El 100º aniversario del Partido Comunista da China (PCCh)

OPINIÓN. Su origen, resiliencia y adaptabilidad.

Por Li Xing – Profesor titular da Universidade de Aalborg, Dinamarca.

Javier Vadell – Profesor do Programa de Relaciones Internacionales da PUC Minas

Peng Bo – Research Fellow de la Academia de Ciencias Sociales de China


Resiliencia es un anglicismo que era poco utilizado en la lengua española hasta el año 2000, cuando su uso se hizo más frecuente. Esta expresión, creemos, describe muy apropiadamente al Partido Comunista de China (PCCh), que este año conmemora su centenario. Resiliencia es un término que sintetiza las propiedades de resistencia y flexibilidad que un organismo social o biológico posee, y es por esta razón que consideramos que describe cabalmente al PCCh, una organización con capacidad de adaptación frente a agentes perturbadores y frente a situaciones adversas.

Si pudiéramos remontarnos a la China de hace unos 180 años, estaríamos frente a una civilización bajo el gobierno de la dinastía Qing, que estaba atravesando por un período de decadencia y pérdida de legitimidad frente a sus súbditos. Esta coyuntura se aceleró con el intervencionismo colonialista británico, la gran potencia industrial occidental, que ya se había apoderado de la India y ostentaba su imperialismo con su gran poderío naval y tecnológico.

Esta lenta pero firme decadencia tiene episodios históricos paradigmáticos, como las Guerras del opio (1839-1842), que resultaron en la humillación y la conquista británica de Hong Kong. Este acontecimiento fue el marco inicial del traumático recuerdo en la historia de China conocido como el "siglo de la humillación", durante el cual China fue dividida en "esferas de influencia" por las potencias occidentales. Como algunos autores retrataron metafóricamente, fue dividida "como un melón". Hace unos 125 años, imitando las acciones imperialistas de Occidente, Japón adquirió y colonizó Taiwán, después de derrotar a la armada china.

El ‘contra-movimiento’ de esta tendencia ocurrió hace unos 70 años, con la victoria de la Revolución Comunista China y la fundación de la nueva República Popular. Hace unos 40 años aproximadamente, la metamorfosis de China llama la atención cuando el socialismo revolucionario se transforma en un socialismo de mercado. Hoy en día, el mundo está asombrado por una China completamente nueva, una superpotencia global (re)emergente caracterizada por estos hechos sin precedentes para una nación moderna.

La RPC deslumbra como:

  • la economía más grande del mundo en paridad de poder de compra (PPP) y la segunda economía más grande del mundo en términos nominales;
  • el mayor contribuyente del mundo al crecimiento económico mundial durante muchas décadas;
  • el mayor fabricante e importador de energía y recursos del mundo;
  • la nación comercial más grande del mundo. China es el principal socio comercial de más de 130 países;
  • el mayor poseedor de divisas del mundo (alrededor de 3,33 billones de dólares);
  • uno de los mayores inversores del mundo en términos de inversión extranjera directa (IED);
  • el mayor receptor de IED del mundo (en 2020)
  • el mayor y más rápido avance tecnológico en muchas áreas líderes de alta tecnología del mundo.

¿Cuáles son los factores que han transformado a China de ser uno de los países más pobres del mundo en 1949 a ser la segunda mayor economía? ¿Cuáles factores han contribuido para que millones habitantes salgan de la pobreza y sean hoy una nueva clase media en solo cuatro décadas? ¿Cuáles son los factores que hacen que un país en veinte años erija una red de infraestructura ferroviaria de alta velocidad (arriba de 300 km por hora) de 37.000 kilómetros en dos décadas? Reconocemos que son preguntas complejas y que los factores son variados. Sin embardo hay uno que creemos ser determinante: es el liderazgo efectivo del PCCh.

La historia de la revolución nacional y popular china está directamente ligada al PCCh y puede ser dividida en dos fases principales: la primera nace de una insurrección proletaria en los moldes soviéticos, como consecuencia del fracaso de la insurgencia de 1927, que provocó el colapso de la alianza Nacionalista-Comunista y alteró radicalmente la historia de China. La segunda fase se puede delimitar a partir de la guerra de liberación anti-japonesa (1937-1945) y, posteriormente, en el inicio de la Guerra Civil (1946-1949), que tuvo como resultado la victoria de un frente de liberación liderado por el PCCh y la fundación de la República Popular de China en 1949. El PCCh había sido creado el 1º de julio del año 1921 en Shanghái, con apenas 12 miembros fundadores que participaron del primer congreso del partido, entre los cuales se encontraba presente Mao Zedong como uno de los dos delegados de la provincia de Hunan. Hoy el PCCh se transformó en la mayor organización política del mundo, con más de 90 millones de miembros. ¿Cómo entender esta evolución y fortalecimiento institucional?

Las cuestiones a respecto de los sistemas políticos comparados, legitimidad y representación política suscitan ricos debates y no están exentas de controversias. No obstante, en las últimas décadas, observamos sentimientos encontrados en relación con el PCCh, que van de la fascinación hasta la irritación y rabia. Estos ‘sentimientos’ que influencian fuertemente al periodismo y a la academia en Occidente, frecuentemente estimulan fuertes emociones que juzgan al fenómeno social con optimismo irrestricto o expresando una desaprobación injustificada. Un error común en gran parte de los medios es atribuir al PCCh un rígido autoritarismo partidario sin comprender la otra cara de la moneda, directamente vinculada a su resiliencia, sostenida con altos niveles de legitimidad, producto de su adaptabilidad y capacidad de cambio frente a los desafíos que la nación china enfrentó y enfrenta.

