El Coronavirus en el sur del gran Buenos Aires

Desde finales de mayo, momento en el que se desata el brote en el barrio Azul, la tasa de positividad creció hasta llegar a tasas que rondaron entre el 43 y el 53% según momentos y municipios.


Todas las mañanas el informe del Ministerio de la Nación nos brinda una serie de datos acerca del devenir de la pandemia. El jueves supimos de una nueva modificación en torno al diagnóstico. ¿Qué significa este cambio, específicamente? A partir de nuestro trabajo de investigación en torno a la Región Sanitaria Sexta (que incluye los municipios de Avellaneda, Lanús, Quilmes, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Esteban Echeverría, Florencio Varela, Berazategui y Ezeiza) trataré de condensar algunos resultados.[1] 

 

Si bien son muchos los elementos que preocupan acerca del devenir de la pandemia, volveré sobre tres aspectos centrales: el diagnóstico –que remite, a su vez, al anuncio de el jueves-, la incidencia analizada espacio-temporalmente, para  finalmente, revisitar el momento actual dentro del devenir de los cuidados críticos. ¿Por qué estos tres puntos? Los elegimos porque suponen el primer momento en el cuidado de los infectados –y, por cierto, seguidamente de los que aún no se infectaron-, la incidencia del virus bajo las coordenadas de espacio y tiempo y el momento más complejo en torno a la preservación de la salud: las unidades de terapia intensiva.

El diagnóstico

Desde diversos lugares se clama por un aumento en la cantidad de testeos. Tanto la Organización Mundial de la Salud como el Comité Asesor del ministerio de salud para el seguimiento del COVID en la Provincia de Buenos Aires, en su consenso del 29 de abril, manifestaron que la cantidad de testeos adecuada no se puede considerar en números abstractos sino en números relativos, esperándose una tasa de positividad cercana al 10% de los casos confirmados.

El itinerario que se asocia a esta afirmación es que en torno a cada caso confirmado se deben rastrear y diagnosticar todos los contactos estrechos hasta que se llegue a que sólo el 10% de las personas testeadas tengan un resultado positivo. Desde esta perspectiva se garantizaría el conocimiento precoz de los contagios y el cuidado de los allegados a un caso confirmado.

Nuestro último reporte muestra la evolución de la tasa de testeos en el Sur del Gran Buenos Aires desde que comenzó la pandemia. Estos datos muestran que, desde finales de mayo, momento en el que se desata el brote en el barrio Azul, la tasa de positividad creció hasta llegar a tasas que rondaron entre el 43 y el 53% según momentos y municipios. Claramente esta tasa no se condice con los lineamientos del consenso mencionado. Su permanencia en estos altos niveles puede estar ligada a una serie de aspectos. La ejecución de test de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR), tal como explica Laura Fisherman propone una reacción respecto de una copia del material genético del SARS-CoV-2 implicando una metodología de obtención de la muestra y un proceso interpretativo complejo. Esta complejidad debe haber afectado la dinámica de diagnóstico oportuno.

Seguramente esta preocupación por el subtesteo ha sido el germen del cambio en la definición de caso confirmado que se dio a conocer el día 6 de agosto. Según esta nueva modalidad los convivientes y contactos estrechos de los enfermos diagnosticados por test de PCR que residan en áreas con transmisión comunitaria y presenten algún síntoma característico de la Covid-19 serán considerados caso confirmado por criterio clínico-epidemiológico sin diagnóstico de laboratorio. Es de esperarse que esta transformación afecte positivamente el cuello de botella en el que se encuentra hoy el diagnóstico en el territorio del AMBA. Un asilamiento y un tratamiento oportuno de los casos de los convivientes es central para la continuidad del seguimiento epidemiológico de sus otros contactos estrechos.

La incidencia

De la mano de las medidas de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) se ha logrado ralentizar el crecimiento de la curva de contagios y, por ello, evitar el ascenso exponencial de los casos confirmados, sin embargo la situación es preocupante.

Nuestro equipo trabaja con la Zona sur del conurbano. En este espacio social se pueden distinguir tres períodos diferentes. Uno se extiende desde el primer caso hasta mediados del mes de mayo, el segundo período extiende hasta finales del mes de junio y el tercer momento aún se encuentra en desarrollo. El primer período, con una media de 16 casos por día marca el comienzo de los contagios; durante este primer momento se produjeron 34 fallecimientos por COVID-19. El segundo período es el que remite a un fuerte crecimiento de la curva ascendiendo a una media de 226 casos diarios; dentro de estas fechas se producen 116 fallecimientos por COVID-19. Finalmente, el tercer período -aún en curso- expresa un crecimiento relativo menor de la cantidad de casos confirmados, pero con una media de 480 casos diarios y 401 fallecimientos en poco más de tres semanas.

El aplanamiento de la curva de casos confirmados no debe hacernos llegar a conclusiones equivocadas. En primera medida, dicho aplanamiento se produce bajo cifras significativamente altas evidenciando picos levemente mayores a medida que transcurre el tiempo; en segundo lugar, existe un atraso en la recepción del resultado del testeo (entonces una gran cantidad de casos aún están consignados como sospechosos y por ello no se contabilizan en nuestra base). Por ello debemos ser muy cautos a la hora de celebrar este posible achatamiento.

