Pequeña Otan: Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia empujan al mundo hacia una Nueva Guerra

Vladimir Kornilov (“RIA Nóvosti”)

(Traducción y adaptación Hernando Kleimans)

 

Uno de los principales acontecimientos de la semana pasada fue, sin duda, la creación de una alianza militar trilateral entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia (AUKUS), muy cuestionada en todo el mundo. Sin embargo, la mayoría de los comentarios ahora se refieren al "cuchillo en la espalda de Francia", un insulto directo que los aliados infligieron a París con este acuerdo, que provocó la retirada sin precedentes de los embajadores franceses de Washington y Canberra.

La flamante alianza sólo admite la adquisición de material militar entre sus miembros. Esto puso el punto final a la venta de submarinos atómicos franceses a Australia, algo que ya París y Canberra habían acordado.

Pero no son sólo los franceses. Los estadounidenses, después de haber presionado a firmar este acuerdo aventurero al primer ministro británico Boris Johnson y a "ese chico del mundo de abajo", como tan amablemente llamó el olvidadizo presidente estadounidense Joe Biden al jefe del gobierno australiano Scott Morrison, al mismo tiempo apuñalaron por la espalda a su aliados más cercanos en varios bloques y alianzas, ignorando abiertamente sus intereses y poniendo en peligro todo el sistema de seguridad global.

Los medios británicos ahora se burlan francamente de Francia y de su presidente Emmanuel Macron, al tiempo que citan los detalles más curiosos del acuerdo, que tuvo lugar en las narices de los principales aliados de Estados Unidos. A juzgar por la información privilegiada, que fue filtrada por “The Times”, el alcance preliminar del acuerdo al más alto nivel se discutió en junio en la cumbre del G7, que Johnson organizó en Cornwall. Basta pensar que en las oficinas vecinas estaban los líderes de los principales socios, incluido el propio Macron, mientras Biden, Johnson y Morrison, invitado especialmente para esto, estaban preparando en secreto una decisión escandalosa. El Times acompañó esta información con una leyenda burlona: "Scott Morrison discutió un acuerdo de defensa con Boris Johnson en la cumbre del G7, mientras que los franceses se centraron en las salchichas", pues entre Francia y Gran Bretaña se desarrollaba uno de los episodios de sus disputas comerciales, apodado "guerras de las salchichas".

Más cínico aún es el comportamiento del primer ministro australiano, que de inmediato voló a París desde la cumbre para confirmar personalmente a Macron su compromiso con el acuerdo sobre la construcción de submarinos franceses. No es de extrañar que los franceses estén reaccionando de forma tan dolorosa a lo sucedido.

Pero los líderes de la Unión Europea también estuvieron presentes en la misma cumbre. Anunciaron públicamente que a mediados de septiembre presentarían una nueva estrategia de la UE formulada desde hace mucho tiempo en la región del Indo-Pacífico. Los propios estadounidenses aseguran que no fue una coincidencia el anuncio de AUKUS con la presentación de la estrategia europea. Muchos consideraron que no fue una casualidad que tuviera lugar en vísperas del informe de Josep Borrell, jefe del servicio de política exterior de la Unión Europea.

El principal diplomático europeo lamenta ahora abiertamente que su departamento no haya sido informado del acuerdo. Nadie oculta mucho que la UE está "enojada" con tal actitud hacia sus aliados. Como señaló correctamente Frederic Grar, analista del Consejo Europeo de Asuntos Exteriores, "se le ha dicho a la UE que no tiene nada que hacer en el Indo-Pacífico". En este sentido, Wolfgang Munchau, director del grupo analítico Eurointelligence, abiertamente, sin equivalentes diplomáticos, calificó a AUKUS como "una catástrofe para Europa".

Por razones obvias, la OTAN dominada por Estados Unidos no tiene derecho a expresar abiertamente su descontento con el acuerdo. Pero podemos decir con seguridad que es un duro golpe para la Alianza del Atlántico Norte, que también permaneció sin participar durante su conclusión. Especialmente ahora, cuando todo el mundo está discutiendo el vergonzoso fracaso de la OTAN en Afganistán, la cuestión del papel futuro de este bloque y la conveniencia de su existencia es muy aguda. Tras el surgimiento de la nueva estructura, que ya ha sido bautizada como "pequeña OTAN", se puede afirmar que la crisis de la organización se convertirá en un tema urgente de discusión a diferentes niveles. En un momento, Macron ya se hizo famoso por su declaración sobre la "muerte del cerebro de la OTAN", y ahora en Francia están llamando abiertamente a la retirada de la alianza después de tal traición por parte de los "aliados".

Pero este no es el único bloque cuyo papel en la creación de AUKUS fue completamente ignorado. Eludir estructuras como el Tratado de Seguridad de los Cinco Ojos (Five Eyes) y la ANZUS (ANZUS Security Treaty) también es un tema de amplia discusión. La primera es una alianza de inteligencia de cinco estados (EE.UU., Canadá, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda), cuya esencia es el intercambio de información militar y otra información sensible relacionada con la seguridad. El segundo es una alianza defensiva entre Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Como podemos ver, a Washington, Londres y Canberra les importaron muy poco los intereses de Wellington, que es miembro de ambas estructuras.

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, admitió que, a pesar de todos los compromisos asumidos en el marco de los bloques antes mencionados, nadie le informó sobre el próximo acuerdo. Todo esto sucedió solo unos días después del 70 aniversario oficial de ANZUS.

