Diego Maradona: la complejidad de nuestro símbolo eterno

En un nuevo editorial, El País Digital hace un recorrido por el costado político del mito popular y repasa una serie de miradas que retratan su figura: de Menem a Fidel, de Galeano a Valdano.

La desaparición física de Diego Armando Maradona sacudió al mundo entero. Ante semejante suceso, la palabra muerte no describe con precisión lo que le pasó al astro, porque su figura universal desafió las leyes de lo humanamente posible al transformarse en un símbolo que transcurrió gran parte de su vida siendo un mito popular que quedará para la posteridad en la memoria colectiva.

Su obra trascendió los límites del deporte, no conoció fronteras: el Diez fue retratado por escritores, músicos, pensadores, escultores y pintores, y se reencarna continuamente en cada chico que patea una pelota con la ilusión ser como él.

Pero eso no fue todo, para terminar de asentarse en el altar irrevocable de las grandes masas, con sus posiciones políticas, tan irascibles como llenas de fidelidad, se empeñó en ser un acérrimo defensor de los más débiles y en llevar la bandera de la Patria Grande.

El País Digital reconstruye distintos momentos y vínculos de Maradona como actor político y recoge una serie de narraciones que lo describen en su complejidad, para intentar comprender cómo logró conquistar el idilio popular que deja de lado sus opacidades para brindarle un genuino tributo.

El corazón político de Diego

Si bien compartió con Raúl Alfonsín el festejo en la Casa Rosada por la obtención de la Copa del Mundo de 1986, no entabló una estrecha relación con el líder radical. Otro tipo de acercamiento tuvo años después con Carlos Saúl Menem, Diego bancó públicamente al caudillo riojano y hasta llegó a decir que integraría una fórmula presidencial si este se lo pedía.



Por ese apreció, Maradona lo defendió públicamente cuando el exjefe de Estado estuvo preso por la venta de armas a Ecuador y Croacia: “Me parece jodido, hasta una falta de respeto que esté preso Menem y alguien como Cavallo siga caminando por la calle cuando tendría que estar en la cárcel de Caseros. De esta manera seguimos siendo un desastre. Menem preso y Cavallo puesto por los americanos. Intentemos ser más serios”.

Para Eduardo Duhalde siempre tuvo palabras esquivas, y en la elección que el “Cabezón” compitió con Fernando De La Rúa, se mostró más próximo al dirigente radical: "Entre Eduardo Duhalde y De la Rúa, sabe todo el mundo con quién me quedo. Así que no hay historias. Entre esa ´yunta´, el Chupete es mi preferido", dijo tiempo antes de los comicios.

Con Néstor y Cristina Kirchner forjó una sintonía fina desde el inicio de sus mandatos: defendió a capa y espada las políticas implementadas en los años kirchneristas y eso lo llevó también a reeditar su enfrentamiento con Mauricio Macri, con quien había tenido varios encontronazos desde la época de Boca Juniors.

"Argentina perdió un gladiador, un hombre que se la jugó siempre por sus ideales y nos sacó del pozo", dijo el Diez conmocionado por la muerte de Néstor el 27 de octubre del 2010. Y su cariño no quedó ahí, fue al velatorio y se lo vio junto a Cristina.



Esos mismos gestos tuvo con la actual vicepresidenta los años siguientes. En varias oportunidades se declaró “partidario del Cristinismo: "Yo sé que a muchos no les gusta que hable de política, pero quiero decirles que hoy me siento más cristinista y justicialista que nunca. Todo mi apoyo a Cristina y aguante La Cámpora”, enfatizó.

Exactamente lo contrario sucedió con Macri, lo cuestionó con dureza durante todo su gobierno y hace poco mantuvo su último enfrentamiento cuando este lo comparó con Cristina Kirchner de manera peyorativa. Las declaraciones del expresidente desataron el enojo de Diego, que volvió a apuntar sus cañones sin piedad: "Tus decisiones le cagaron la vida a las próximas dos generaciones de argentinos. Hacete cargo, querido. Ya lo dijo tu padre...".

Nunca escatimó en elogios hacia Alberto Fernández, hasta se dio el lujo de visitarlo y saludar desde el balcón de la Casa Rosada, como había sucedido en otras oportunidades. El actual presidente se quebró al lamentar su perdida y sostuvo que "nunca nadie nos hizo tan felices". "Yo le pido al pueblo argentino que apoye a este gobierno. Que lo haga desde sus casas, desde las redes", expresó por su parte en una de sus últimas declaraciones el exfutbolista. 

Párrafo aparte fue su vínculo con los líderes sudamericanos, su reivindicación del Che Guevara y su amor por Fidel Castro. Admirador de Lula, Evo Morales de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, cultivó al mismo tiempo un antiperialismo que no claudicó nunca.



En una de las tantas imágenes que refleja su incondicionalidad con los líderes regionales, fue cuando compartió en el 2005 el Tren del Alba, que reunió a otros líderes como Evo Morales. En aquella ocasión, Chávez lo invitó a Diego a hablar: "Los quiero mucho. Argentina es digna. Echemos a Bush", fueron las palabras del Diez.

