupan en estos días. Dos temas de estrategia internacional.

El primero es la negociacion de la deuda y el financiamiento externo. En este está concentrada toda la acción adminstrativa del Estado. Tal vez de manera excesiva porque desplaza otras urgencias.

El segundo es la protección de nuestra balanza comercial, el nivel de reservas, el abastecimiento de dólares, que es esencial para sostener una negociación racional de la deuda externa.

Mientras el gobierno concentra sus fuerzas, en la “mesa de arena” de la estrategia internacional; en la discusión interna y externa de la deuda; el flanco esencial para atender finalmente la deuda, que es la estrategia de balanza comercial, está totalmente desguarnecido.

Este sábado el diario La Nación, en la misma página, publicó la noticia de que “las exportaciones tuvieron una leve caída” y de que en “enero volvieron a crecer fuertes las importaciones”.En la misma página informa que la actividad económica cayó 2,1% en 2019 repitiendo el resultado de 2018: la suma nos señala que el PBI por habitante es 5% menor que el de 2017, solo para comentar lo inmediato. Y finalmente agrega que el saldo de la balanza comercial lleva 17 meses de terminos positivos. Clarísimo, la recesión –el mal de la economía– nos regaló un bajón de las importaciones y de las exportaciones de modo que el saldo “es positivo”. En realidad, ponderado adecuadamente, este saldo es un indicador de la enfermedad y no de la salud.

Lo que dice la noticia del diario es que, mientras hablamos de la deuda, lo que está muy bien, somos incapaces de generar las condiciones materiales para cumplir con cualquier compromiso. Y, entre otros ocios, nos ponemos a jugar al Gran Bonete. No nosotros solos sino nuestros socios y acreedores, el FMI. Veamos.

El Gran Bonete afirma: “lo tiene Usted”, el señalado contesta: “yo señor, no señor”, y entonces el Gran Bonete responde: “¿pues entonces quién lo tiene?”.

La semana pasada en la Argentina se produjo una jugada del Gran Bonete. La cuestión no era quién “lo tiene”, sino quién “la pone” o “quién se hace cargo de una parte de la deuda”. Es decir, la cuestión en juego es “una quita”.

Lo normal es devolver las deudas, lo habitual es renovarlas. Particularmente las deudas externas de los países se renuevan. Hoy muchos fondos de inversión internacionales se dedican a colocar fondos a largo plazo como créditos a los países.

Todos los Estados están endeudados, la mayor parte de ellos en moneda local. Estados Unidos lleva la delantera.

La idea de todas las deudas en el mercado internacional es mantener el stock y pagar los intereses y cada tanto realizar una amortización de prueba. Nuestro problema es que las proyecciones de la economía, en relación al demencial calendario de pagos organizado por los expertos del macrismo, hacen insostenible cumplir con los compromisos. Los acreedores y la Argentina atraviesan un camino en el que hay dos opciones y solo dos: el default y la negociación. El default con el FMI es una categoría inexistente, ni siquiera esa posibilidad estuvo en juego en 2001. El default con los bonistas sería un escenario gravísimo. La negociación con el FMI, a mi criterio, ya está realizada y solo hay un tiempo prudencial para ponerla en blanco y negro. La negociación con los bonistas es más compleja. Sobre eso volveremos.

Pero en estos días Cristina abrió el juego del Gran Bonete. ¿Maniobra distractiva?¿Molestar por vocación no cooperativa? Veamos.

Desde Cuba Cristina Kirchner instaló la idea de que el FMI, nuestro principal acreedor, debe aceptar una quita del crédito que con él mantenemos. Supongo que propondrá una quita importante para que tenga sentido.

De ese Club (FMI) somos socios; y debe quedar claro que –si hubiera una quita– el FMI la “debe aceptar”: no es imaginable otra cosa.

El Directorio del FMI es más parecido al directorio de la OTAN que a las Naciones Unidas. No es el mejor directorio para pretender imponerle condiciones. Ya sabemos.

Apunte: al sucesor elegido de CFK, Axel Kicillof, no le fue bien con el Club de Paris. No logró quita y le aplicaron groseros punitorios. Los miembros de ese Club son protagonistas del FMI.

Desde Washington,KristalinaGeorgievale retrucó a Cristinaaclarando que, ni ebrio ni dormido, el FMI renuncia a cobrar íntegramente sus créditos.

Luego, el staff del FMI pasó la pelota: los que tienen que hacer la quita son los bonistas privados…

A“criterio del FMI”, el “Gran Bonete” (nosotros) tiene voluntad, pero no tiene con qué hacer sostenible su endeudamiento total. El FMI postula cobrar y los demás a la cola y la quita.

