Dos proyectos se enfrentan (Parte I)

OPINIÓN. Esta columna pretende analizar las elecciones en EE. UU. en dos partes. En esta primera se analiza el contexto más general. En la próxima se examinará con más detalle la disputa interna y los factores de poder intervinientes.

El sistema basado en la acumulación ilimitada de riqueza, la libre circulación del dinero, los muros para el traslado de las personas, donde se consuman sacrificios ante el tótem de la propiedad privada, donde existe democracia para los ricos y sometimiento para los pobresdonde la principal fuente de riqueza es la especulación financiera y la guerra, ha fracasado.

Por más esfuerzos que hagan Mike Pompeo, Donald Trump y también Joe Biden en querer descargar todos los males que vive el país del norte y la humanidad en la tierra de Confucio, lo real es que el sistema hibrido, encabezado hoy por el presidente Xi Jinping, ha superado a un sistema capitalista envejecido. Todos los índices sociales y económicos lo demuestran, los organismos internacionales lo reconocen, más de 700 millones de ex pobres lo atestiguan. Solo basta mirar como cada país enfrento la pandemia.

El objetivo de esta columna no será comparar ambos sistemas, sino intentar dar cuenta porqué un gran país, líder del sistema mundial, ganador exclusivo de la “guerra de las galaxias”, hoy se encuentra en estado crítico. Es decir, cómo llegó a esta situación y cuál es la esperanza de una salida (si es que existe). A una semana de las elecciones resulta necesario poner en claro la falsedad de uno de los ejes principales de campaña de ambos candidatos.

El sistema capitalista, como toda creación social, tiene un proceso evolutivo: nace, crece, se desarrolla, envejece y muere, o se transforma en algo superador. El triunfo de la burguesía en Europa y la revolución industrial, en el proceso histórico desplegado en los siglos XVII y XVIII significó el mayor crecimiento de la ciencia y la tecnología que había conocido la humanidad hasta ese momento. La sociedad global mejoró los índices de calidad y esperanza de vida, a pesar de las guerras por conquistar nuevos mercados, Sin embargo, a mediados del siglo XIX se comienzan a agotar los mercados, y un proceso de sometimiento y conquista emerge como consecuencia de un agotamiento del sistema. En ese marco, África se encontraba colonizada, América Latina y el Caribe dividido y sometido, Asia controlada y repartida. Sobrevienen primero, las grandes guerras de rapiña, y más tarde los años de reconstrucción. Culminada la segunda guerra mundial, EE UU se erige como el conductor del mundo occidental. Pone reglas y la economía mundial florece durante 30 años. A principios de los años 70 del siglo pasado el escenario se complica. Las grandes empresas ven mermadas sus ganancias y crean un sistema basado en la extracción de riqueza a través del libre movimiento de dinero, la especulación financiera, el debilitamiento de los Estados, las privatizaciones de empresas públicas y ajustes fiscales homicidas, llamado neoliberalismo. Surgen las expoliadoras deudas externas. La riqueza se “creaba” por la circulación del dinero no por la producción de bienes. Pero como hay leyes que no se pueden vulnerar y lo único que crea riqueza es el trabajo, las consecuencias inmediatas y directas que provocó el neoliberalismo son la enorme desigualdad social, el aumento de la pobreza y la miseria, el incremento de las tensiones sociales, la acumulación descontrolada, las guerras de “acumulación por desposesión” y las burbujas financieras.

A fines del siglo XX parecía que el poder concentrado tenía todo controlado, “capitalismo por mil años proclamó Fukuyama”. Pero la historia es caprichosa y propositiva. En el lejano oriente se despertaba el “gigante dormido”, entonces el poder concentrado anglosajón comenzó a enfrentar dos problemas: su crisis interna y una propuesta civilizatoria que podía entusiasmar a los pueblos y que amenazaba su existencia.

La llegada de Obama  al gobierno, respaldado por un poderoso sector del capital financiero internacional (grandes bancos, una parte del complejo militar industrial, medios concentrados de manipulación y transnacionales) reactualiza la teoría del “Pívot Asiático”, concentra su poder militar en el Mar Meridional de China, fortalece la OTAN e intenta reducir al núcleo central del proyecto multipolar encabezado por Rusia Y China. Este proyecto es el que hoy sostiene la candidatura de Biden.

Sin embargo,  la inexistencia de un acuerdo en la estrategia a seguir en el poder profundo estadounidense permitió el surgimiento de otro sector adverso a la estrategia geopolítica señalada arriba, y también muy poderoso entre los ganadores del sistema que prioriza un camino de recuperación del liderazgo productivo-industrial de EE UU. Este proyecto es el representado por Trump. Este programa se basa en el proteccionismo, intenta repatriar grandes empresas deslocalizadas en Asia, se separa de los organismos internacionales y agrede violentamente a China comenzando una confrontación de aranceles, luego tecnológica, en búsqueda de una nueva guerra fría para repetir la historia que terminó con la experiencia soviética.

Estos dos proyectos, claramente alejados de los reales intereses del pueblo estadounidenses, se enfrentarán el próximo martes 3 de noviembre. Este punto será analizado con más detalle en la próxima columna)

Estados Unidos es un gran país y tiene muchas cosas que aportar a la humanidad, pero hoy está secuestrado por una banda deshumanizada que destruye estados y lucra con la muerte. Esta estrategia  es transversal a ambos partidos mayoritarios. En ese marco, el pueblo estadounidense tiene una gran responsabilidad y un importante desafío. La comunidad internacional debe colaborar en esa tarea en el apoyo y difusión de las ideas que encabeza Bernie Sanders y todo ese enorme conglomerado de jóvenes y ciudadanos que luchan por una sociedad verdaderamente democrática, que se sume a la construcción de un mundo mejor.

Las luchas desplegadas por los pueblos en todos los rincones del planeta limitan la capacidad destructiva del poder profundo. En este sentido la lección brindada el pasado 18 de octubre por el pueblo de la “pequeña enorme” Bolivia fue una noticia que conmovió positivamente al mundo. Los hermanos de “Juancito Pinto”, en el corazón de América del Sur, demostraron que por más grande que sea el poder de la maquinaria imperial no es invulnerable.

El próximo martes no es demasiado lo que se decide, puede que cambien algunas formas si triunfa Biden, pero las grandes líneas de la política exterior no variaran demasiado. Los intereses que están detrás de cada candidato, si bien con estrategias disimiles, comparten ambiciones imperiales. Hay que prestarle más atención a ese rio subterráneo que ya está en marcha y comienza rugir. Entre la correntada aparece, cada vez con más presencia, el sueño de Martin Luther King.

Estados Unidos debe ser una gran potencia al servicio de un destino común para la humanidad.


Sobre el autor: Rubén Darío Guzzetti: IADEG-IDEAL-CEFMA.

Diarios Argentinos