Como ya se había expresado con antelación, la dinámica centro-periférica continúa mostrándose potente a la hora de comprender los datos. Avellaneda, Lomas de Zamora, Lanús y Quilmes muestran las cifras más altas tanto en términos absolutos como relativos a la población, contendiendo dos tercios de los infectados. El caso de Avellaneda vuelve a adquirir primacía y muestra señales preocupantes con casi 1150 contagiados por cada 100 mil habitantes. El segundo cordón muestra cifras tanto absolutas como relativas menores al primero; la posible asincronía respecto de cada uno de los cordones vuelve a ser una interpretación posible. Dentro de este conjunto de municipios, Berazategui y Almirante Brown tienen los datos relativos más altos, aunque cercanos a los demás partidos de este cordón. Una tendencia cortada por la dinámica centro-periferia también se puede observar en los datos acerca de los fallecimientos, pues Quilmes, Lomas de Zamora, Avellaneda y Lanús poseen una tasa de mortalidad (es decir una cantidad de muertos por cantidad de habitantes) que duplica los resultados del segundo cordón.

El crecimiento de la incidencia abre nuevas demandas al sistema de salud. El problema del cuidado de los trabajadores de la salud y de las unidades de terapia intensiva aparecen como dos aspectos sensibles.   

Las Unidades de Terapia Intensiva

Las unidades de terapia intensiva son los espacios de cuidados críticos que están equipados de infraestructura específica y necesitan personal idóneo para el manejo correcto del instrumental y los cuidados necesarios. Lamentablemente en la Argentina los terapistas escasean.

A pesar de ser un tema recurrente en las noticias, la información encontrada para nuestra región de estudio acerca de la disponibilidad de camas de cuidados críticos es confusa. Según datos del Ministerio de Salud de la Provincia (2018) región contaba con 137 camas UTI. Según el reporte diario del Ministerio de Salud de la Nación del día 23 de junio, el Ministerio de Obras Públicas de la Nación construyó 12 hospitales modulares en todo el país, de los cuales 4 fueron instalados en Quilmes, Florencio Varela, Alte. Brown y Lomas de Zamora. Cada uno de los hospitales modulares sumaron 24 camas críticas a las ya existentes, lo que representa 96 camas adicionales. A su vez, según información periodística se sumaron 118 camas a los hospitales provinciales; entre ellos se han registrado 16 camas para el Hospital Evita Pueblo de Berazategui, 30 para el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, 23 para el Hospital Eurnekián de Ezeiza, 41 para el Hospital Bicentenario y Santamarina de Esteban Echeverría y 8 para el Hospital Mi Pueblo de Florencio Varela.

La ampliación del sistema en tiempo record es aspecto central a la hora de realizar un balance del ASPO. Ralentizar la curva posibilitó un incremento en la capacidad hospitalaria de cuidados intensivos; sin embargo, en este momento podemos vislumbrar que seguramente los límites del sistema provengan más de las dificultades para cubrir la demanda de profesionales de la salud idóneos que de las camas propiamente dichas.

De los 432 pacientes que residen en los municipios de la Región Sanitaria VI con diagnóstico confirmado de COVID-19 han necesitado utilizar UTI ¿Cuán relevante ha sido el sector público para la provisión de este tipo de atención? El 33,7% de los pacientes que necesitaron cuidados intensivos lo hicieron en el sector público, pero de ellos más de la mitad necesitaron asistencia respiratoria mecánica. Tal segmentación evidencia que es este sistema el que acoge a los cuadros más severos, -tal vez, con detección más tardía-; a su vez, aquí se reciben a los pacientes que necesitan un período más extenso de permanencia en las UTIs.

Tomando en consideración las grandes variaciones, a partir de los datos provistos por las instituciones de salud, nuestro equipo estimó una duración media de 15 días por paciente en las UTI. Con esta estimación se vislumbra una curva ascendente preocupante, sostenida y duradera. El relajamiento del ASPO, incluso comprendiendo las causas que lo motivaron, no parece ser promisorio. Es verdad que otras enfermedades estacionales fueron menos relevantes durante este año por el mismo proceso de aislamiento, de allí que la disponibilidad de uso para el SARS-CoV-2 sea relativamente mayor. No obstante, el objetivo de que el sistema no se sature aún sigue siendo una meta que no se tiene que desatender.



   

 

[1] Nuestros reportes completos con la totalidad de los datos se pueden encontrar en https://medium.com/@Covid19RegionSanitariaVI.

La investigación siempre es colectiva, nuestro equipo de trabajo está compuesto por María Maneiro, Soledad Fernández Bouzo, Santiago Nardin, Ariel Farías, Hernán Olivera y Juan Pablo Borda bajo el asesoramiento de Sebastián Sustas, Rocío Rivero y Manuel Riveiro.



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