Dos elecciones, una victima

En estos días en el continente americano se celebrarán dos elecciones donde el resultado puede modificar el escenario regional y la relación de fuerzas geopolíticas globales.


El neoliberalismo no se puede sostener en democracia, sencillamente porque es la dictadura de los mercados.

En los próximos días en el continente americano se celebrarán dos elecciones donde el resultado puede modificar el escenario regional y la relación de fuerzas geopolíticas globales.

El domingo 18 de octubre, después de tres postergaciones, votará el pueblo boliviano.

El gobierno golpista de Janine Añez, finalmente, tuvo que ceder a las presiones populares y convocó a una compulsa tan resistida como temida. El gobierno de facto sabe que el pueblo volverá a votar mayoritariamente a la fórmula del MAS como lo hizo en octubre de 2019. Sin embargo, la confluencia estratégica de un conjunto de actores  (la OEA, la oligarquía racista boliviana, la Policía sublevada, la complicidad de las Fuerzas Armadas y la “Embajada”) le robaron el legítimo triunfo a Evo Morales, que se había impuesto por más de 10 puntos como marca el texto constitucional. Meses más tarde la propia OEA y otros organismos internacionales que oficiaron de veedores de la elección reconocieron que no había habido fraude, pero el robo estaba consumado.

La partida es difícil, es muy improbable que las fuerzas que dieron el golpe sangriento acepten un regreso de la política de transformación y distribución encabezada por Evo que durante 13 años habían logrado los mejores índices de crecimiento en la economía y de calidad de vida de la región. Los EEUU se encuentran en un trance histórico donde no puede permitir la más mínima expresión que contradiga su voracidad en nuestro continente. Las posibilidades de fraude o autogolpe son una realidad. La “Embajada” se esfuerza para hacer bajar candidatos de la derecha, y así poder concentrar fuerzas detrás de la candidatura anodina de Carlos Mesa y evitar que el MAS gane en primera vuelta. Lo lograron con las renuncias de Añez y “Tuto” Quiroga, aunque al parecer con Fernando Camacho le resulta más complejo. El problema político-electoral es que en primera vuelta se vota el Parlamento y nadie quiere quedar afuera.

Mientras tanto el gobierno de facto obstaculiza el voto en el exterior que ante una elección reñida terminará siendo decisiva. Por ejemplo en Argentina están habilitados para votar 140 mil bolivianos, un 2 % del padrón nacional y a cuatro días de los comicios nadie sabe dónde votará. Difícil pero no imposible, el pueblo boliviano ha dado reiteradas muestras de alta capacidad de lucha y de coordinación. El futuro dependerá del grado de conciencia, unidad y organización que haya alcanzado como para torcerle el brazo a la gama de trampas que hará el gobierno golpista y sus bandas fascistas con el apoyo de Washington. Según las últimas encuestas la formula Luis Arce Catacora-David Choquehuanca va al frente con 42,9 % de intención de voto contra  el 34,2 de Carlos Mesa, con un 10 % de indecisos que definirán la elección.

La otra elección determinante es la de EEUU. Allí dos candidatos que representan proyectos distintos compiten para alcanzar los preciados 270 electores, sobre un total de 538, que les garantice la presidencia. Con sus estilos buscan seducir, sobre todo, al electorado de los 15 estados pendulares, los cuales romperán el equilibrio. Entre ellos los cuatro Estados del “Cinturón del Óxido” (Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin), donde residen los obreros blancos desocupados y empobrecidos.

Las opciones son claras. Por un lado, Donald Trump respaldado por sectores financieros, petroleros, los grandes laboratorios, el “lobby” del poder de las armas y un sector del Partido Republicano, en base al proteccionismo busca recuperar una “nación”. Por el otro, Joe Biden representando lo más granado del poder financiero global, parte del complejo militar industrial y casi todo el Partido Demócrata, busca consolidar un dominio imperial sostenido en centros financieros y la OTAN.

