El Amor y el Miedo

OPINIÓN. Está absolutamente visto que la conducción política del poder económico argentino no tiene ningún amor por el gobierno. Si tampoco le tiene temor, el futuro se llenará de oscuridad.


En una escena de la maravillosa película dirigida por Robert de Niro en 1993, llamada A Bronx Tale, su coprotagonista Chazz Palminteri, en el personaje de Sonny, recorre el barrio como capo mafia regional junto al personaje de Calogero, un niño de 10 años hijo de Lorenzo, el personaje de De Niro, chofer de autobús. 

Calogero se asombra de la cantidad de gente que se acerca a Sonny para saludarlo y presentarle sus respetos. Calogero le dice a Sonny de su sorpresa por tanto amor, a lo que Sonny le responde “no es amor, es temor, porque el temor dura más que el amor”.

Tal vez esta sencilla aplicación práctica de la teoría política de El Príncipe, del enorme Nicolás Maquiavelo, podría servir para describir la situación política del gobierno nacional a fines de octubre, a solo un año del triunfo electoral, y buscar en esa mirada alternativas a la crisis.

Los datos del INDEC, para nada exagerados y tal vez lo contrario, indican que, en el segundo trimestre de 2020, 3 millones 600 mil argentinos perdieron sus trabajos y que uno de cada cinco que lo conservan, lo hace con recortes salariales e incertidumbre de toda naturaleza.

A eso se suman 5 millones de compatriotas que han caído bajo la línea de pobreza y la situación de aquellos que aun conservando su empleo, padecen paritarias ridículas, muy por debajo de la inflación.

Jubilaciones paupérrimas que llegan en su enorme mayoría a la increíble cifra de 100 dólares mensuales y un salario mínimo vital y móvil que deambula por la línea de indigencia, también forman parte del cuadro.

La explosión geométrica de la emergencia alimentaria permite observar en la multiplicación de comedores alimentarios, a millones de argentinos y argentinas, que no tenían memoria familiar ni personal de esas vicisitudes.

La pandemia no va mejor, con más de un millón de contagiaos y mas de 28 mil fallecidos, el ejemplo argentino se derritió como manteca al sol.

Incluso la Universidad de Harvard colocó a la República Argentina el último jueves como el país de más descontrolada expansión del COVID en toda Sudamérica.

Por si esto fuera poco, los lisérgicos reportajes de Mauricio Macri con sus publicistas de ocasión disfrazados de periodistas le dan un tono más dramático a la situación política, que nos acerca peligrosamente al “Que se Vayan Todos”, aquel sueño inconcluso de la oligarquía vernácula, de un mundo sin política y de un estado gerenciado por ellos, para su propio beneficio.

Pareciera sin embargo extendida la subestimación de la gravedad de lo relatado, como en un tiempo cercano, fue subestimada también la pandemia de COVID.

La idea de un gran acuerdo nacional serio y responsable, no encuentra dentro del circulo rojo a nadie dispuesto a ser ni serio ni responsable. La insistencia bíblica de un pedido de solidaridad con el desastre nacional, producido por Mauricio Macri y la pandemia, no encuentra en los actores del poder factico económico argentino, nada que no sea una mirada despectiva ante la supuesta debilidad del gobierno nacional.

La idea de seguir saqueando las reservas del Banco Central y de hacer hervir el precio del dólar para cocinar en ese hervor al gobierno nacional es la respuesta nítida, clara y concreta.

Recibir en Olivos con estatus de interlocutor privilegiado a uno de los protagonistas e impulsores de esta crisis, que hasta hace no mucho era un miserable, no es precisamente una señal de convicción clara en la fortaleza propia.

Está absolutamente visto que la conducción política del poder económico argentino no tiene ningún amor por el gobierno. Si tampoco le tiene temor, el futuro se llenará de oscuridad.


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