A esta altura, en materia de quitas-o acerca de “cuánto pagar”- estamos jugando al Gran Bonete. Veamos.

Dice el Gran Bonete (la voz de CFK), a mí se me han fugado miles de millones de dólares y el FMI los tiene que poner. Porque él puso los dólares para que se vayan.

El FMI contesta:¿Yo señor? No señor. No los pongo.

El Gran Bonete dice: ¿Pues entonces quién los pone?

El coro del FMI dice: la ponen los bonistas, ¡háganle la quita a los bonistas!

Los bonistas preguntan ¿Yo señor? ¿Por qué señor?

El FMI contesta: porque el Gran Bonete no te podrá pagar.

El Gran Bonete calla. ¿Hasta el 31 de marzo?Para entonces habrá comenzado el otoño. ¿Todo verdor perecerá?

Cristina ocupó el centro de la escenay fue la voz del Gran Bonete. Kristalina hizo una verónica; y pocas horas después su staff generó la respuesta: que la pongan los bonistas.

La razón de Cristina(la quita al FMI) no es la indiscutible incapacidad de pagode nuestro país respecto de las obligaciones en los términos pactados.

La lógica del buen deudor del FMI es proponerlecambiar los términos de modo que sea posible cumplir. Pero no reducir el monto nominal de las obligaciones para cumplir. El no del FMI es obvio.

CFK apuntaa reducir el monto de las obligaciones.La razón que alega esuna surgida del corazón.

Según la vicepresidente (el ente no tiene género), el FMI realizó un préstamo destinado a facilitar la fuga –en dólares– de los excedentes financieros generados en la Argentina.

Según Cristina,el préstamo fue otorgado para una finalidad que impedía su cancelación. Nos prestaron, dice CFK, para que se la lleven. Financiaron una fuga.

La afirmación se funda en la coincidencia cronológica entre el desembolso e ingreso de esos fondos a las reservas del BCRA, y la enloquecida presteza de los entonces directivos de esa entidad para vender dólares contra pesos; y a una cotización que era una uva dulce para comprar.

Estaban dadas las condiciones operativas para la fuga: a aquel precio del dólar era negocio comprar (por debajo del que estaría en un mercado libre) y como el mercado estaba comprador, el vendedor de “última instancia” fue –insólitamente- el BCRA. ¿Loco no?

Nadie puede dudar ni por un segundo de la absoluta irracionalidad de la actitud infantil y suicida, al mismo tiempo, de liquidar reservas a velocidad inusitada que llevaron a cabo, durante la gestión PRO, personas educadas y que hasta han dado clases en cátedras de economía.

Tampoco nadie puede ignorar que el dinero es fungible y que el FMI –como filosofía– no admite que las reservas se utilicen para contener e impedir la cotización “natural del mercado”, brindando una oferta de dólares proveniente de las reservas formadas con préstamos, para mantener la cotización por debajo de la oferta y demanda del mercado libre. Y menos aún que esa práctica se realice con dólares prestados por el Fondo.

Asignarle responsabilidad al Fondo por el financiamiento de esa fuga es un error,si bien pleno de entusiasmo, de Cristina.

Error que Alberto aclaró que era pertinente. No aclare que oscurece.

Pero más allá del error deatribuirresponsabilidad causalal FMI por la fuga; también es un error imaginar que el Fondo pueda aceptar una quita de su capital prestado.

¿Quién puede imaginar a un director representante del gobierno de Noruega, Nueva Zelanda, Portugal, Finlandia, Dinamarca o Austria –economías iguales o más pequeñas que la Argentina– aceptando un perdón de deuda de un país cuyos residentes blanquearon (porque no habían pagado impuestos) el doble de lo que el país le debe al FMI; y cuyos residentes se estima disponen fuera del sistema de más de 300 mil millones de dólares? Olvídenlo. Nunca habrá reducción de deuda con el FMI. No somos realmente pobres, aunque el 50% de los niños menores de 14 años lo sean. Grave.

En última instancia los responsables de la fuga son los gobiernos, sea porque sus políticas no fomentan el ahorro en moneda local, sea porque sus sistemas financieros, tributarios, aduaneros, etc., carecen del interés o la capacidad de control. Es decir, pato o gallareta, el responsable de la fuga es el gobierno argentino. ¿Hay manera de echarle la culpa por eso al FMI?

Para recordar, desde 2003 hasta 2019 se colocaron fuera del sistema financiero nacionalaproximadamente 180 mil millones de dólares. A eso llamamos fuga.