Todo tipo de manipulación y maniobras están presentes en la campaña. El actual presidente llegó a decir que de acuerdo a los resultados que arrojen las urnas respetará (o no) el resultado. El jefe del ejército, haciendo recordar la historia de nuestros países de América Latina y el Caribe, salió a manifestar, en forma inédita, que las fuerzas armadas “respetarán” lo que expresen las urnas.

Las revistas científicas, como nunca antes, llaman a no votar a Trump. El presidente mueve fichas y mediante un decreto presidencial, decidió que los ex presidiarios del estado de Florida (cuenta con 29 electores) que estaban habilitados a votar ahora para hacerlo, primero deberán pagar sus deudas con el estado. Conclusión: la gran mayoría de los 1,3 millones de ex convictos, sobre 14 millones del padrón total en ese Estado, no podrá votar. Predomina en esa franja un voto negro y latino mayoritariamente demócrata. Es decir, una serie de irregularidades, ilegalidades e inmoralidades en un sistema de por sí antidemocrático, donde desde hace 50 años el partido que más dinero invierte en la campaña se queda con la presidencia. Es decir, una dictadura de los ricos.

El sistema electoral estadounidense agrava ese componente antidemocrático señalado, ya que es el voto es indirecto (la población vota electores e indirectamente al presidente), se elige un día martes (no feriado) y el voto es optativo (en general no suele votar más de la mitad del padrón). Asimismo, En 48 de los 50 estados el candidato ganador (aunque sea por un voto) se lleva la totalidad de los electores en juego del distrito y no está asegurado que quien más votos obtenga gane la elección. Por ejemplo, en el año 2000, el candidato demócrata  Al Gore obtuvo más votos que George W Bush, pero no fue presidente, y lo mismo volvió a ocurrir en 2016 cuando Hillary Clinton sumo 3 millones de votos más que Trump, pero perdió en el Colegio Electoral.

Las elecciones, por otro lado, ya comenzaron hace varios días, sin que haya finalizado la campaña. Una gran parte de la población, sobre todo demócrata, votará electrónicamente a través del correo. Esos votos serán contabilizados varios días después del 3 de noviembre, brindando la posibilidad al actual presidente para que en la noche de ese día se autoproclame ganador con un escrutinio absolutamente parcial. Mientras tanto, continúan las acusaciones cruzadas de denuncias de fraude y la elección tiene posibilidades de resolverse en la Corte Suprema en donde Trump ya tiene blindada una mayoría de 6 miembros de 9 a su favor. Si bien el presidente está 10 puntos abajo según las encuestas, todo puede pasar, y la realidad seguramente superara la creatividad hollywoodense.

En conclusión, se enfrentan dos mastodontes con un enorme poder, en un sistema en decadencia, carente de legitimidad y autoridad moral donde el resultado de la contienda se hará sentir en todo el planeta.

Entre tanta incertidumbre en medio de un sistema capitalista responsable de la pobreza, la riqueza y las pandemias, sin soluciones para los pueblos y una Covid 19 que no da tregua algo quedó claro: el principal enemigo de la democracia y de las mayorías populares son las políticas neoliberales, que nos han traído hasta aquí, llevadas al extremo por partidos de derecha, medios de desinformación, periodistas sicarios, una parte del poder judicial y un poder económico concentrado omnipresente.

El gran interrogante es cómo los pueblos lograrán salir de esta encerrona y rescatar a la humanidad de este final de ciclo capitalista con riesgo de extinción, ya sea por guerra nuclear o catástrofe climática. Una voz resuena en el ambiente: “Hacer algo antes de que sea tarde”. Es un desafío, hay que asumirlo.

La unidad, la solidaridad y la lucha de los sectores populares es el único camino para cambiar la realidad, recuperar la democracia popular y recrear la capacidad regulatoria de un nuevo estado.

Sobre el autor

Rubén Darío Guzzetti. IADEG-IDEAL-CEFMA. 

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