Con el líder de la revolución cubana se encontró varias veces. Maradona lo visitó a fines de la década del 80 y luego le agradeció que le haya abierto las puertas cuando fue a recuperarse de sus adicciones más de 20 años después, motivo por el cual llegó a decir que era como su “segundo padre”. Hasta lo entrevistó en su programa La Noche del Diez y como eterna gratitud se lo tatuó junto al Che.



Pero su cercanía a la escena política no siempre merodeó las cúpulas presidenciales latinoamericanas, También respaldó con énfasis la lucha de las madres y abuelas de Plaza de Mayo. Con su impronta viceral, denunció en plena década del 90 lo que padecían los jubilados y no dudó en encabezar lo que consideraba que eran causas justas.

Una pequeña aproximación a los retratos de Diego

Su imagen y acciones afuera de las canchas de fútbol casi siempre fueron sometidas a una exigencia sobre humana de perfección, como si sus cualidades artísticas tuvieran que ir de la mano con una vida pulcra, alejada de todos los errores que cometen el resto de los mortales. Pero hubo quienes lo supieron contar con una precisión poética, que no lo absolvió de sus culpas, pero que tampoco olvidó su humanidad y le reconoció haber sido justo con la gran mayoría. 

Unas de las definiciones más crudas y precisas del Diez la dio Eduardo Galeano. Con su talento inexpugnable, el escritor uruguayo reconstruyó parte por parte su condición de Dios profundamente terrenal: “Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que él conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón”.



El periodista Ernesto Cherquis Bialo habló de los muchos Maradona que habitaron en Maradona, dejando en claro que no se puede definir de una sola manera a una personalidad tan fulgurante: "Hay por lo menos 8 o 9 maradonas, hay una Maradona que jugó al fútbol, hay una Maradona que alcanzó la celebridad, hay una Maradona hijo que murió que cuando murieron sus padres, hay una Maradona padre.. es la suma de todo eso en un solo hombre, barro y siete estrellas".

Con la profundidad que lo caracteriza, que también escapa a la cotidianeidad de lo futbolero, Marcelo Bielsa explicó lo que significa la muerte del "ídolo": "Fue para nosotros y va a seguir siendo un ídolo. Que ya no esté nos da muchísima pena. La pérdida de un ídolo es una sensación de debilidad para todos nosotros", declaró, e inmediatamente agregó: "El ídolo, el mito, la leyenda, hace que un pueblo crea que lo que hace esa persona somos capaces de hacerlo todos, por eso la pérdida de un ídolo golpea tanto a los más excluidos e indefensos porque son los que más necesitan creer que es posible triunfar".

Alejandro Dolina fue otro de los que ponderó la figura del Diez: “Yo siempre he dicho que a mí no me gustaba más el futbolista que el resto de su persona. A mí me gustaba igual o quizás me gustaba más el Maradona que pudiendo haber sido haber formado parte de los poderosos del mundo, pudiendo haber compartido sus negocios, siempre los enfrentó. No le gustaron nunca los mercaderes ensoberbecidos. Él siempre estuvo del lado que tenía que estar”.

Una de las frases más populares que circuló en estos últimos días fue la del Negro Fontanarrosa, que con menos de veinte palabras graficó lo que generó Maradona y clausuró su condena permanente: “Qué me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”.

Con su pluma literaria, la periodista y escritora Mariana Enriquez lo homenajeó con una nota en Página 12, señalando la inédita vida con la que tuvo que cargar: "Diego sabía, en vida, que viviría después de la muerte y eso es demente y es inimaginable e incompatible con lo que entendemos como cotidiano; por eso no puede haber reproches".  

Transmutando una vez más la habilidad que tuvo en el campo de juego a su escritura, Jorge Valdano, también plasmó su mirada sobre su excompañero y amigo: "Hay algo perverso en una vida que te cumple todos los sueños y Diego sufrió como nadie la generosidad de su destino. Fue el fatal recorrido desde su condición de humano al de mito, el que lo dividió en dos: por un lado, Diego; por el otro, Maradona".

Para terminar este recorrido de definiciones, selectas, porque su totalidad es inabarcable, citamos un fragmento de la nota que el periodista Juan Francisco Gentile plasmo para este medio: "Maradona fue un Dios de carne y hueso, humano e imperfecto. Como las personas reales, que pudimos ver reflejado en él todo aquello de lo que somos capaces como pueblo".


Pese a que Diego Maradona comenzó a inmortalizarse con sus dos goles a los ingleses en el Mundial de México, a lo largo de los años, su exuberancia, imperfección y lealtad hacia nuestro país lo construyeron en mito: un salvoconducto insoslayable hacia nuestra identidad más argentina. Creador con su compendio de frases de un idioma propio dentro del idioma castellano, tuvo también una inercia antiestablishment y una convicción de ser un escudo de los excluidos, el fervor popular que produjo su partida es una prueba fidedigna de ello.

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