Durante los 12 años kirchneristas volaron 102 MM de dólares, de los que Cristina dejó partir 80 MM. Mauricio le ganó, en cuatro años, 90 MM fugados. El récord histórico anual lo tuvo Mauricio –el mejor equipo de los últimos 50 años– en 2018, con 28 mil millones en solo un año. Un escándalo.

Está muy bien que la fuga preocupe. Mejor ocuparse. Esos cientos de miles de millones de dólares colocados fuera del país, sise hubieran aplicado a la creación de trabajo y a la producción de bienes transables, representarían la posibilidad del pleno empleo y la de un balance externo positivo.

La inversión productiva es el único antídoto contra el desempleo y la crisis social y –al mismo tiempo– la garante de la salud fiscal.

La lógica de esa preocupación por la fuga –no importa que sea tardía–es arbitrar las políticas y las herramientas que cambien la dirección de la corriente de fuga de capital, invertir el actual plano inclinado de la acumulación, única herramienta para liberarnos de una economía que hoy está estructurada para reproducir el escenario de la deuda.

Le recuerdo que el default de Adolfo RodríguezSaá (y la renegociación) no fue aprovechado para “invertir” la corriente de la fuga –el plano inclinado–, sino que horas después de la “renegociación” la fuga continuó. ¿En qué pensaban?

Volvamos al Gran Bonete. La propuesta de Kristalina  es “quita a los bonistas”. Parte de los fondos que son titulares originarios de los bonos son fugados propiedad de residentes argentinos. La quita propuesta por Kristalina tiene –seguramente– el espíritu de “recuperar” para el Estado parte de los tributos que los capitales fugados, en su momento, no aportaron. Puede ser. Pero esa, como la de CFK, es una razón del corazón.

La pregunta es ¿de cuánto sería esa quita para que represente un atajo a la viabilidad de la cancelación de la deuda? No lo sé.

Seguramente, en el despacho de Martín Guzmán, esos ejercicios se han realizado.

Marcelo Bonelli, un economista y periodista especializado con acceso a todas las fuentes de las que brota algo, la semana pasada sugirió que, desde la perspectiva de los bonistas o de los que los lideran, la idea era lograr que la Argentina cancele 10 mil millones de dólares del total de la deuda de capital más intereses y de esa manera motivar a una negociación que haga sustentable la deuda argentina.

Esos 10 mil millones podrían obtenerse del FMI,ya que equivale a lo que falta desembolsar del crédito original y sobre el que se han cumplido todas las metas convenidas con el Fondo.

Una deuda a tasa alta (la pactada con los bonistas) se cancelaría así con una deuda a tasa baja(con el FMI).

El crédito de los bonistas así reducido podría renegociarse (tal vez sin quita) a muy largo plazo de amortización y con una tasa propia de un deudor solvente. Paraguay acaba de endeudarse al 4%.

Imaginemos –soñar no cuesta nada– que, reducida en 10 MM, la deuda de los bonistas se consolidara con una tasa de 4 o menos de 4 y con un período de gracia de capital e intereses por todo el gobierno de Alberto Fernández. Y que el período de gracia del crédito consolidado con el FMI fuera el mismo.

En esas condiciones Guzmán habría conseguido los beneficios financieros de mediano plazo de un default, sin entrar en default y habiendo bajado notablemente la tasa de interés para el tiempo en que comenzáramos a cancelar los servicios.

La gestión Guzmán habría logrado aproximar las mismas condiciones de las que gozó Néstor Kirchner que es recordado como el gobierno de la recuperación de la economía después de la debacle.

Las condiciones externas de entonces no están; y además sufrimos las expectativas negativas del coronavirus que no es una pavada.

Las condiciones internas tampoco están, porque el Estado pesa sobre el PBI el doble de lo que entonces pesaba; y porque el atraso de inversiones hoy es mucho mayor al de hace 15 años y las terribles condiciones sociales tienen una dimensión estructural más profunda que entonces.

Lo de Cristina es inútil siquiera pensarlo; lo de Kris no es fácil arreglarlo y nadie puede saber cuánto demora lograrlo.

Lo grave es que, si no cerramos el tema de la deuda, después del otoño viene el invierno y no es una metáfora. Urge resolver el tema de la deuda.

Lo más importante en estas condiciones es que sin un programa mayúsculo de transformación y con la Argentina creciendo a impulsos del mercado, digamos a tasas modestas, es una sociedad que se irá quedando sin oxígeno y en esas condiciones no pasamos el invierno.

El mundo nos ofrece un futuro de tasas bajas al que tal vez más adelante nos podremos subir. Nos señala que está dando un giro que debemos entender y aprovechar: reconstruir nuestra estructura productiva y exportadora.

Por una vez en 45 años es posible e imprescindible  tratar de promover la inversión y la exportación para poder existir. De esto se trata.


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