El ballet cósmico ha empezado

Por: Juan Francisco Gentile

Como guerreres ninjas de un futuro distópico convertido en presente, una masa impulsada por la necesidad de conseguir los morlacos necesarios para seguir girando en la rueda, deambulan por la ciudad y apuran el paso. Caras ocultas bajo tapabocas surcan las calles de los barrios, bolsas en mano, sobre cuerpos inflados por el abrigo y la hibernación forzosa. ¿Qué dicen esos ojos esquivos? ¿Habrá esperanza en sus rostros escondidos? ¿Tendrán cansancio, expectativa, la famosa angustia de los libertadores, querido Rey, alguna alegría, stress? ¿Un mix de todo? Mientras en distintas provincias del país las realidades son diversas, en el Área Metropolitana de Buenos Aires caminar las calles es un paseo bizarro por un lugar propio y ajeno a la vez, sacudido por una realidad que nunca imaginamos iba a materializarse, pero pasó: una pandemia de alcance mundial para la que no hay vacuna ni tratamiento efectivo azota nuestras vidas. De los guionistas de series a la vida real, salvo por los recursos narrativos predecibles -no pude con Dark-. Cuando la vida cotidiana ve distorsionada su materialidad y un extañamiento más propio de las narrativas y sus artificios que de la prosaica existencia ganan nuestra percepción, de un modo involuntario y no recreativo, aparecen entonces las palabras del presidente: "Todo tuvo sentido". La conferencia en la que Fernández, junto a Kicillof, Larreta y gobernadores provinciales anunciaron la flexibilización del aislamiento, fue una muestra de racionalidad frente a los discursos de odio e irresponsabilidad que circularon con fuerza estas semanas.

La Argentina está en una situación destacable en el contexto mundial, en relación al manejo político y sanitario de la pandemia. Parece que es necesario repetirlo cada vez que se puede: potencias mundiales no tenían lugar para enterrar a sus muertos, los profesionales de la salud tenían que elegir entre quien vive y quien no, se dieron situaciones desesperantes. En cambio, los indicadores locales no son trágicos, y eso es mucho. Si bien lo que hay por delante es seguramente duro –también hay que repetir esto-, lo logrado hasta hoy es mérito de las políticas implementadas por el gobierno y de la mayoría de la sociedad, que cumplió con sacrifico medidas de aislamiento muy costosas para el bolsillo y la psiquis. Hay una minoría, ruidosa y amplificada en demasía, que apuesta al fracaso argentino, capaz de generar las condiciones para un desplazamiento del Frente de Todos del timón del navío. La coalición gobernante tiene a sus vez sus debilidades, algunas congénitas y algunas otras malas maniobras sobre la marcha (la comunicación de lo referido a Vicentín y sus consecuencias, para ir al ejemplo más reciente)  que buscan ser aprovechadas por ese sector encarnado políticamente por Juntos por el Cambio, con el ex presidente Macri y Patricia Bullrich a la cabeza, y algunos actores de reparto, con la distancia respecto de las responsabilidades de gestión como común denominador.  

La actual oposición, cada vez más beligerante, tiene una certeza. Debe minar la relación entre Alberto y Cristina. Es la bisagra madre que sostiene la unidad entre la diversidad de sectores políticos y sociales que integran el Frente de Todos, capaz de lograr algo que no mucho antes de las elecciones de 2019 (¡menos de un año atrás!) parecía imposible: encauzar electoralmente una propuesta distinta a la vieja receta de deuda y ajuste que implementó la alianza entre el PRO, la UCR y la CC, una vez que se desinflaron los globos y se cayó el decorado berreta de la renovación institucional y modernización. Deben tomar plena conciencia de eso, también, esos sectores (organizados o no) que llevaron a la victoria a Alberto Fernandez y Cristina Fernández de Kirchner, en una semana donde declaraciones y cartas de referentes hicieron ruido y alimentaron los sueños húmedos del establishment. La unidad es condición de posibilidad y de resiliencia de un gobierno progresista y de cuño popular en la Argentina. Que se doble, pero que no se rompa. La división, en cambio, abre el camino para las expresiones más elitistas y excluyentes de la política y su reflejo en la sociedad. Un legislador nacional que fue clave para el acercamiento entre el presidente y su vice usó esta semana una metáfora botánica: hay que regar la planta de la unidad.

A esta altura ya es casi una obviedad: la caída económica que va a dejar la pandemia será muy fuerte. Ante una crisis, ya sea heredada, generada por errores propios, forzada por condiciones externas, o nuevamente un mix de todo -suele ser esto último, con proporciones variables de cada ingrediente-, hay dos grandes ejes que estructuran una posible acción política: más ajuste o más distribución. Es el nervio central de la discusión política en la Argentina y la línea divisoria entre los principales actores en pugna. En las muchas reuniones de comisión realizadas en el Congreso, legisladores de la oposición repitieron una y otra vez que la caída económica es culpa del gobierno y su cuarentena, y no de la pandemia, y comparan con los números -desastrosos, por cierto- que dejó Macri, resaltando la caída en un intento de ponderar su paso por el gobierno. Lo hicieron esta semana los diputados de Cambiemos en la comisión de Legislación General que preside Cecilia Moreau. Pequeño detalle: durante el gobierno del ahora complicado por la causa de espionaje ilegal no hubo deuda externa impagable ni pandemia mundial. En este sentido son muy interesantes dos informes del Centro de Economía Política Argentina publicados recientemente, que vuelven a demostrar que la caída económica Argentina no es peor que la de otros países del mundo con cuarentenas más flexibles desde el primer momento.

El período de gracia que acompaña a todos los gobiernos en los primeros meses de sus mandatos terminó, en cuanto a los sectores de poder. Lejos quedaron aquellos primeros gestos de unidad nacional de marzo, con las portadas de los diarios unificadas en un mensaje solidario y el arco opositor en un tono prudente. La sociedad, según muestran algunos estudios de opinión, sigue acompañando al gobierno, aunque ese apoyo va mermando, lo cual es lógico. La reaparición de Macri y su énfasis en “la defensa de la libertad”, la creciente beligerancia de oposición y medios, dan cuenta de que hay sectores decididos a pasar a una etapa confrontativa en medio del pico de la pandemia. Esos sectores son, claro, los que no tienen responsabilidades de gestión, en tanto los gobernadores e intendentes de la oposición se mantienen cerca del gobierno nacional. Es sabido: a mayor distancia de la gestión, más fácil es tribunear y tirar piedras. El ladrillazo, inversión de bajo riesgo. El teorema de Baglini, tantas veces invocado por quienes gobiernan, y destacado por la actual vicepresidenta cuando era la principal referente de la oposición a Cambiemos. Como dice el personaje del Sr. Spock, aquel mítico personaje de la retro futurista Star Treken su aparición en Los Simpsons -inagotable cantera de referencias de sutil acidez y precisión-, "el ballet cósmico ha empezado".



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