Diciembre con sello macrista

Por: Sergio De Piero

Ya en agosto algunos funcionarios comenzaron a mencionar que sectores opositores preparaban un diciembre con acciones de movilización, saqueros, etc. Probablemente los mismos funcionarios sabían que con los niveles de inflación que se atraviesan, el creciente desempleo y la caída de la actividad económica, el gobierno estaba contribuyendo en la generación de un clima, como mínimo, complicado de cara al fin de año. Pero los anunciados saqueos no sucedieron; fue quizás, uno de los diciembre más calmos de los últimos años. Claro, depende de qué entendamos por calma.

Rebobinemos un poco la película: el tránsito entre el mes de noviembre y el de diciembre estuvo enmarcado por la Cumbre del G 20 realizada en Buenos Aires. El presidente Mauricio Macri vivió probablemente su momento más exultante, de mayor exposición internacional que lo conmovió cuando escuchó los aplausos mientras estaba encerrado en el Teatro Colón, junto a los principales líderes mundiales. Sin embargo, las consecuencias políticas y económicas para la Argentina de esa cumbre son un misterio; fuera de las felicitaciones por la organización, por los micro videos que filmaron algunos presidentes alabando la organización, no se sabe de una agenda que el macrismo, como conductor del Estado anfitrión, haya logrado sumar a la cumbre. 

Por el contrario, no fueron pocos quienes acusaron algún temor al conocer los acuerdos comerciales entre los EE.UU. y China, firmados aquí mismo, que incluían la venta de los primeros a los segundos, de productos agrícolas. Si tuviéramos que elegir un indicador para medir el impacto que esa Cumbre tuvo para la Argentina, sería sin duda la confianza de los inversores; la suba de riego país en las últimas semanas, no parece indicar que esa confianza se haya acrecentado, sino lo contrario.

Pero aún más a la baja es la confianza interna. El gobierno exhibe con orgullo la estabilidad que logró la divisa estadounidense...luego de una suba del 100%. Ya en sí mismo se parece bastante a la “alegría” de un pueblo por haber sufrido solo un terremoto. Pero al mismo tiempo, es el único indicador económico que puede saludarse: en estos días hemos conocido que octubre fue el séptimo mes consecutivo de caída en la actividad económica; que la ventas de juguetes se derrumbaron un 20% respecto de la Navidad del año pasado; que supermercados y shoppings siguen retrocediendo en las ventas y cerrarán un mal año; que el desempleo al filo de los dos dígitos. 

Transcurridos tres años de gobierno uno no puede imaginar que exista otro proyecto económico en el macrismo, algo que está por suceder; no, esto es lo que vino a realizar, aunque en su perspectiva no esperaba llevarlo adelante de este modo (me refiero a ciertas desprolijidades), pero las políticas implementadas han sido sostenidas: favorecer al sector financiero, desfinanciar sectores claves del entramado científico - técnico del Estado, endeudarse en el mercado internacional, llevar los salarios a la baja. La muestra de que este es el rumbo de la economía macrista es que ante un diciembre sin los avatares alertados, el gobierno avanzó con dos medidas: nuevos tarifazos y ampliación de la base a tributar. 

Entre la Navidad y el fin de año el ministro Dietrich y el ex secretario Iguacel, anunciaron un nuevo incremento en tarifas de servicios públicos a aplicarse en los primeros meses de marzo, tiempo después de haber afirmado que en 2019 el precio de los servicios iría en disminución. ¿No es fuertemente simbólico que el único anuncio efectivo para el próximo año consista en un aumento del costo de los servicios públicos para los ciudadanos y ciudadanas? Pero no es todo. El ministerio de Hacienda también anunció incrementos en la aplicación del impuesto a las ganancias, ampliando la base de las operaciones que tributarán a ese impuesto. 

Desde luego no quedan ni las cenizas de la promesa de campaña, enunciada por el propio Mauricio Macri, respecto a que los asalariados no pagarían más el impuesto a las ganancias; pero no se sospechaba que el gobierno retomaría la senda del Consenso de Washington también en este aspecto. Aquel documento propugnaba expandir la base de personas que pagarán impuestos. El menemismo lo hizo generalizando el IVA a casi todos los bienes y servicios; ahora es el turno de Ganancias, en el mismo período que se anularon o redujeron notoriamente las retenciones a las exportaciones y se anuncia además la baja de algunos impuestos a bienes suntuarios. No hay atenuantes en las medidas de Cambiemos. Utilizó un diciembre con cierta calma social, para disparar directamente al ya castigado bolsillo de los asalariados. Cuesta creer que el clima electoral de 2019, se ajeno a estas políticas.

Pero diciembre también deparó otras situaciones no menos relevantes. Me refiero a las que produjo el Poder Judicial en distintas instancias. Por una parte la Corte Suprema, en fallo dividido, rechazó el esquema de cálculo inicial de las jubilaciones, una resolución inesperada y dura para la Casa Rosada. En otro tribunal, se decidió la liberación de Amado Boudou, no dejó de ser inesperado. En Jujuy Milagro Sala fue declarada inocente en uno de los tantos juicios que debe enfrentar por un gobierno decidida a la persecución incesante. ¿Estos tres hechos tienen alguna vinculación? No bajo una lectura simple y conspirativa, si nos dice que sectores del Poder Judicial se mueven con relativa autonomía de los deseos del oficialismo. Quizás sea solo azar, pero no deja de ser extraño que se dieran todos en un solo mes y en el último del año cuando, como decía, un mes en el que las predicciones de caos, no se cumplieron. Tal vez sea solo una demostración de fuerza de sectores judiciales, o tal vez no.

De cara al electoral año de 2019, este es el macrismo que pedirá la reelección, esto es lo que tiene para ofrecer. Veremos si ese de 2015, sigue allí sosteniéndolo para profundizar el modelo que en estos tres años, supimos conocer.

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