Despicable Deadpool: La versión más oscura del Mercenario rinde homenaje a Alan Moore


El Mercenario Bocazas, creado por Rob Liefeld en 1991 y que apareció por vez primera en New Mutants #98 es reconocido por sus travesuras, sus chistes (muchas veces fuera de lugar) y sus referencias a la cultura pop. Con los años, se ha convertido en un sinónimo de acción alocada y divertida, que involucra frecuentes derramamientos de sangre.

Sin embargo, después del lanzamiento de Marvel Legacy, el antihéroe ha pasado a su nueva etapa, donde le han rebautizado como Despicable Deadpool. En este título lo vemos embarcarse en una trama compleja, llena de altibajos para la que, quizás, algunos lectores no estamos preparados; ciertamente, el buen Wade no lo estaba.

Recordemos que con anterioridad le vimos asesinar al agente Phil Coulson siguiendo órdenes del Capitán América (un clon nazi que HYDRA había dejado para suplantarle). En esta nueva “misión”, Deadpool trabaja a regañadientes para el clon malvado de Cable: Stryfe (si, a Marvel se le ha vuelto costumbre solucionar los entuertos de sus tramas con clones); quien salvó la vida de Ellie, la hija de Wilson, y de varias personas importantes para Wade. Stryfe aclaró enseguida que sus acciones no estaban movidas por bondad, obligando a Deadpool a tomar otras cuatro vidas en pago, vidas que el villano elegiría.

Con Ellie como rehén, Wade está forzado a asesinar a Cable (una versión del futuro lejano); en segundo lugar, Irene Merryweather, antigua periodista y colaboradora de Nathan cuando creó la ciudad flotante Providence; y en tercer lugar, al joven mutante Evan Sabahnur “Génesis”, por quien el mercenario siente un especial aprecio.

En el #295 de esta serie, Deadpool se las ingenia para hacer creer a Stryfe que Evan ha sido eliminado como pedía y es entonces cuando le revelan su objetivo final: una civil llamada Marietta Nelson, que no guarda relación alguna con el caos imperante en el mundo del Mercenario Bocazas.

La escena es tan inquietante como emotiva, parece jugar como homenaje directo a la clásica novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd: V for Vendetta.

Vemos a Wilson sentado junto a la cama de Marietta en medio de la oscuridad de la noche, cuando ella despierta, este comienza a disculparse e intenta explicarle toda la situación. De alguna manera, viendo que es imposible escapar, Marietta acepta y entre lágrimas confiesa que le parece noble morir para salvar la vida de una niña. A su pregunta: “¿Dolerá?”. Deadpool solo responde: “No. Ya lo hice”; dándole al lector la pista final para comprender que había envenenado a su objetivo antes que despertara.

Su autor, Gerry Duggan, sutiliza esta secuencia como un claro homenaje a una muy similar que tiene lugar en el comic de Moore (V for Vendetta #3) donde el terrorista visita a su creadora para acabar con su vida. “No, no hay dolor”, son las últimas palabras que le dedica V cuando ella pregunta por el frasco de veneno.

A pesar de lo poco acostumbrados que estamos los lectores a esta versión inusualmente oscura y silenciosa de Deadpool, logramos empatizar más con el personaje que en sus anteriores (y posteriores) entregas. La calidad del comic crece con cada viñeta, en especial esta última, donde el artista Matteo Lolli nos hace partícipes de todo el tormento dentro de Wade, el odio, el disgusto y la desesperación que siente por sus actos.

Despicable Deadpool parece enfocado en arrancar lágrimas a los fans del antihéroe del traje rojo, quebrándonos tanto como lo está su protagonista en cada entrega.

Diarios Argentinos