La resiliencia del PCCh se manifiesta como una síntesis de la resistencia y flexibilidad. Esto le otorgó al partido una gran adaptabilidad que le permitió realizar profundos cambios sociopolíticos y socioeconómicos en sintonía con las estructuras moldeadas histórica y culturalmente de una civilización milenaria. El éxito económico de la RPC se alcanzó precisamente por intermedio del rol articulador e integrador del PCCh entre las complejas relaciones Estado-mercado-sociedad en constante metamorfosis. En este sentido, podemos afirmar que las tres principales características interrelacionadas de la resiliencia del PCCh son: la persistencia, la adaptación y la transformación permanente.

No obstante, existe otra característica decisiva y única del PCCh, que tiene sus raíces en la civilización milenaria china. Se trata del principio de "sinización", que se desenvuelve como un proceso espontáneo de absorción, acomodación e integración de ideas y prácticas extranjeras a las costumbres, prácticas y valores de la sociedad china. El concepto de sinización es constituido por la sinergia de una serie de transformaciones históricas domésticas de China en relación con las respuestas a los desafíos externos. La historia del PCCh no escapó a esta tendencia de adaptación a las características chinas y fue absorbiendo ininterrumpidamente procesos de sinización.

Podemos mencionar ejemplos históricos de sinización como es el caso del budismo durante las dinastías Sui y Tang, que resultó en una versión de ‘religión china’, la sinización del marxismo-leninismo en el pensamiento de Mao Zedong y la sinización del capitalismo de mercado occidental, resultando en el “socialismo de mercado con características chinas”. En la RPC, que puede considerarse un Estado-civilización paradigmático, el PCCh ‘sinicizado’ se constituyó y fortaleció como grupo dirigente renovador frente a los desafíos, respaldados en la persistencia, adaptación y transformación permanente.

El fuerte vínculo de la tradición cultural-política china de meritocracia basada en concursos públicos que datan de más de 2000 años y la legitimidad del desempeño explican por qué el PCCh alcanzó reconocimiento y niveles de aprobación incontestables. Informes y encuestas de opinión pública internacionales de gran prestigio revelan evidencias confiables sobre la gran legitimidad del PCCh frente a su población.

1. En el 2020, el Ash Center de la Universidad de Harvard publicó un informe indicando que la satisfacción del pueblo chino con su gobierno ha aumentado prácticamente en todos los ámbitos y sectores. Esta satisfacción se basa, en gran medida, en la mejora que el gobierno realizó en tres áreas clave: seguridad social, políticas anticorrupción y medio ambiente.

2. En los últimos años, los datos de la Encuesta de Asuntos Públicos de Ipsos en todo el país muestran que China ha sido el país más seguro del mundo. Las poblaciones chinas son, en comparación, más optimistas sobre el futuro de su país y el futuro del mundo.

3. Los datos del Edelman Trust Barometer de los últimos años muestran que, comparativamente con otros países, el gobierno central de China liderado por el PCCh ha disfrutado elevados índices de confianza del pueblo chino.

4. Según el China Data Lab, UC San Diego, los niveles promedio de confianza en el gobierno central de China aumentaron constantemente hasta llegar a un 88% en mayo de 2020, cuando el país se vio afectado por la pandemia de Covid-19. También hubo un nivel similar de confianza en los gobiernos municipales de China.

5. Una investigación reciente publicada por la Universidad de York en mayo de 2021 muestra que durante la pandemia de COVID-19 aumentó la confianza de los ciudadanos chinos en su gobierno: 93% a nivel de condado, 94% a nivel de ciudad y 95% a nivel provincial.

El camino para realizar o objetivo fundador del PCCh – denominado por el presidente Xi Jinping como el "Sueño chino" o el gran rejuvenecimiento histórico de la nación china – aún es extenso. No obstante, el esfuerzo persistente del PCCh para alcanzarlo debe merece ser interpretado para comprender el sistema global contemporáneo. No solo por la relevancia de China como gran potencia global, sino por el peso que la economía de este país tiene hoy en toda la región latinoamericana y caribeña. Desde sus inicios como líder del PCCh, Mao Zedong era consiente de las particularidades chinas en su proceso revolucionario y de la imposibilidad teórica y práctica de exportación de la experiencia china a otros países. Esto posee un vínculo de coherencia con la política externa china desde los años cincuenta hasta los días de hoy: el principio de no intervención en asuntos internos de otras naciones, que forma parte del “espíritu de Bandung”. En este sentido, Mao en 1956 expresaba:

“Quiero dejar claro a todo el mundo que la experiencia de China sólo puede servir de referencia y no debe ser copiada a ciegas. Cada país debe decidir sus principios y sus políticas en base a sus propias características nacionales, e integrar el marxismo con sus propias características nacionales. La experiencia de China ha sido buena y mala; hemos tenido éxitos y fracasos. Puede que incluso las buenas experiencias de China no sean aplicables dadas las condiciones específicas de otros países. Es peligroso copiar una experiencia exitosa. Las experiencias éxitosas de un país pueden fracasar en otro, debido a la situación única de cada uno. Copiar a otros países conlleva riesgos, y copiar ciegamente garantiza pérdidas. Esta es una lección de importancia internacional”

Occidente no debería ni romantizar ni demonizar la experiencia china basada en un sistema político liderado por el PCCh, que es un producto histórico y cultural único. No obstante, si bien el modelo de desarrollo liderado por el PCCh, con sus conquistas económicas y sociales, no pueda ser considerado universalmente aplicable a otras naciones, esta experiencia demuestra que existen alternativas ‘no occidentales’ y experiencias socialistas para alcanzar el desarrollo y la prosperidad de una nación en una nueva era de relaciones inter-civilizatorias.

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