Ardern ha reaccionado con más calma a lo sucedido que los europeos, pero advirtió a los participantes de AUKUS de antemano que no permitiría futuros submarinos nucleares, que deberían construirse en virtud del acuerdo, en sus aguas territoriales. Pero la ministro de Relaciones Exteriores de Nueva Zelanda, Nanaya Mahuta, habló más abiertamente y expresó su preocupación por el estallido de una carrera armamentista en la región.

No se puede decir que en los países que participaron en la firma del nuevo pacto, el mismo se haya percibido unívocamente como un éxito. Aunque los periódicos australianos progubernamentales están llenos de titulares entusiastas sobre un "acuerdo histórico" y ya están trabajando activamente en la inminente campaña electoral de Morrison, quien acusa un significativo descenso en las calificaciones. La crítica también abunda. El ex primer ministro australiano Paul Keating se pronunció con especial dureza, calificando el acuerdo como "una pérdida dramática de la soberanía australiana" pues priva a su país de "cualquier opción que considere apropiada". Según Keating, Australia ahora se verá obligada a involucrarse en cualquier aventura militar estadounidense contra China.

Muchos observadores australianos recuerdan a sus autoridades que Beijing, a pesar de todas las tensiones de los últimos años, sigue siendo el principal socio comercial de Canberra y representa más de un tercio del volumen de negocios externo de Australia. Mientras que Estados Unidos y Gran Bretaña son, respectivamente, sólo el tercer y séptimo socios. No es casualidad que un video de la serie de televisión australiana “Utopía” haya ganado popularidad recientemente en las redes sociales de la propia China, al admitir: "Gastamos $ 30 mil millones anuales para proteger de China nuestro comercio con… China". Es más probable que el acuerdo AUKUS "proteja" a Australia no de China, sino del comercio con China. Beijing ya ha insinuado esto.

Boris Johnson también enfrentó una serie de preguntas incómodas en su parlamento. Además, el ataque más difícil fue realizado por un miembro del partido y su predecesora como primera ministra, Theresa May. Casi sin rodeos preguntó si el acuerdo involucraría a Gran Bretaña en una hipotética guerra contra China en caso de una "invasión" de Taiwán.

Fue notable cómo Johnson escudriñó nerviosamente las filas de sus "backbenchers"[1] (la oposición interna en su propio partido), quienes saltaron en apoyo de la pregunta de May. Es curioso que el primer ministro, respondiendo esta y otras preguntas sobre Taiwán, siguiera diciendo que Gran Bretaña "defendería el derecho internacional" en caso de un ataque de la República Popular China, para lo cual ya había enviado un grupo de ataque de portaaviones a esa región. Johnson claramente olvidó que, de acuerdo con la misma ley internacional, Taiwán es una parte integral de China. Pero sabemos que Occidente olvida su adhesión al "principio de soberanía e integridad de los estados" tan pronto como se trata de la "cuestión de Taiwán".


Así, los estadounidenses, ignorando a sus principales aliados y obligando a Gran Bretaña y Australia a unirse a la aventura, apuñalaron literalmente a todos por la espalda. Al final, podríamos renunciar a esto y observar desde el margen las disputas dentro de Occidente. Pero el golpe principal como resultado de este acuerdo fue infligido a la seguridad global, al sistema de controles y equilibrios que se ha establecido durante décadas. Esto, por supuesto, obliga a China a buscar respuestas duras y simétricas al nuevo desafío.

Durante la firma virtual del pacto, todos los participantes evitaron diligentemente la palabra "China" y enfatizaron que su alianza no estaba dirigida contra nadie en particular. Johnson también repitió constantemente en el parlamento que todo esto no iba en contra de China. Es cierto que su ministro de Defensa, Ben Wallace, declaró inmediatamente exactamente lo contrario, confirmando la verdad obvia para todos: por supuesto, AUKUS está dirigido principalmente contra la República Popular China.

Pocos dudan de la dura reacción de Beijing. Este último ha respondido recientemente a numerosas provocaciones de la armada estadounidense, que viola regularmente las fronteras marítimas de China con el pretexto de "proteger la libertad de navegación". Los buques de guerra chinos entraron desafiantes en las aguas de la Zona Económica Exclusiva de Estados Unidos en la región de Alaska. Hu Xijin, el influyente editor del periódico chino Huangqiu Shibao, dejó en claro que los ejercicios de la armada china frente a las costas de Alaska son solo el comienzo de una era de "gran rivalidad marítima entre China y Estados Unidos".

Si alguien piensa que la construcción de nuevas bases estadounidenses en Australia y el surgimiento del séptimo país del mundo operando submarinos nucleares reducirán las tensiones en el Océano Pacífico, está profundamente equivocado. AUKUS es un cuchillo en la espalda de todos los actores de la política mundial. Parece que los estadounidenses, que una vez más están destruyendo la arquitectura de seguridad global, aún no se han dado cuenta de que se trata precisamente de un cuchillo en la espalda de esa seguridad global. Incluso Afganistán no les enseñó nada en este sentido. 

Quizá la necesidad de mantener el predominio de una presunta hegemonía anglosajona le hace perder a Washington la perspectiva histórica. Un intento demasiado caro para el mundo y especialmente para los integrantes del AUKUS.



REFERENCIAS

[1] legislador que no tiene un cargo en el gobierno y no es un vocero frontbencher (que se sienta en la primera fila) y por lo tanto su lugar está en los asientos traseros.

Diarios Argentinos