Ecos de la Guerra Civil Española

OPINIÓN. Google, ese Maestro que cree que todo lo sabe dice que la distancia entre Neuquén, Argentina, y Teruel, en España, en la Comunidad Autónoma de Aragón es de 11.121 Km. Puede ser cierto. Pero hay otros muchos sistemas para medir esa distancia aparte de los kilómetros. Intentemos otro...


En 1970 era frecuente ver por las calles de Neuquén caminar a un hombre, ya maduro, fuerte, de paso firme, una boina vasca cubriendo su cabeza y acompañado por tres perros medianos, de pura raza “perro callejero”. Trote corto, lealtad inamovible de pobre, acompañando a su dueño o protector, vaya uno a saber, que vestía con modestia cercana a la pobreza. Trabajaba en la construcción y se decía Maestro Mayor de Obras y probablemente lo fuese. Cuando lo hacía, sus perros sabían mantener la distancia de reglamento y lo esperaban en la vereda, atentos al regreso. El dueño guardaba la misma lealtad hacia ellos, les daba todo el cariño que merecían, y no mucho más porque no había. Tenían si, una amplia libertad para buscar alimentos por sí mismos y de vez en cuando recibían una extra en forma de restos de un guiso, quizá algo de polenta con caldo, algún hueso de asado.

Cuando llego a la modesta oficina de la corresponsalía del diario más importante de la zona me avisan: “Te están esperando”. Lo vi de inmediato, podría haberlo adivinado, estaban en la vereda a sus tres perros haciendo guardia, pero no reparé en ese detalle.

Lo recibí en la única oficina vagamente privada que tenía el local. Me dio su nombre, y expuso su oficio, a lo que debía corresponderle haciendo lo propio, aclarando, además que también podía ser otro de sus perros. Tomado con sospecha por el Propietario del diario que temía que intentara pasar algún contrabando ideológico, me había encargado de comentar una vez por semana los sucesos de la política exterior internacional. Mi interlocutor esa mañana, había leído el comentario del día anterior y quería hacerme una crítica. “Pues bien, adelante” dije con alguna sorpresa.

Habiendo comenzado poco tiempo atrás mi trabajo profesional como periodista no se me había formado aún el callo del alma. Todavía me interesaban sinceramente las cosas humanas. No había traficado todo mi corazón.

Directamente me dijo que había un error conceptual en mi comentario. Yo había calificado cierta expresión autoritaria de un país, como una muestra de “fascismo de izquierda”. Mi interlocutor fue implacable: “Es errónea la frase. No hay “fascismo de izquierda”. El fascismo es una ideología política de derecha, que preserva los medios de producción a la clase dominante para explotación de los obreros. Está aliada con los oportunistas de derecha y los traidores de las masas de trabajadores. No hay fascismo de izquierda, tiene que leer a Lenin”. Todo esto dicho con absoluta seguridad, con un lenguaje preciso, sin titubeos, en una fraseología que descubría bien la nacionalidad del exponente, un español peninsular con claros acentos vascos.

Este fue mi primer encuentro con Valeriano Basilio Marquina, en ese momento residente en Neuquén, como ahora, desde el 17 de abril de 1997, lo es del Cielo. Poco a poco fui armando la biografía de este hombre, “vasco contumaz” como se definía a sí mismo, que había llegado a la Argentina en 1969; fue a saludar a unos amigos a Neuquén donde se quedó el resto de la vida,

Con antepasados nobles, algún obispo por ahí, de ideas liberales que más tarde plasmó en una militancia intensa en el Partido Comunista, con excelente formación matemática que ingresó a ingeniería en Madrid. Luego la Guerra Civil, alistándose en el Ejército Republicano, ascendente carrera meteórica en la división de blindados, hasta ser nombrado Jefe del Estado Mayor del XXII Cuerpo de Ejército, bajo las órdenes del Coronel Juan Ibarrola.

Los Republicanos que tomaron Teruel pertenecían a la División que comandaba Marquina, unos 5.000 hombres que rindieron la plaza. El 8 de enero de 1938 Valeriano Marquina entró al centro de Teruel a bordo de un tanque ruso, el BT-5; lo mejor que combatía en ese frente. Para Marquina la distancia entre Teruel y Neuquén es de 32 años.

Uno de sus soldados es conocido, el poeta Miguel Hernández amigo íntimo, que sostiene la moral de los combatientes con sus vibrantes versos en el frente de batalla. Sonetos que envía el esposo-soldado. Curiosa guerra, tenía que ser española, donde los soldados también son alimentados con versos:


Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.

Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,

ansiado por el plomo.

 

“Ud. que conoció a mi esposo mejor que yo…” le dice la viuda de Miguel Hernández a Marquina en una carta personal. En poesía, la distancia entre Neuquén y Teruel es de un soneto.

 Comienzo a ser periodista, lo interrogo con ferocidad: “¿Disculpe Marquina, pero Ud. que fue Comandante de División con miles de hombres bajo su mando y hoy lo acompañan sólo tres perros, ha fracasado? ¿Qué piensa de ello?”

“No lo veo así. Yo como hombre me propuse de joven tener una vida modesta, pero digna y nunca traicionarme. Gracias a Dios, que me perdone el Partido, lo he conseguido. Créame que no todos pueden decirlo. Otros optan por el cupé Ferrari. El fracaso es la distancia que hay entre el objetivo que uno se propuso y lo que efectivamente logró. De manera que no sólo no fracasé, sino que por el contrario me enorgullezco de lo que he obtenido. Con humildad lo digo, soy un hombre feliz y me parece que he tenido un éxito formidable”.

Se despide Marquina se pone de pie y sus secretarios se ponen tensos esperando su aparición en la vereda. Se va lentamente y me da la impresión de que camina en ascenso, junto con los perros, pisando nubes.





Sobre el autor

Hugo Martínez Viademonte es Periodista. Ex corresponsal de Inter Press Service, Estado de San Pablo y colaborador de las agencia internacionales.


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